La Fuerza Aérea Uruguaya (FAU) ha marcado el fin de una era en su historia militar al iniciar el proceso de retiro definitivo de sus aviones de ataque ligero Cessna A-37B Dragonfly. La emotiva ceremonia oficial de despedida tuvo lugar en la Brigada Aérea II en Durazno, coincidiendo de forma simbólica con el 75° aniversario del Escuadrón Aéreo N° 2 (Caza), la unidad que ha albergado y operado estas aeronaves desde su llegada al país desde la década de 1970.
El acto contó con la presencia del Comandante en Jefe de la FAU, el General del Aire Fernando Colina, además de diversas autoridades militares y delegaciones encargadas de rendir tributo a un vector que se transformó en el auténtico ícono de la aviación táctica uruguaya.
Medio siglo de historia y custodia aérea
La historia de este bimotor de reacción en Uruguay comenzó formalmente a finales de 1976, cuando las primeras ocho unidades nuevas de fábrica aterrizaron en suelo uruguayo provenientes de Estados Unidos. Diseñado originalmente por Cessna como un avión de ataque al suelo y contra-insurgencia para la Guerra de Vietnam, el «Dragonfly» (Libélula) demostró ser una plataforma excepcionalmente noble para los requerimientos de la FAU.
Destacó por su robustez, su cabina con asientos lado a lado, ideal para la instrucción avanzada de pilotos, y su notable capacidad para operar desde pistas cortas o semipreparadas.
A lo largo de casi 49 años de desempeño operativo, la FAU llegó a incorporar hasta 22 células del A-37B a través de diferentes tandas (incluyendo un lote de refuerzo a finales de los 80 y tres unidades cedidas por Ecuador en 2014). En total, el Dragonfly acumuló más de 32.500 horas de vuelo en los cielos nacionales y sirvió para calificar a más de 70 pilotos de combate uruguayos.
Mantener operativos estos reactores en el siglo XXI representó una auténtica proeza logística para el Comando Aéreo Logístico y los mecánicos del Escuadrón 2. Debido a la antigüedad del modelo y la escasez global de repuestos, la flota llegó a finales de 2023 en una situación crítica, con apenas una unidad en condiciones de vuelo. Sin embargo, el esfuerzo del personal técnico permitió recuperar dos células adicionales para que el avión pudiera despedirse en el aire, como dicta la tradición militar.

El inicio de la era «Super Tucano»
A pesar de fijarse la fecha formal de su desactivación, los últimos Dragonfly operativos aún realizarán algunos vuelos de despedida finales a lo largo del territorio nacional, sobrevolando ciudades como Montevideo y Punta del Este. En estas apariciones finales han estado acompañados por los nuevos Embraer A-29 Super Tucano, las plataformas turbohélice adquiridas por Uruguay para asumir el control del espacio aéreo.
Con la baja de los Dragonfly, la FAU reorganiza sus prioridades adaptándose a los requerimientos modernos de defensa, priorizando misiones de vigilancia, combate al crimen transnacional y patrullaje fronterizo con tecnologías de aviónica moderna y menores costos de operación. El Cessna A-37B se retira formalmente a los hangares de la historia, dejando una huella imborrable en varias generaciones de aviadores militares orientales.


Y sí, es como volar en un Citroën Mehari con alas. Con los de Brasil ahora por lo menos sirven para fumigar los campos.