El imperio en el espejo roto

Cuarenta días que reconfiguran el tablero: claves militares, geopolíticas y económicas del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.

El 7 de abril de 2026, el presidente de Estados Unidos publicó en Truth Social un mensaje de tono extremo: “Una civilización entera morirá esta noche, para nunca volver a levantarse”. La frase, interpretada como un ultimátum previo a una nueva escalada de bombardeos contra Irán, generó reacciones inmediatas en el ámbito académico y político. El analista John Mearsheimer sostuvo que se trataba de una retórica impropia de un jefe de Estado, mientras que Jeffrey Sachs cuestionó con dureza el impacto internacional de ese tipo de declaraciones.

Sin embargo, más allá del contenido del mensaje, lo que adquirió mayor relevancia fue la ausencia de respuestas institucionales significativas. No hubo una reacción contundente del Congreso, ni una convocatoria urgente por parte de la oposición. Tampoco los principales medios —como CNN, MSNBC o The New York Times— colocaron el episodio en el centro de la agenda pública con la intensidad que cabría esperar ante una declaración de ese calibre. La ciudadanía, por su parte, no protagonizó movilizaciones masivas, y mecanismos constitucionales como la Enmienda 25 no fueron activados.

Este silencio institucional sugiere un fenómeno más profundo que un episodio aislado. Diversos analistas lo vinculan a un proceso prolongado de debilitamiento de los contrapesos democráticos. Según Sachs, decisiones de alto impacto geopolítico habrían sido tomadas por un círculo reducido de figuras políticas —entre ellas Donald Trump y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu— sin procesos formales de deliberación, sin audiencias legislativas ni consultas amplias con aliados internacionales. Esta dinámica, que ya tenía antecedentes, como la intervención en Irak en 2003, alcanzaría en este caso una nueva escala por su magnitud y por la falta de reacción institucional.

En paralelo, el desarrollo del conflicto mostró contrastes significativos. Mearsheimer subraya que, frente a la parálisis occidental, Irán exhibió una capacidad de resiliencia y organización que desafió muchas de las previsiones dominantes. A pesar de los bombardeos, el país mantuvo operativas sus capacidades estratégicas, sostuvo sus alianzas regionales y logró negociar desde una posición relativamente firme.

A esto se suma una dimensión más amplia, vinculada al derecho internacional. El economista y exministro Yanis Varoufakis ha señalado que este tipo de acciones debilitan normas establecidas tras la Segunda Guerra Mundial, como las contenidas en la Organización de las Naciones Unidas, particularmente en lo relativo a la prohibición de guerras de agresión. En la misma línea, el economista Michael Hudson cuestiona la eficacia de instituciones como el FMI o el Banco Mundial, argumentando que su capacidad de regulación y equilibrio se ha visto erosionada.

En conjunto, estos elementos configuran un escenario en el que no solo se pone en cuestión el accionar de una potencia, sino también la solidez del entramado institucional y normativo que ha sostenido el orden internacional durante décadas.

 

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