Siempre se ha dicho que el acto más valiente para una mujer es pensar por sí misma y en voz alta. Sin embargo, hay conversaciones que siempre quedan en el aire, sobre el rol de la mujer. Sobre los techos que aún quedan por romper y sobre esos otros que ya se han quebrado. Pero Natalia Mármol, Coach en Materialización de Ideas y miembro de la directiva de ABITU (Asociación de Bienestar Integral y Transformación del Uruguay) propone un paso previo, casi un retroceso necesario para poder avanzar, mirar hacia atrás y entender de dónde venimos antes de proyectar a dónde queremos ir. Mármol combina en su trabajo diario dos mundos que no caminan separados, el desarrollo personal y la estrategia de negocios. «Trabajo con mujeres y con personas que ya tienen una idea, ya sea un desafío personal o de negocio. Lo que buscan es claridad, una orientación para llevar eso adelante», explica.
Y en medio de esa búsqueda, aparece el rol de la mujer. «La acción en la mujer es una habilidad innata. A lo largo de la historia, la mujer siempre fue de acción. Desde la época de las cavernas. La diferencia, sostiene, es que esa acción estuvo durante siglos en las sombras. Mientras el hombre trabajaba fuera de casa, había una mujer que sostenía la crianza, la alimentación, la salud, el hogar. «La mujer tenía un rol extremadamente profesional sin tener formación. Cuidaba a los niños, a los adultos mayores, cocinaba, lavaba. El hombre podía trabajar porque detrás había una mujer que apoyaba. Hoy el rol se volvió visible, pero la acción fue siempre».

Sin embargo, esa visibilización no llegó por casualidad, pues Mármol señala como punto de inflexión el momento en que al mercado le sirvió que la mujer saliera a trabajar. «Ahí fue que se le dio la oportunidad. Si no hubiera sido por ese contexto, quién sabe en qué grado de la lucha estaríamos». A partir de ahí, todo fue conquista paso a paso. «Las mujeres empezaron a convivir en contextos sociales donde se les empezó, de a poco y con lucha, a dejar tomar posesión y uso de la palabra. Después empezaron a salir mujeres en la política, en cargos de poder, y eso hizo que pudiéramos hablar más sobre las temáticas que nos atraviesan».
Pero cada avance, recuerda, tuvo su contraparte de resistencia. «Cada vez que la mujer planteó necesidades o desafíos, muchas veces fuimos burladas, disminuidas. Hoy, en 2026, Mármol se siente «bendecida» de vivir en esta sociedad y en este país. Pero también advierte sobre una paradoja contemporánea que es la saturación. «Un gran avance que tenemos las nuevas generaciones es que se nos están dando libertades que antes no teníamos, pero no fuimos criadas para tenerlas».
Hasta hace pocos años, la vida de la mujer era lineal. Se nacía, se formaba para ser buena esposa, se casaba con un hombre que la solventara, y el resto era crianza y hogar. «Nosotras, las de más de 30, somos las primeras generaciones que estamos teniendo la posibilidad de elegir, de tener opciones, de poder decir sí a un montón de cosas y también de poder decir no. Eso es un poder fortísimo que hoy tenemos», afirma, añadiendo que cada elección lleva un peso para el cual los hombres están más entrenados, porque ellos tienen el poder de elección desde hace mucho más tiempo». Desde ABITU Mármol promueve justamente eso, es por ello que destaca la importancia de tener un proyecto de vida. «Si no tenemos un foco, una brújula, somos como un barco a la deriva. Por eso es clave elegir qué proyecto de vida queremos, sabiendo que podemos equivocarnos, pero teniendo un rumbo».

Autoconocimiento y acción
Mármol cuestiona una frase de «el conocimiento es poder». Proponiendo un enfoque diferente donde «el poder es qué haces con el conocimiento». Hoy tenemos un montón de información sobre nosotras, sobre salud mental, sobre desarrollo personal. Leemos libros, vemos podcasts, tenemos conocimientos. El problema es que esa sobresaturación de información termina siendo un runrún en la mente: “somos empoderadas, podemos, pero nos falta sostén para canalizar todo eso».
Ese sostén, explica, tiene que ver con la dirección. «Vemos en redes a una mujer con cinco hijos que es una gran madre y empresaria, y también queremos eso. Vemos a otra sin hijos que triunfa en los negocios, y también queremos eso. Queremos todo. Y ahí viene el sabotaje. La clave no es más autoconocimiento, sino herramientas de dirección que nos permitan saber qué es lo que realmente queremos».
En ese punto, su rol en ABITU cobra sentido, pues la organización nuclea todo lo vinculado al bienestar: desde una profesora de yoga hasta una empresa que busca el bienestar para sus colaboradores. «Buscamos hacer alianzas, crear núcleos que apoyen el bienestar. Los eventos que hacemos incluyen charlas sobre pausa activa, liderazgo, crianza respetuosa, psicología, coaching. Todo lo que tenga que ver con el bienestar integral». Cuando se habla de salud mental y empoderamiento femenino, Mármol insiste en la autoconciencia. «Muchas veces escuchamos: no tengo tiempo. Hay que ver dentro del mapa de prioridades e incluirse una misma como prioridad. Si yo no estoy bien física y mentalmente, es muy difícil sostener la familia, el trabajo, el estudio».

Más dirección, más acción
De ahí la importancia de poner el foco en una misma. «No se trata de frases grandilocuentes sobre empoderamiento. A los hombres no les dicen ‘empodérate hombre’, porque saben que innatamente están en ese lugar. Paremos de decirle a la mujer que se empodere. Digámosle: elegí, ya tenés la posibilidad, elegí y tomá acción sobre eso». Teniendo en cuenta esto, Mármol reflexiona sobre la responsabilidad de las generaciones actuales en la educación. «Tenemos una responsabilidad enorme de hacer clic en la educación. Enseñarles a ellos y a ellas que las cosas se comparten. Que él va a tener una pareja y van a tener que compartir las tareas de la casa, que ella va a tomar decisiones financieras y laborales. Y a ella, mostrarle que puede elegir ser madre o no, casada o no, trabajar o no».
Pero advierte que no se trata solo de enseñar a las mujeres. «Es un constructo social. Y en esa construcción, pide no olvidar las diferencias. «Biológicamente somos diferentes. Pensamos distinto, nuestros procesos biológicos son distintos. Las mujeres somos cuatro en una en un mes, según el momento del ciclo. Eso es difícil de interpretar a veces. Tiene que haber igualdad, pero una igualdad que contemple la equidad, teniendo en cuenta las diferencias». Las mujeres están en todas partes, ocupan espacios, toman micrófonos, deciden. Sin embargo, aún está, en la dificultad de poner el propio cuidado en la lista de prioridades. “Buscá herramientas que te permitan pararte hoy, sea 8 de marzo o no, y decir: ¿estoy conforme con lo que es mi vida?, ¿esto es lo que quiero ser?, ¿aquí decidí estar? Porque, al final, se trata de eso, de poder mirarse y saber de lo que eres capaz. Sin ruido, sin mandatos, sin culpas.

