El gobierno uruguayo dio un paso significativo en su estrategia de apertura económica y diversificación de mercados al firmar un Acuerdo de Promoción y Protección de Inversiones con el Reino de Arabia Saudita, una de las potencias económicas más importantes del Golfo Pérsico.
El convenio fue suscrito este jueves en Riad por el canciller Mario Lubetkin y el ministro de Inversiones saudita, Khalid bin Abdulaziz Al-Falih, en el marco de una misión oficial que se desarrolló entre el 29 de octubre y el 1° de noviembre.
Según informó el Ministerio de Relaciones Exteriores, el acuerdo busca garantizar condiciones de seguridad jurídica, estabilidad y previsibilidad para los inversores sauditas interesados en radicar capitales en Uruguay, al tiempo que facilita la expansión de empresas uruguayas hacia el mercado saudita.
El instrumento bilateral se inscribe en una política sostenida desde el inicio del gobierno de Yamandú Orsi, orientada a ampliar la red de socios estratégicos del país, fortalecer la diplomacia económica y atraer inversiones productivas de largo plazo que contribuyan al desarrollo nacional.
Un puente hacia el Golfo
Con la firma de este acuerdo, Uruguay consolida su presencia en una región de creciente relevancia geopolítica y económica. Arabia Saudita, bajo su ambicioso plan “Visión 2030”, impulsa una transformación estructural que busca reducir su dependencia del petróleo mediante la diversificación de su economía, fomentando la inversión en energías renovables, tecnología, agroindustria y logística.
Para Uruguay, este paso representa una oportunidad para posicionarse como proveedor confiable de alimentos, conocimiento y servicios tecnológicos. El país cuenta con ventajas competitivas claras en materia de producción agropecuaria sostenible, energías limpias y estabilidad institucional, atributos especialmente valorados por los fondos soberanos y grupos empresariales sauditas.
El canciller Lubetkin destacó durante la firma que “Uruguay ofrece garantías jurídicas, un entorno macroeconómico sólido y una matriz energética limpia, condiciones que lo convierten en un destino seguro para las inversiones del Golfo”.
El ministro Al-Falih, por su parte, resaltó el interés de su país en profundizar la cooperación con América del Sur, en particular con naciones que combinan estabilidad política y potencial productivo.

Diplomacia económica activa
El acuerdo con Arabia Saudita forma parte de una agenda más amplia del gobierno de Orsi, que busca ampliar la inserción internacional del país sin depender exclusivamente del Mercosur o de los socios tradicionales europeos y norteamericanos.
En los últimos meses, Uruguay ha desplegado una serie de iniciativas para atraer inversiones provenientes de Asia y Medio Oriente, participando en ferias de inversión en Dubái y Doha, y promoviendo encuentros empresariales con delegaciones del Golfo.
Lubetkin ha señalado que “la política exterior uruguaya debe ser un instrumento de desarrollo”, destacando que la Cancillería trabaja de forma coordinada con el Ministerio de Industria, Energía y Minería, el Instituto Uruguay XXI y el sector privado para identificar oportunidades concretas en mercados emergentes.
El nuevo tratado se suma a una red de más de treinta acuerdos bilaterales de protección de inversiones que Uruguay ha suscrito con distintos países, pero marca un hito al ser el primero con una nación del Golfo Pérsico.
Potenciales sectores de cooperación
Entre los sectores que podrían beneficiarse de este acercamiento se destacan:
- Agroindustria: exportación de alimentos y carne halal, certificada bajo los estándares islámicos; productos lácteos y cultivos de alta calidad.
- Energía y sostenibilidad: proyectos conjuntos en hidrógeno verde, biogás y energía eólica, rubros en los que Uruguay es líder regional.
- Infraestructura y logística: alianzas para el desarrollo portuario y corredores comerciales hacia el Atlántico Sur.
- Tecnología e innovación: cooperación en investigación aplicada, servicios digitales y startups con foco en sostenibilidad y eficiencia energética.
Un contexto global de competencia por capitales
En un escenario internacional de alta competencia por atraer inversiones, la firma del acuerdo busca posicionar a Uruguay como un destino confiable, estable y previsible.
Los tratados bilaterales de protección de inversiones otorgan a los inversores extranjeros garantías frente a expropiaciones, discriminación o restricciones arbitrarias, estableciendo mecanismos de arbitraje internacional en caso de conflictos.
En este sentido, el convenio no implica beneficios fiscales automáticos, pero sí mejora el clima de negocios y reduce la percepción de riesgo país, factores decisivos para los fondos de inversión internacionales.
Según especialistas en relaciones económicas internacionales, este tipo de instrumentos “son una señal de confianza mutua y una herramienta para atraer capitales en sectores estratégicos, especialmente cuando se acompañan de políticas activas de promoción y facilitación de inversiones”.

Visión de largo plazo
El gobierno uruguayo entiende este acuerdo como parte de un proceso de reposicionamiento del país en el mapa global de inversiones. La meta, explican fuentes oficiales, es multiplicar los socios estratégicos, captar financiamiento para proyectos productivos y energéticos, y generar una inserción internacional “inteligente y pragmática”.
La visión de Orsi pone el acento en mantener la reputación de Uruguay como país confiable, transparente y respetuoso de los compromisos internacionales, mientras busca modernizar su infraestructura, digitalizar su economía y potenciar el empleo de calidad.
En el mediano plazo, el desafío será convertir los acuerdos en inversiones efectivas, lo que requiere una articulación más fuerte entre Cancillería, Uruguay XXI, las cámaras empresariales y las intendencias.
“Los tratados son el punto de partida, no el punto de llegada. Luego hay que acompañar a las empresas, mostrar proyectos, garantizar condiciones y promover activamente al país”, señaló un analista consultado.
Arabia Saudita y América Latina: una relación en expansión
El interés saudita por América Latina ha crecido notablemente en la última década. A través del Fondo de Inversión Pública (PIF), Arabia Saudita ha impulsado proyectos agrícolas y energéticos en Brasil, Argentina, Paraguay y Chile.
La firma del acuerdo con Uruguay se interpreta como un paso natural en esa estrategia de expansión global, con un socio que comparte valores de estabilidad política, apertura comercial y sostenibilidad.
Para Montevideo, el vínculo también tiene una dimensión geopolítica: el acercamiento al Golfo refuerza su perfil de actor confiable y neutral en un mundo en transición, capaz de construir puentes entre regiones y culturas.
El acuerdo de promoción y protección de inversiones entre Uruguay y Arabia Saudita marca un punto de inflexión en la política exterior económica del país.
No se trata solo de un documento jurídico, sino de una señal política y económica de apertura, confianza y modernización, en un contexto global que exige diversificar socios y adaptarse a nuevos flujos de capital.
Con esta firma, Uruguay reafirma su vocación de ser un país pequeño pero relevante, con capacidad de ofrecer estabilidad, sostenibilidad y oportunidades reales a los inversores del mundo.

