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El enfoque depende del tipo y la gravedad

Colitis: Señales para determinar esta afección

La colitis es una afección que consiste en la inflamación del revestimiento del intestino grueso.

La colitis es una afección caracterizada por la inflamación del colon
La colitis es una afección caracterizada por la inflamación del colon

La colitis es una afección caracterizada por la inflamación del colon, la parte principal del intestino grueso. Esta inflamación afecta la mucosa del colon, causando molestias e interrumpiendo las etapas finales de la digestión. El colon desempeña un papel fundamental en el proceso digestivo, al ser la última etapa del recorrido de los alimentos. La colitis se presenta en diversas formas. Entre ellas se encuentran la colitis ulcerosa, la seudomembranosa, la isquémica, la microscópica, la alérgica, la infecciosa, la por radiación y la de derivación. Cada una tiene causas y características distintas.

En las etapas tempranas, las personas pueden experimentar diarrea, que puede contener o no sangre. Es frecuente que aumente la frecuencia de las deposiciones, generalmente cuatro o menos al día. También pueden presentarse urgencia fecal y tenesmo (sensación de necesidad imperiosa de defecar sin poder hacerlo). Otros síntomas incluyen leves cólicos o sensibilidad abdominal. A medida que la enfermedad progresa, pueden desarrollarse síntomas de moderados a graves: deposiciones más frecuentes (a menudo más de cuatro al día), aparición de sangre, moco o pus en las heces, fuertes cólicos abdominales, fatiga, pérdida de peso repentina, náuseas y fiebre.

Existen varias tipologías de colitis
Existen varias tipologías de colitis

La colitis infecciosa se origina por infecciones virales, parasitarias o bacterianas, a menudo contraídas por alimentos o agua contaminados. La colitis seudomembranosa suele ser consecuencia de una proliferación excesiva de C. difficile, desencadenada por el uso de antibióticos. La alérgica afecta a bebés lactantes por intolerancias a proteínas de leche o soja. La colitis isquémica se produce cuando el suministro de sangre al intestino se reduce por coágulos o aterosclerosis. Las enfermedades inflamatorias intestinales, como la colitis ulcerosa y la microscópica, son consideradas afecciones autoinmunes con componentes genéticos y ambientales. La colitis por radiación es un efecto secundario del tratamiento oncológico, y la colitis de derivación puede aparecer tras una colostomía.

El enfoque depende del tipo y la gravedad. Los médicos suelen comenzar con medicamentos antiinflamatorios. En casos más graves, se utilizan corticosteroides para suprimir el sistema inmunitario rápidamente. También se emplean inmunosupresores cuando otros tratamientos fracasan, y fármacos biológicos que actúan sobre proteínas específicas del sistema inmunitario. La edad es un factor importante pues la mayoría de los diagnósticos se producen entre los 15 y 30 años o después de los 60. Las personas blancas tienen mayor probabilidad de desarrollar colitis. Tener un familiar consanguíneo (padre, hermano o hijo) con colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn aumenta la predisposición.

Aproximadamente una de cada tres personas con colitis ulcerosa experimenta inflamación más allá de los intestinos (huesos, articulaciones, piel, ojos). Los pacientes tienen mayor riesgo de osteoporosis, y en niños puede afectar el crecimiento y retrasar la pubertad. También aumenta el riesgo de cáncer de colon, especialmente en casos de inflamación grave o prolongada. En situaciones de emergencia, pueden ocurrir perforación del colon, hemorragia grave que requiere transfusión y megacolon tóxico.

Quienes presenten diarrea persistente, sangre en las heces o dolor constante acompañado de fiebre alta deben consultar de inmediato. Estos síntomas no indican necesariamente colitis, pero requieren atención médica. No es posible prevenir por completo los brotes, pero se pueden controlar. Identificar y evitar desencadenantes es una estrategia eficaz: llevar un diario de alimentos ayuda a detectar productos que agravan los síntomas, como los que contienen lactosa, carnes rojas y procesadas, alcohol, bebidas carbonatadas, alimentos azucarados, ricos en grasas o picantes. El manejo del estrés mediante ejercicio regular, sueño adecuado y técnicas de relajación (meditación, yoga) reduce los niveles de estrés. 

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