La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la homeopatía como una opción más para el cuidado y bienestar de las personas. En su estrategia de salud 2014-2023 sobre Medicinas Tradicionales y Complementarias, la OMS aboga por la integración de estas terapias, incluida la homeopatía, en los servicios de salud de los diferentes Estados. Esta terapéutica se basa en el uso de medicamentos homeopáticos por parte de profesionales sanitarios. Y cuenta con una filosofía asistencial propia, fundamentada en la eficacia y el perfil de seguridad del método. Una visión de la salud que incluye la prevención, la participación del paciente en su propio cuidado, una atención global y un enfoque individualizado.
La homeopatía es una terapia no convencional. El objetivo de la homeopatía va más allá del alivio de los síntomas. Se busca ayudar al paciente a restablecer globalmente su equilibrio natural. Para ello, el médico homeópata tiene en cuenta, además de los síntomas o problemas de salud, la constitución física del paciente, su forma de reaccionar y sus sensaciones frente a la enfermedad, así como los factores de mejoría o empeoramiento. Por eso se dice que el tratamiento homeopático es individualizado. Los medicamentos homeopáticos pueden ser prescritos por médicos o aconsejados por farmacéuticos, quienes supervisan la pertinencia del tratamiento y garantizan la seguridad de los pacientes.

La homeopatía se incluye entre las denominadas terapias complementarias. Su abordaje de las enfermedades y los síntomas se realiza desde un enfoque tanto sintomático como global. Mediante un tratamiento de fondo, ayuda en la prevención de patologías y en la reducción de sus recidivas. También contribuye a mejorar la calidad de vida de los pacientes con enfermedades crónicas severas, como el cáncer, al utilizarse para paliar los efectos secundarios de los tratamientos convencionales. Al promover la salud desde un tratamiento integral (físico, mental y emocional), se trabaja el restablecimiento del equilibrio del paciente.
Los principios activos homeopáticos se preparan mediante diluciones y agitaciones sucesivas de la materia prima (cepa) en alcohol, hasta obtener concentraciones pequeñas. Esto explica por qué, cuando los medicamentos homeopáticos son utilizados por profesionales sanitarios formados, tienen una baja probabilidad de presentar efectos secundarios. Y estos suelen ser leves y transitorios.
La homeopatía pertenece a la medicina integrativa porque comparte su principio y modelo de atención al paciente. Puede utilizarse sola o como complemento de otras terapias. Gracias a su método de fabricación, que incluye dilución y dinamización de sustancias de origen vegetal, animal, químico o mineral, puede emplearse en pacientes de todas las edades, desde bebés hasta ancianos.
Los tratamientos homeopáticos buscan regular el organismo y ayudarle a reaccionar mejor frente a las circunstancias que lo desequilibran. Esta optimización de la capacidad de reacción no debe confundirse con la protección específica que brinda una vacuna. Ambos enfoques son complementarios y un medicamento homeopático nunca debe usarse en sustitución de una vacuna.
Entre los beneficios de la homeopatía estañan efectos secundarios escasos, leves y transitorios. Un enfoque de salud global que previene y mejora la capacidad de reacción del organismo. Una atención personalizada y la reducción del sobreconsumo de ciertos medicamentos como antibióticos, antiinflamatorios o psicotrópicos. La homeopatía es practicada por profesionales de la salud formados en esta terapéutica, reconocida por la normativa española. Siempre que se aplica el método homeopático de forma individualizada, con una información completa del paciente obtenida tras un interrogatorio exhaustivo, el médico formado puede prescribir el tratamiento más adecuado.

