Ferrajoli: “La alternativa es entre el suicidio de la humanidad y la creación de un nuevo orden”

El reconocido jurista italiano visitó Uruguay y explicó la necesidad de que el mundo discuta y apruebe la “Constitución de la Tierra”.

“Está en peligro la sobrevivencia de la humanidad”, afirmó Luigi Ferrajoli en su presentación en el Paraninfo de la Universidad de la Repùblica.

El doctor Luigi Ferrajoli disertó este jueves sobre “Por una Constitución de la Tierra” en el Paraninfo de la Universidad de la República en el marco de una serie de actividades académicas y conferencias organizadas por la Fundación de Cultura Universidad (FCU). Acompañaron en la presentación el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República (Udelar), Dr. Gonzalo Lorenzo, el doctor Javier Miranda –docente, promotor y organizador de su visita al Uruguay-, y la directora del Instituto de Derechos Humanos de la Udelar, Mariella Saettone.

El reconocido jurista italiano de 85 años expuso sobre la necesidad de crear un instrumento jurídico vinculante que ponga freno a la “destrucción del planeta y el exterminio de la humanidad”. “Por una Constitución de la Tierra” es precisamente el título del libro que reeditó el FCU en el que Ferrajoli alega que es urgente contar con instituciones mundiales que respondan de manera urgente a amenazas como el calentamiento de la atmósfera, el peligro nuclear, el incremento de la desigualdad y la corrupción, así como la expansión de gobiernos autoritarios y opresivos.

El proyecto de Constitución de la Tierra está publicado en la citada obra. Con cien artículos, la iniciativa promueve un “proceso constituyente de la Federación de la Tierra, abierto a la adhesión de todos los pueblos y todos los estados existentes y a fin de estipular este pacto de convivencia pacífica y de solidaridad”. En la conferencia, Ferrajoli  planteó que hoy la humanidad se encuentra en el momento más dramático de su historia porque es la primera vez  que está el peligro de la extinción de la humanidad  reconoció que es una palabra miuy dramática sin embargo,dijo, esa es la situación en la cual vivimos. Se asiste, además, al “colapso” del derecho internacional y a un “desprecio” por el derecho que se manifiesta, por ejemplo, en la violación de “todas las normas del derecho internacional humanitario” en las guerras en los conflictos armados que hoy existen.

Pero también se asiste, aseguró, al “colapso de nuestra democracia en Occidente, en Europa, que se manifiesta en la reducción de la democracia constitucional a su vieja forma del estado legislativo de derechas, es decir, a la sola dimensión política, autocracia electiva, en el sentido de que se ha producido una simplificación de los sistemas constitucionales en realidad sobre la omnipotencia de la mayoría que está amputando la democracia de su dimensión constitucional que ha sido la dimensión que se ha producido después de la liberación del fascismo”.

Afirmó que el constitucionalismo rígido como sistema de límites a los poderes públicos y también privados son poderes que pueden degenerar en “poderes salvajes”. Agregó que no hay que olvidar que el fascismo y el nazismo alcanzaron el poder por medios legales aunque también con el recurso de la violencia pero “a través de la omnipotencia de la mayoría han destruido la democracia, las libertades y los principios que definen a la Constitución”.

Citando la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, Ferrajoli afirmó que “no hay Constitución sin garantías de los derechos fundamentales ni separación de poderes”. Por eso, agregó, el fascismo y el nazismo “no ha sido la dictadura de una minoría sino la supresión de los derechos humanos y la supresión de la separación de poderes y la simplificación del sistema político  sobre la base de un sistema liberal y autoritario, concentrado en el poder ejecutivo”.

El jurista advirtió que hoy en el mundo “se está produciendo un fenómeno tendencialmente de la misma naturaleza” y expresó su preocupación porque en varios países se reportan casos de “intolerancia” del poder político hacia la magistratura. Ferrajoli agregó que hoy el mundo enfrenta “graves desafíos globales” que requieren “respuestas globales”.

Por un lado,  aludió la guerra. el “clima bélico” que predomina en Europa y en Estados Unidos “ sin tomar conciencia” de que un conflicto con Rusia “puede degenerar en un conflicto nuclear”.

«Una Constitución de la Tierra” está publicado por la Fundación de Cultura Universidad (FCU).

En ese contexto, incluyó una carrera armamentista a nivel mundial para fabricar nuevos armamentos cada vez más letales justificados como armas de “defensa” y planteó que la verdadera defensa sería recurrir a la diplomacia y no a las armas. Citó también al calentamiento global como otro desafío global y un fenómeno que se agrava año tras año el que ningún estado puede afrontarlo en solitario.

Como consecuencia de esto, alertó, partes del planeta son candidatas a devenir “inhabitables”. “Estamos destruyendo las condiciones de vida sobre el planeta”, afirmó. Manifestó que la humanidad forma parte de la naturaleza pero a este ritmo va camino a una “destrucción acelerada” porque este fenómeno se da con una “velocidad creciente” y concluyó que “el impacto humano sobre la naturaleza es la verdadera amenaza”.

