HyLabs surge en el panorama educativo nacional como una respuesta tecnológica a uno de los desafíos más persistentes en la enseñanza secundaria y técnica: la brecha entre la teoría del pizarrón y la experimentación práctica. A través de un ecosistema que integra software y hardware portátil en una plataforma digital avanzada, esta startup permite transformar cualquier salón de clase en un laboratorio de ciencias de alta precisión.
Su propuesta se basa en un kit de sensores «plug and play» que captura datos físicos, químicos y biológicos en tiempo real, permitiendo que los estudiantes no solo memoricen conceptos, sino que visualicen y analicen fenómenos científicos de forma tangible e interactiva. Más allá de la innovación técnica, el proyecto destaca por su enfoque pedagógico y su escalabilidad, factores que le han permitido integrarse rápidamente en instituciones como la UTU y ser reconocido en certámenes de innovación nacionales.
El sistema no solo alivia la carga logística de los docentes mediante guías alineadas al currículo y reportes automáticos, sino que democratiza el acceso a la ciencia al eliminar la necesidad de infraestructuras costosas y fijas. Diario La R conversó con Uriel Crampton, un joven uruguayo de 23 años y estudiante de último año de ingeniería informática en la Universidad de Montevideo (UM), quien es cofundador de HyLabs junto a Agustín Álvarez y Juan Gutiérrez, quien figura como “Strategic Advisor”. Durante la entrevista comenta su experiencia en una transición que va directo desde las aulas universitarias al mundo empresarial.
Crampton lidera esta iniciativa con el objetivo firme de “transformar la enseñanza de las ciencias”. Define a HyLabs como una plataforma que ofrece «todo el servicio de laboratorios de ciencias a los colegios y liceos de Uruguay». Esta solución integral amalgama un kit de hardware con una plataforma de software, otorgando a los estudiantes la posibilidad de realizar experimentos de física, química y biología con herramientas de vanguardia.

Origen de Hylabs
La génesis de HyLabs se encuentra en la inquietud de sus fundadores quienes, combinando habilidades en física, robótica, hardware y software, buscaron aplicar sus conocimientos bajo una impronta emprendedora. El impulso inicial provino de un profesor de UTU, quien manifestó la necesidad de incrementar las instancias prácticas, bajo la premisa de que «en las prácticas los estudiantes mejoran el conocimiento». Tras validar el concepto en liceos y centros de UTU, y contando con el respaldo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), lanzaron la primera versión comercial del producto.
Actualmente, HyLabs tiene presencia en dos colegios y se encuentra en proceso de implementación en cinco instituciones más. La empresa, que inició su fase comercial a principios de este año, ha cosechado una excelente recepción. Su visión a futuro es clara y ambiciosa: «Poder llegar a la mayor cantidad de colegios de Uruguay y luego expandirnos por Argentina en el segundo semestre del año». De hecho, la startup ya se encuentra realizando «demos y reuniones en colegios de Buenos Aires».
Un modelo de negocio: la accesibilidad
El modelo de negocio de HyLabs se distancia de la venta tradicional de equipos para centrarse en un servicio de suscripción. La empresa cobra «una cuota por grupo», garantizando que «todos los estudiantes tengan acceso al laboratorio físico y a la plataforma, y que el docente reciba su equipo y la capacitación necesaria». Esta estrategia busca sortear las barreras económicas de soluciones similares que pueden alcanzar los «2000 dólares por equipo» sin ofrecer soporte. El objetivo es que «todos los liceos tengan buenos laboratorios», brindando acompañamiento constante para evitar que la tecnología quede en desuso.

La verdadera innovación de HyLabs radica en su enfoque práctico. A diferencia de los simuladores digitales, que a menudo «sacrifican la experiencia práctica», esta plataforma ofrece «algo real, un experimento que está pasando y que se está midiendo en el momento». Además, se diferencia de la oferta de sensores individuales por su carácter integral. La propuesta asegura que el equipamiento «no quede en el olvido, en una repisa, sino que efectivamente se esté utilizando» gracias a la capacitación y el seguimiento continuo.
La empresa, que se gestó como idea en 2020 y alcanzó su implementación plena en 2025, cuenta hoy con un equipo de siete personas. Han logrado incursionar exitosamente tanto en el sector público como en el privado, y mantienen un «acercamiento muy prematuro» con el Plan Ceibal, lo que podría masificar el acceso a esta tecnología.
Un aspecto distintivo es la incorporación de inteligencia artificial (IA). A través de algoritmos, logran «corregir imprecisiones en sensores de bajo costo», permitiendo ofrecer un servicio más asequible. Asimismo, desarrollan funciones de IA para «ayudar al estudiante a pensar críticamente», planteando interrogantes cuando el sistema detecta inconsistencias en los informes, fomentando que el alumno «pueda darse cuenta de lo que está pasando y corregirlo por sí mismo».
Retroalimentación y validación en el aula
El ‘feedback’ de las instituciones educativas ha sido sumamente alentador. Durante la validación en UTU, recolectaron impresiones de estudiantes, docentes e inspectores. En un colegio de Punta Gorda, por ejemplo, los equipos ya se emplean para experimentos curriculares regulares. Crampton destaca con orgullo que HyLabs «está funcionando y se está usando en las aulas; eso para nosotros es un orgullo tremendo porque es un producto que está ayudando». Según el cofundador, los estudiantes se muestran motivados al interactuar con algo diferente que les permite comprender mejor los contenidos.
La versatilidad de la herramienta permite llevar «experimentos que antes eran muy difíciles de hacer a cualquier lado», como medir la aceleración de la gravedad con una simple pelota. El hardware de HyLabs, diseñado en Uruguay y fabricado en China, consiste en «un maletín pequeño de 20×20 centímetros» con sensores que se conectan vía USB, transformando cualquier computadora en un laboratorio funcional. La experiencia previa de Crampton en el diseño de circuitos y la fabricación electrónica facilitó enormemente este proceso técnico.
Desafíos y visión de futuro
Sobre el ecosistema emprendedor, Crampton reconoce que, aunque los procesos burocráticos y regulatorios en Uruguay pueden ser extensos, «no es fácil, pero es posible». Destaca que el país ofrece apoyos valiosos en los sectores de innovación y ciencias, aunque admite que «conciliar la gestión de la empresa y la contratación de personal ha sido costoso y ha requerido mucho asesoramiento».
En un horizonte de cinco años, HyLabs aspira a estar presente en todos los colegios del país, generando un «impacto grande en las ciencias y mejorando los niveles de formación para que los alumnos egresen con mejores capacidades». A nivel regional, el plan de internacionalización incluye desembarcar en Chile y México, además de Argentina.

Instalada en la incubadora Ingenio del LATU, la startup anima a otros perfiles científicos a emprender. Crampton enfatiza que «el peor arrepentimiento es no hacer las cosas» y subraya que Uruguay es un «mercado muy receptivo donde la gente te apoya» para validar productos. Concluye señalando que, si bien la inteligencia artificial domina la conversación actual, existe un vasto campo de oportunidades en electrónica, robótica y ciencias básicas para quienes se animen a innovar.

