En los últimos días dos acciones de la ANEP muestran el enfoque dominante del gobierno en materia de educación centrado en el grado frente al posgrado. Por un lado, habilitaron que docentes no egresados y sin título puedan tener un acceso a la titulación de grado vía reconocimiento laboral de su trabajo docente y por ende sin los mismos esfuerzos que los otros docentes y por el otro lado, la derogación de la ordenanza de posgrados aprobada por la propia ANEP y el CFE en el gobierno pasado. Ambas políticas reflejan diversos enfoques: uno centrado tanto en pocas exigencias y definición de los estudios de grado para el ingreso a los mercados docentes frente a la tendencia a la exigencia de estudios de posgrado.
Ello expresa, además, un enfoque más centrado en la equidad de los docentes y la otra en los aprendizajes reales de los estudiantes y el impulso a la formación especializada y a los méritos y esfuerzos personales, que entran en contradicción frente a las tendencias educativas y del ingreso a los mercados laborales. A escala internacional, más allá de una tendencia general de “inflación de credenciales”, estamos frente a una tendencia donde el posgrado se coloca como requisito de entrada profesional a los diversos mercados de trabajo. Ello no necesariamente implica un reemplazo universal del grado por el posgrado, sino un conjunto de movimientos simultáneos de profesiones que elevan legalmente el umbral, empleadores que usan la maestría como filtro selectivo y, también, pero en sentido contrario, empresas tecnológicas que reducen requisitos formales y priorizan competencias verificables.
Este desplazamiento parcial del umbral de acceso profesional desde el grado hacia el posgrado, que, aunque no es universal ni homogéneo, si se produce en la formación docente a escala global. Sin duda que también se ha producido en las profesiones reguladas que exigen formación clínica, práctica supervisada o habilitación, así como en las ocupaciones científicas y tecnológicas intensivas en conocimiento; en los segmentos laborales competitivos altamente competitivos y donde la maestría funciona como mecanismo de selección, así como en los sistemas educativos en los que el grado se ha acortado o generalizado y el posgrado pasó a completar la formación profesional. Es este un proceso que se sostiene en el aumento del conocimiento, en las demandas de mayor calidad del trabajo docente y profesional y en la sobreoferta de profesionales que impulsa mejores mecanismos selectivos de acceso al mundo del trabajo. A escala global se han identificado múltiples ocupaciones en las que normalmente se requiere una maestría para ingresar, así como en aquellas donde se exige un doctorado o un título profesional equivalente para el ingreso exclusivo a dichos mercados. Estos procesos, al tiempo contribuyen a aumentar la calidad y la productividad de estos profesionales con estudios especializados de posgrado.
Esta tendencia no es meramente de los campos del conocimiento y de los mercados de trabajo, sino que se ha constituido en el eje de la política pública educativa. El proceso de Bolonia que sigue están orientaciones de impulso al posgrado para el ingreso a los mercados de trabajo, integra a 49 países, muchos más que los 27 países que forman parte de la Unión Europea. Estos impulsos hay contribuido decisivamente a aumentar las personas de la población económicamente activa con estudios de maestría o equivalente, en esos países donde ya se alcanza al 31% en Polonia, 26% en Francia y 18% en España, muy lejos de los datos del Uruguay, donde el promedio de jóvenes de hasta 29 años con una maestría terminada para el año 2024 se estima en menos del 0.5% de dicha población.
Aunque en América Latina el grado continúa siendo la habilitación dominante para muchas profesiones, sin embargo en la docencia, crecientemente existen exigencias de estudios de maestría o doctorado para el ingreso a los cargos docentes efectivos como en Brasil, Ecuador o Perú, y sin duda en los puestos de mayor estabilidad, autonomía, remuneración o prestigio. La maestría no sólo es requisito para ingresar al doctorado, sino también para el ingreso a los trabajos docentes. Lamentablemente estamos retrasados y empeorando en Uruguay. En la UDELAR no es requisito tener maestría para cursar el doctorado, CFE anula la formación de posgrados y ANEP faculta a ingresar a la docencia, y concursar en cargos docentes efectivos y en igualdad de condiciones a quienes no tienen ni títulos de grado.



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