Fueron tres horas de negociaciones intensas, cargadas de reproches, silencios largos y llamados cruzados, pero alcanzaron para evitar lo peor. El kirchnerismo y los representantes de Axel Kicillof lograron un acuerdo de mínima y resolvieron que el 15 de marzo será la fecha para las elecciones de autoridades del Partido Justicialista bonaerense. No hubo festejos. Hubo alivio. Y una promesa repetida por todos los sectores: trabajar por la unidad, aun cuando nadie se anima a garantizarla.
El Consejo del PJ se reunió este viernes en Los Polvorines, partido de Malvinas Argentinas, con un objetivo claro y urgente: ordenar una hoja de ruta que permita renovar autoridades cuyos mandatos están vencidos y evitar así una eventual intervención del partido, una palabra que sobrevoló toda la jornada como una amenaza latente. El acuerdo no cerró las heridas, pero congeló el conflicto.
Desde temprano, el clima era tenso. El edificio elegido para la reunión se fue poblando de dirigentes, operadores y asesores que evitaban las cámaras y se refugiaban en conversaciones en voz baja. Nadie quería cargar con el costo político de una ruptura abierta, pero tampoco resignar poder. Esa fue la ecuación que atravesó toda la discusión.
El axelismo llegó con una postura clara: no aceptar la propuesta que el día anterior habían acercado los negociadores de Máximo Kirchner. Esa iniciativa planteaba que La Cámpora retuviera la misma cantidad de cargos que hoy controla en la estructura partidaria: el Consejo, la Junta Electoral y, sobre todo, la presidencia del PJ bonaerense. Para el espacio que responde al gobernador, esa propuesta no reflejaba la realidad política actual ni el peso territorial que hoy tiene Kicillof.
La discusión por la presidencia fue el núcleo duro del conflicto. Máximo Kirchner quiere que La Cámpora vuelva a ocupar ese lugar central, convencido de que el control formal del partido es clave para ordenar el proceso político y electoral que viene. Del otro lado, el axelismo entiende que el gobernador, con gestión, votos y proyección nacional, no puede quedar relegado a un rol secundario dentro del principal distrito del país.
“No se puede conducir la provincia y no tener incidencia real en el partido”, resumió un dirigente cercano a Kicillof mientras avanzaban las negociaciones. La frase se repitió en distintos tonos a lo largo de la tarde.
El acuerdo que finalmente se alcanzó fue pragmático. Se fijó la fecha del 15 de marzo para las elecciones internas y se estableció un esquema transitorio para avanzar con el cronograma electoral. No hubo definición sobre nombres ni sobre la futura conducción. Todo quedó abierto a nuevas rondas de negociación.
Uno de los momentos más tensos se produjo durante la discusión por los apoderados del partido. El axelismo propuso a dos funcionarios de peso: Agustina Vila y Mariano Ríos Ordóñez. Sin embargo, cuando el acuerdo parecía encaminarse, surgió un dato que descolocó a la mesa: ninguno de los dos estaba afiliado al PJ bonaerense. La revelación generó incomodidad y dejó al descubierto las debilidades organizativas de un espacio que gobierna la provincia pero no controla plenamente el aparato partidario.
La situación se volvió aún más delicada cuando se constató que Ríos Ordóñez es un referente cercano a Verónica Magario, vicegobernadora y figura clave del armado político provincial. El episodio fue leído por el kirchnerismo duro como una muestra de improvisación y por el axelismo como una trampa administrativa utilizada para bloquear acuerdos.
Más allá de los nombres, el trasfondo de la discusión es político y estratégico. El PJ bonaerense es mucho más que una estructura partidaria: es la principal herramienta de ordenamiento del peronismo en el distrito que concentra casi el 40% del padrón electoral. Controlarlo implica tener ventaja en la definición de listas, alianzas y candidaturas futuras.
Por eso, aunque todos repitieron la palabra “unidad”, nadie ignora que el conflicto sigue abierto. La tregua alcanzada este viernes es frágil y depende de que las próximas semanas no profundicen las diferencias entre el kirchnerismo duro y el sector que responde al gobernador.
En el entorno de Máximo Kirchner sostienen que La Cámpora no puede ser corrida del centro de la escena y que el partido debe seguir expresando una identidad kirchnerista clara. En el Axelismo, en cambio, creen que el ciclo político exige una conducción más amplia, menos vertical y con mayor peso institucional del gobernador.
La sombra de una intervención partidaria funcionó como disciplinador. Nadie quería quedar como responsable de un escenario de caos institucional que podría debilitar aún más al peronismo bonaerense en un contexto nacional adverso. Ese fue el punto de coincidencia que permitió cerrar el acuerdo.
El 15 de marzo aparece ahora como una fecha clave. No solo para renovar autoridades, sino para medir fuerzas, ordenar liderazgos y definir si el peronismo bonaerense es capaz de procesar sus internas sin romperse. Hasta entonces, el PJ seguirá funcionando en equilibrio inestable, sostenido más por el miedo al abismo que por una verdadera síntesis política.


Al Diario la R….las rencillas internas,locales de los argentinos…..es patrimonio y de utilidad…para los argentinos…..los uruguayos queremos leer…contenido de Uruguay para los Uruguayos….que no es poco….gracias