El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires oficializó la designación de Agustina Olivero Majdalani como secretaria de la Secretaría de Gestión y Desarrollo Urbano, un área estratégica que depende de la Jefatura de Gabinete de Ministros porteña. La medida fue formalizada a través de un decreto publicado en el Boletín Oficial, al que tuvo acceso nuestro medio, y vuelve a instalar en la escena pública un apellido con trayectoria política nacional.
Agustina Olivero Majdalani es hija de Silvia Majdalani, ex diputada nacional y ex subdirectora de la Secretaría de Inteligencia del Estado durante la presidencia de Mauricio Macri. Aunque el decreto no hace alusión a su vínculo familiar, el dato adquiere inevitable relevancia en un país donde las trayectorias políticas suelen analizarse también a la luz de los apellidos y las redes de poder.
El texto oficial establece: “Desígnase, a partir del 14 de febrero de 2026, a Agustina Olivero Majdalani (DNI 26.280.826) como Secretaria de la Secretaría de Gestión y Desarrollo Urbano dependiente de la Jefatura de Gabinete de Ministros”. Asimismo, precisa que la alta definitiva quedará supeditada a la aceptación de la renuncia correspondiente por parte de la Corporación Puerto Madero S.A., entidad en la que se desempeñaba previamente y que tiene un rol central en el desarrollo urbanístico de una de las zonas más emblemáticas y cotizadas de la Ciudad.
La Secretaría de Gestión y Desarrollo Urbano no es una dependencia menor dentro del organigrama porteño. Desde allí se articulan políticas vinculadas al ordenamiento territorial, la planificación estratégica, la evaluación de grandes proyectos inmobiliarios y la coordinación con otras áreas técnicas. En una ciudad atravesada por tensiones entre crecimiento urbano, preservación patrimonial y acceso a la vivienda, el área cumple un papel decisivo en la definición del modelo de desarrollo.
El decreto lleva la firma del jefe de Gabinete de Ministros, Gabriel Sánchez Zinny, y dispone su publicación en el Boletín Oficial de la Ciudad. Además, ordena notificar formalmente a la funcionaria designada, quien deberá cumplir con lo establecido en el artículo 14 de la Ley 6.357, normativa que regula obligaciones en materia de ética pública, declaraciones juradas e incompatibilidades. También instruye comunicar la medida a la Oficina de Integridad Pública y a la Dirección General de Acceso a la Información y Gobierno Abierto, organismos encargados de supervisar la transparencia administrativa.
Desde el oficialismo porteño remarcan que Olivero Majdalani posee formación y experiencia técnica en materia de desarrollo urbano, y destacan su paso por la Corporación Puerto Madero S.A. como antecedente relevante para asumir un rol de mayor responsabilidad. En ese sentido, sostienen que la designación responde a criterios de idoneidad profesional y continuidad de gestión en un área que requiere conocimiento específico y capacidad de articulación entre el sector público y privado.
Sin embargo, el contexto político agrega matices. La figura de Silvia Majdalani tuvo un rol destacado durante la administración de Mauricio Macri, particularmente en el ámbito de la inteligencia estatal, un sector históricamente sensible y atravesado por controversias. Aunque no existe vínculo institucional directo entre aquella etapa y el nuevo nombramiento en la Ciudad, el debate público suele extenderse más allá de los límites formales de cada cargo.
En términos de agenda, la nueva secretaria asumirá en un escenario complejo. La Ciudad de Buenos Aires enfrenta desafíos estructurales en materia de vivienda, movilidad, infraestructura y sustentabilidad ambiental. El crecimiento vertical en determinados barrios, la discusión sobre el Código Urbanístico, la necesidad de ampliar espacios verdes y la integración de barrios populares forman parte de una agenda que combina técnica y política.
La Secretaría de Gestión y Desarrollo Urbano interviene en la evaluación de proyectos estratégicos, en la coordinación con comunas y en la planificación de obras que impactan directamente en la vida cotidiana de los vecinos. Cada autorización de obra, cada modificación normativa y cada proyecto de gran escala puede generar apoyos y resistencias. Por eso, el perfil de quien encabeza esa área resulta relevante tanto para el oficialismo como para la oposición.
En los últimos años, la administración porteña impulsó iniciativas de transformación urbana que incluyeron la reconversión de áreas ferroviarias, la puesta en valor de espacios públicos y el desarrollo de nuevos corredores urbanos. Estas políticas suelen combinar inversión pública y privada, lo que exige mecanismos de control y transparencia robustos.
La llegada de Olivero Majdalani a la Secretaría se inscribe en ese marco de continuidad de políticas urbanas, pero también abre interrogantes sobre el rumbo futuro. ¿Habrá ajustes en la planificación estratégica? ¿Se profundizarán los proyectos existentes o se impulsarán nuevas prioridades? Las respuestas dependerán de la dinámica interna del Ejecutivo porteño y del diálogo con la Legislatura de la Ciudad.
De este modo, una Majdalani vuelve a ocupar un cargo relevante en la estructura estatal, esta vez en el ámbito de la administración porteña y en un sector neurálgico para el diseño del perfil urbano de la Ciudad. Más allá del peso simbólico del apellido, el foco estará puesto en la gestión concreta: ejecución de proyectos, cumplimiento de plazos, transparencia en los procesos y capacidad de respuesta ante los reclamos ciudadanos.
En un contexto donde la demanda social por mayor institucionalidad y profesionalización del Estado es creciente, cada designación de alto rango se analiza con lupa. La oficialización del nombramiento no solo implica un movimiento administrativo, sino también un gesto político que reconfigura equilibrios internos y proyecta señales hacia distintos actores del escenario porteño.
La gestión urbana es, en definitiva, uno de los campos donde se materializa el modelo de ciudad que se pretende construir. La nueva secretaria tendrá la responsabilidad de intervenir en decisiones que trascienden lo técnico y se proyectan sobre el tejido social, económico y ambiental de Buenos Aires. El tiempo y los resultados concretos marcarán el verdadero alcance de esta designación.


