Un sector minoritario de gremios de la CGT propuso a la conducción de la central obrera desplegar una estrategia centrada en el plano económico para encarar el diálogo que los sindicalistas planean iniciar con los gobernadores, con el objetivo de frenar el proyecto de reforma laboral que el Gobierno busca aprobar en el Congreso. Sin embargo, la iniciativa fue rechazada por la cúpula cegetista, en medio de tensiones internas y diferencias sobre cómo enfrentar la avanzada oficial.
Este grupo de sindicatos planteó la necesidad de “jugar fuerte en lo económico, que es donde realmente se está dando la discusión” en torno a la denominada “modernización laboral”, una iniciativa que la CGT cuestiona en la mayoría de sus puntos. La lógica del planteo era simple: si el Gobierno ofrece recursos a las provincias para sumar respaldos a la reforma, el sindicalismo debería disputar ese terreno con las mismas herramientas.
“Si el Gobierno les ofrece plata a los gobernadores para conseguir la reforma laboral, nosotros tendríamos que hablarles en el mismo idioma. Pero nos dijeron que no”, explicó un dirigente cegetista que participó de las conversaciones reservadas. El sindicalista admitió que la propuesta naufragó por las divisiones internas dentro de la central: “Hay sindicatos con espalda económica y otros que están muy complicados. Los que no están bien no quieren poner un peso”.
La misma fuente se mostró muy crítica de la estrategia adoptada hasta ahora por la nueva conducción de la CGT y apuntó especialmente contra la movilización y el acto realizados el mes pasado en Plaza de Mayo para repudiar el proyecto impulsado por el gobierno de Javier Milei. A su entender, la central prioriza una demostración simbólica de fuerza antes que una jugada política más efectiva.
“¿Sabés lo que cuesta hacer una marcha y un acto de esa magnitud? Solo llenar de helio estos globos gigantes con los logos de los sindicatos es un dineral. A eso sumale el escenario, el sonido y los micros. Con lo que se gastó ahí, tranquilamente podríamos haber conseguido el apoyo de dos gobernadores”, afirmó sin rodeos el dirigente consultado.
Pese a las diferencias internas, la CGT avanzará la semana próxima con una ronda de visitas a gobernadores, en una estrategia que replica, aunque con objetivos opuestos, el “tour” que viene encabezando el ministro del Interior, Diego Santilli, para sumar respaldos provinciales al proyecto oficial. Mientras el Gobierno busca apoyos para aprobar la reforma, la central obrera intentará convencer a los mandatarios del impacto negativo de la iniciativa o, al menos, persuadirlos para que impulsen modificaciones sustanciales en el Congreso.
En particular, la CGT apunta a morigerar varios artículos que considera altamente perjudiciales para los trabajadores y para el poder de negociación sindical. Entre ellos se encuentran la ampliación de las actividades consideradas “esenciales”, lo que obligaría a garantizar servicios mínimos durante las huelgas; la habilitación de acuerdos por empresa que relegan a un segundo plano los convenios colectivos sectoriales; los cambios en la cuota solidaria que aportan los trabajadores no afiliados a los gremios; y la creación del Fondo de Asignación Laboral (FAL) como reemplazo del actual sistema de indemnizaciones.
La discusión por la reforma laboral, así, no solo expone el choque entre el Gobierno y el sindicalismo, sino también las fisuras internas dentro de la propia CGT, donde conviven distintas miradas sobre cómo dar la pelea política en un escenario económico y social cada vez más adverso.