El calentamiento global –“no se puede vivir con 50 o 60 grados” – provocará también otras crisis, dijo Ferrajoli, como la falta del agua potable  y señaló que se proyecta que las poblaciones más pobres serán las más perjudicadas lo que provocará una “explosión” de la emigración y un aumento de la “desigualdad”, otro problema global. Afirmó que el derecho internacional está saturado de proclamas sobre los derechos fundamentales pero sin embargo “todo es sin garantías ni efectividad” para acceder a los mismos.

En cambio, agregó, los grandes multimillonarios,  duplicaron su riqueza en los últimos 5 años, ha aumentado la pobreza extrema en todo el mundo, incluso en los países ricos, y también la explotación del trabajo, la destrucción del medio ambiente. Frente a esta situación”dramática” indicó que es necesario indicar una alternativa y “no existe hoy otra alternativa que la limitación a los poderes salvajes del mercado y también de las potencias militares, sobre todo, aquellas que tienen armas nucleares”. Agregó que la historia moderna, la del constitucionalismo ha sido la historia de una expansión de los derechos ante los derechos de libertad, después los derechos políticos, sociales y de los trabajadores y después de la segunda guerra mundial “un refuerzo de la fuerza vinculante de las constituciones con la rigidez del texto constitucional de la subordinación de la política a la constitución”. Sin embargo, consideró que en países con democracias más avanzadas,  como Italia, Alemania y el propio Uruguay “el Estado ha perdido su estabilidad”.

También señaló que hoy  ante agresiones globales como al medio ambiente, a los derechos fundamentales, a los bienes fundamentales, los Estados “son totalmente impotentes”. Frente a esto, tanto las Cartas como los pactos internacionales “son inefectivas porque no son una constitución rígida, supraordenada, y como tal han sido en estos 80 años, totalmente violadas, 50 guerras cada año”.

El otro defecto es que los derechos fundamentales a la salud, educación, a la paz, como expectativa de la no guerra, o la tutela del medio ambiente como expectativa de la no devastación, requieren normas de actuación, requieren la introducción de garantías que son la condición de efectividad de estos principios que sin garantías son palabras, son enunciaciones retóricas. ¿Cuál es la garantía de la paz? No pueden ser solo únicamente tratados de no proliferación que han sido violados, rechazados por Estados Unidos. La garantía de la paz consiste en la previsión constitucional de la producción del comercio de la detención de cualquier tipo de arma de fuego, no solo nucleares, como crímenes contra la humanidad. Sin armas las guerras serían imposibles, y también los homicidios.

El 80% de los homicidios en el mundo son con armas de fuego. «La verdadera garantía de la vida contra la criminalidad no es el aumento de las penas, es la abolición, la prohibición de las armas”, afirmó.

Agregó que debemos ser concientes que “en cada guerra, en cada homicidio, en cada acto de terrorismo está la corresponsabilidad moral que combina con el concurso por dolo eventual de estos productores de muerte” y se preguntó “¿cómo ha sido posible tolerar la licitud de la producción de armas, de instrumentos de muertes”.

“Las armas son más peligrosas que las drogas, las drogas son contra sí mismos, las armas son el símbolo de la ley del más fuerte, los estados se han servido o se sirven de la producción”, afirmó. “Hoy estamos en un estado de naturaleza más autodestructivo que el estado de naturaleza de Thomas Hobbes por el carácter infinitamente más destructivo de nuestros armamentos y también porque se ha producido un desarrollo industrial ecológicamente insostenible que está destruyendo nuestras condiciones de vida”.

La propuesta  de Ferrajoli implica la “obligación introducir normas de actuación” para garantizar por ejemplo un servicio sanitario global, una renta básica global, un fisco global, que abarque a todos  los seres humanos” pero  también “un gran constitucionalismo de los bienes fundamentales, de los bienes de la naturaleza que debemos tutelar contra la devastación por parte de la industria”.

Además que prohíba las armas y sea garante “de la sobrevivencia de la humanidad”. Promueve un “nuevo modelo de federalismo que no es el modelo kantiano ni de Kelsen ni de Bobvio”. “La idea no es crear un leviatán universal, un estado universal, que es un peligro, las funciones de gobierno deben ser de los Estados, del Uruguay, de Italia, es la esfera de lo decidible, la esfera de la política, de la administración, pero la esfera de lo no decidible hoy es global;  igualdad, tutela del medio ambiente, paz”. Ferrajoli reconoce que la crítica a esta propuesta es su carácter “utópico, idealista”. En ese sentido, indicó que “no podemos ser optimistas, el pesimismo es dominante, el mundo está andando en una dirección exactamente contraria a esta perspectiva, como expuse al comienzo, estamos en presencia de una destrucción del derecho internacional, de una simplificación de la democracia”. “Sin embargo, frente a la catástrofe que se está produciendo, no hay alternativa porque la alternativa es entre el suicidio de la humanidad o su transformación en una democracia constitucional y cosmopolita, entre el sueño de la posibilidad de realizar un nuevo orden mundial superando la soberanía de los estados, globalizando las garantías de los derechos humanos que son principios de garantías universal, es difícil ser optimista pero creo que debemos distinguir entre lo que es improbable de lo que es imposible y no es imposible, es necesario y urgente”, afirmó.

 

 

 

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