BUENOS AIRES, 17 de septiembre de 2025.– La administración del presidente Javier Milei enfrenta su jornada más crítica desde que asumió el poder, tras una concatenación de golpes políticos, sociales y económicos que exponen la creciente debilidad de su proyecto libertario y preocupan por su impacto en el futuro de su gobierno.
El miércoles 17 de septiembre quedará inscrito como un punto de quiebre, un día donde los tres poderes fácticos –el Legislativo, la calle y los mercados– se alinearon para marcarle un límite al Ejecutivo.
El Congreso le pone freno
El primer y más contundente revés fue institucional. La Cámara de Diputados, en una votación histórica, rechazó los vetos presidenciales a la Ley de Financiamiento Universitario y a la Ley de Emergencia Pediátrica para el Hospital Garrahan. Ambas normas, consideradas sensibles por la ciudadanía, obtuvieron 174 y 181 votos a favor, superando holgadamente los dos tercios necesarios para humillar al oficialismo.
Milei había justificado los vetos en la “necesidad de mantener el equilibrio fiscal”. Sin embargo, la oposición, desde el peronismo hasta la centroizquierda, lo interpretó como un intento deliberado de desfinanciar pilares del Estado. Este fracaso legislativo se produce en el marco de una derrota electoral aún resonante: el 7 de septiembre, su espacio, La Libertad Avanza, perdió por 14 puntos en la provincia de Buenos Aires.
La calle celebra y presiona
Mientras en el hemiciclo se desarrollaba la votación, las inmediaciones del Congreso eran tomadas por una Marcha Federal Universitaria multitudinaria. Bajo la consigna “Nuestro futuro no se veta”, miles de estudiantes, docentes, trabajadores de la salud y gremialistas convirtieron la protesta en una celebración espontánea al conocerse el resultado. La escena de abrazos, cánticos y lágrimas evidenció el profundo malestar social con las políticas de ajuste.
La movilización, que congregó a figuras transversales como el gobernador Axel Kicillof, el radical Martín Lousteau y la izquierdista Myriam Bregman, demostró la capacidad de la oposición para articular un frente común y canalizar el descontento ciudadano, convergiendo la presión social con la acción parlamentaria.
Mercados en rojo y alerta regional
La reacción de los mercados fue inmediata y severa, encendiendo las alarmas sobre la estabilidad económica argentina y sus potenciales efectos contagio en el Mercosur. El dólar mayorista tocó el techo de la banda cambiaria ($1.474,50), forzando al Banco Central a una venta urgente de más de USD 50 millones para contener la corrida. El riesgo país, termómetro de la desconfianza internacional, se disparó a 1.230 puntos básicos, mientras la Bolsa de Buenos Aires se desplomaba un 13,3%.
Frente al potencial clima de crisis multidimensional, Milei salió a ratificar su rumbo con un mensaje de firmeza: “No retrocederemos ni un milímetro”. No obstante, la falta de consensos políticos y el estancamiento económico agravan la percepción de un barco a la deriva.
Un límite político y simbólico
Más allá de los números y las cotizaciones, la jornada del 17 de septiembre opera como un símbolo potente. Señala que las instituciones republicanas, en alianza con una sociedad civil movilizada, pueden construir diques de contención frente a un modelo que amenaza con desmantelar derechos sociales básicos en nombre del ajuste.
A semanas de las elecciones legislativas de octubre, el gobierno de Milei, que se autoproclamó una ruptura contra la “casta”, enfrenta ahora una severa crisis de legitimidad. La calle, el Congreso y hasta los mercados comienzan a hablar un mismo idioma: el del límite. Un mensaje que resuena con fuerza en Buenos Aires y se debe escuchar con atención en Uruguay.

