Desde el nacimiento hasta los cinco años, existen fases clave en las que los padres y pediatras deben estar atentos a signos de alerta. La exposición a pantallas, la genética y la alimentación influyen directamente en la salud ocular. La capacidad de ver correctamente influye en el aprendizaje, la coordinación y el bienestar general de los niños. Por eso, cuidar la salud visual desde pequeños es tan importante. Desde el nacimiento, los bebés comienzan a ver formas y colores. Alrededor de los seis meses, su visión se vuelve más clara y empiezan a seguir objetos en movimiento. A los tres años, la mayoría tiene una visión cercana a la de un adulto.
De acuerdo con los especialistas, se recomienda el siguiente plan de revisiones. En el recién nacido, un profesional capacitado debe examinar los ojos para verificar el reflejo rojo, el parpadeo y la respuesta de la pupila. Si el bebé nació prematuro, tiene signos de enfermedad ocular o antecedentes familiares de enfermedades oculares infantiles, se debe realizar un examen completo.
Entre los 6 y 12 meses, se debe hacer un segundo examen, generalmente durante el control de niño sano. El pediatra debe revisar la alineación y el movimiento ocular. Entre los 12 y 36 meses, se puede realizar una prueba de fotoprotección con una cámara especial que ayuda a encontrar problemas que pueden provocar ambliopía (ojo perezoso). De los 3 a los 5 años, se debe examinar la visión y la alineación de los ojos. La agudeza visual (nitidez de la visión) debe evaluarse tan pronto como el niño pueda leer la tabla optométrica.

Es esencial estar atento a ciertos comportamientos. Si un niño se frota los ojos con frecuencia, entrecierra los ojos para ver, se acerca mucho a los objetos, tiene dificultades para leer, evita actividades que requieren visión cercana o se queja de dolores de cabeza frecuentes, podría estar presentando problemas visuales. La genética también juega un papel importante: si los padres tienen problemas de visión, es más probable que los hijos también los tengan.
Los hábitos y el estilo de vida influyen, pues pasar mucho tiempo al aire libre ayuda a reducir el riesgo de miopía. En cambio, leer en condiciones de poca luz o el uso excesivo de pantallas digitales puede causar fatiga ocular, sequedad y otros problemas. La exposición prolongada a pantallas es una preocupación actual. Para los niños, es útil poner una alarma cada 20 minutos mientras hacen deberes con el ordenador y recordarles que miren por la ventana. Si juegan a un videojuego, al superar un nivel, conviene hacer una pausa para mirar a lo lejos.
Con respecto al uso de pantallas, se recomienda que a niños de 2 a 5 años, el máximo es una hora por día. Las revisiones oculares periódicas son fundamentales. Se recomienda que los niños tengan su primer examen ocular antes de los tres años y luego, al menos, cada dos años. Una buena alimentación es clave: nutrientes como la vitamina A, C, E, el zinc y los ácidos grasos omega-3 ayudan a mantener una visión saludable. Se encuentran en zanahorias, espinacas, nueces y pescados grasos.
Proteger los ojos del sol también es importante. El uso de lentes de sol con protección UV previene daños por exposición prolongada. La Organización Panamericana de la Salud señala que la ceguera y la discapacidad visual se pueden prevenir en aproximadamente el 80% de las personas, y que es casi cuatro veces más frecuente en personas pobres y analfabetas que viven en zonas marginadas.
Se recomienda no usar el móvil antes de ir a dormir. La luz azul de las pantallas está relacionada con una menor producción de melatonina, la hormona que induce el sueño. Hay que evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de acostarse y procurar que los niños no lleven el móvil a la habitación. Incentivar actividades al aire libre durante al menos dos horas diarias ayuda a mantener la calidad de la visión de lejos y a reducir el riesgo de miopía.

