La ciudad despierta cada mañana envuelta en un concierto caótico de bocinas, motores acelerados y frenadas bruscas. No es solo el ruido: es la sensación constante de desorden. Cruzar una avenida dejó de ser un acto cotidiano para convertirse en una prueba de cálculo, intuición y, muchas veces, suerte.
La percepción del tránsito en Uruguay, particularmente en Montevideo y Maldonado, se define por un fuerte sentimiento de desorden, caos y peligrosidad. Para muchos ciudadanos, el tránsito ya no es solo una dificultad diaria, sino uno de los principales problemas sociales. La crítica es generalizada: falta de control, incumplimiento sistemático de normas, uso del celular al conducir e imprudencia constante. Y aunque las autoridades reiteran anuncios de mejora, la preocupación persiste ante los altos niveles de siniestralidad, especialmente entre motociclistas.
Este malestar social se vincula, en gran medida, al incumplimiento de normas básicas. La ausencia de señalización adecuada y, sobre todo, la falta de uso de luces de giro o señaleros, se han convertido en un símbolo del desinterés por las reglas mínimas de convivencia vial. El uso indebido del celular al volante aparece como uno de los factores culturales que más deterioran la seguridad en calles y rutas.
Las conductas peatonales tampoco quedan fuera del cuestionamiento. En Montevideo, aproximadamente el 43% de los peatones admite o es observado realizando maniobras riesgosas, como cruzar con el semáforo en rojo o utilizar el celular mientras camina. El desorden no distingue entre conductores y peatones: atraviesa a toda la sociedad.
Según datos preliminares de la Unidad Nacional de Seguridad Vial (UNASEV), el año 2025 cerró con un aumento en las víctimas fatales por siniestros de tránsito. Se registraron aproximadamente 470 muertes, superando los 434 fallecimientos reportados en 2024. La tendencia muestra un crecimiento sostenido, con 30 fallecidos más en 2025 respecto al año anterior.
Educación vial
Históricamente, solo una parte mínima de la población tiene una noción real de la magnitud de la mortalidad en el tránsito. La seguridad infantil continúa siendo un punto crítico: pese a la normativa que obliga el uso de sistemas de retención infantil, se estima que siete de cada diez niños no viajan en sillas de seguridad, evidenciando una brecha alarmante entre la ley y su cumplimiento efectivo.
La educación vial en Uruguay está regulada por la Unidad Nacional de Seguridad Vial, creada en 2007 con el objetivo de reducir la alta siniestralidad mediante normativas, campañas y promoción de conductas seguras. Sin embargo, desde su creación, la evolución de los indicadores muestra dificultades para revertir la tendencia de fondo.
Desde 2020, la siniestralidad y la cantidad de fallecidos mantienen una línea preocupante. Especialistas coinciden en que el problema no se resuelve únicamente con campañas informativas: señalan fallas en la formación de conductores, exámenes poco exigentes y una fiscalización que, aunque existe, resulta insuficiente para modificar conductas arraigadas.
Control de motos
El capítulo de las motos merece un apartado propio. En Uruguay, el uso indebido de motocicletas es señalado reiteradamente como un factor de alteración de la convivencia: picadas ilegales, ruidos molestos, circulación sin casco o documentación y, en algunos casos, su utilización en delitos.

Ante este escenario, las autoridades intensificaron controles a nivel nacional a comienzos de 2026 a atraves del Operativo Ñandubay. Los operativos se enfocan en verificar documentación, uso de casco y chaleco reflectivo, así como las condiciones técnicas del vehículo. No obstante, surge una interrogante clave, la sostenibilidad de estos controles. Diversos actores advierten que las medidas deben mantenerse en el tiempo si se pretende reducir los indicadores de siniestralidad, que en 2025 mostraron un aumento significativo.


Los accidentes tenen dos causas: una, la cantidad exagerada de vehículos en la calle ; la otra la cantidad de burros manejando que no tienen idea de lo que debe respetarse para conservar el orden.