Ernesto Sabato no fue un escritor convencional, tampoco fue un científico fracasado, como alguna vez se dijo, ¡solo fue un hombre que eligió!. En 1945, después de una sólida carrera en física atómica, publicó su primer ensayo, “Uno y el Universo”, con el que ganó el Primer Premio de Prosa de la Municipalidad de Buenos Aires. Ese galardón lo convenció de abandonar los laboratorios para dedicarse por completo a la literatura cuando tenía alrededor de 34 años.
Sus primeras colaboraciones aparecieron en revistas como Teseo y Sur, y en el diario La Nación. También tradujo obras de autores extranjeros, pero fue en 1948 cuando llegó su primera novela, “El túnel”, una obra de corte psicológico y existencialista que varias editoriales habían rechazado hasta que Editorial Sur la publicó. La crítica la recibió con entusiasmo y posteriormente la novela fue llevada al cine en tres ocasiones. Lo cual posicionó a Sabato como una de las promesas literarias de su tiempo.

Trece años después, en 1961, apareció “Sobre héroes y tumbas”, una obra monumental que le valió el reconocimiento internacional como el novelista argentino más destacado de la época. En 1974, cerró su trilogía narrativa con “Abaddón el exterminador”, que obtuvo el Premio al Mejor Libro Extranjero en Francia. No publicó más novelas, era un escritor de pocos libros, pero cada uno peSabatoa.
Paralelamente, desarrolló una extensa obra ensayística. “Hombres y engranajes” (1951), “Heterodoxia” (1952), “El escritor y sus fantasmas” (1963), “Cartas a un joven escritor” (1975) y “Diálogos con Jorge Luis Borges” (1976) son algunos de sus títulos más relevantes. En ellos reflexionó sobre el destino de la humanidad, la técnica y la alienación, temas que hoy resultan asombrosamente actuales.
Los periodistas Sandra Di Luca y Pablo Morosi, autores de la biografía “Sabato, el escritor metafísico”, sostienen que fue el escritor más leído de su época. “Constituyó un fenómeno editorial, pero también se erigió en una figura con gran participación. Cuyas ideas influyeron en la esfera social y política del país”, escribieron. Para ellos, “El túnel” fue la puerta de entrada a la literatura de muchas generaciones. Y “Sobre héroes y tumbas” es una de las novelas más importantes del siglo XX en lengua castellana. También señalan que sus ensayos sobre el endiosamiento de la tecnología tienen una vigencia que sorprende, pese a haber sido escritos hace más de medio siglo.
En 1984, recibió el Premio Miguel de Cervantes, el máximo galardón de las letras españolas. Fue el segundo argentino en obtenerlo, después de Jorge Luis Borges. En 1998 publicó sus memorias, “Antes del fin”, donde repasó su infancia en Rojas, sus estudios junto al premio Nobel Bernardo Houssay y el impacto de los acontecimientos políticos y sociales que marcaron su vida.
Llegó a producir alrededor de setenta obras, algunas de las cuales expuso en el Centro Pompidou de París. Su casa de Santos Lugares se convirtió en un museo que conserva su atelier y su biblioteca. Sobre sus pinturas solía decir, con una honestidad que lo caracterizaba: “Sí, son horribles, yo no las pondría en mi comedor”.
En 2002, Sabato recibió la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, la Medalla de Honor de la Universidad Carlos III. Y el Premio Extremadura a la Creación por su trayectoria. Fue homenajeado por el III Congreso Internacional de la Lengua Española y por la Real Academia Española. En 2005, el Colegio Nacional de La Plata lo distinguió, y en 2009, la Sociedad General de Autores y Editores de España lo propuso por tercera vez como candidato al Premio Nobel de Literatura, junto a los españoles Francisco Ayala y Miguel Delibes. Falleció el 30 de abril de 2011 en su casa de Santos Lugares, a causa de una neumonía. Hoy, sus libros siguen leyéndose y sus preguntas siguen sin respuesta, sin embargo, su literatura, intacta.

