El precio real de seguir la tendencia de los labios grandes

Ácido hialurónico, productos no autorizados y expectativas irreales: qué dicen los expertos sobre un procedimiento que dejó de ser discreto.

El ácido hialurónico es uno de los materiales más utilizados para los rellenos de labios, aunque especialistas advierten que conlleva riesgos

En una pantalla de celular, el cambio puede parecer sencillo: una foto del antes, otra del después y unos labios más definidos. La escena se repite en Instagram y TikTok, donde los procedimientos estéticos se volvieron contenido.

La American Society of Plastic Surgeons (ASPS) advierte que las redes sociales influyen en la demanda de procedimientos y pueden instalar expectativas poco realistas. Las imágenes editadas y los filtros muestran una versión de la belleza que no necesariamente puede reproducirse en cada rostro.

El problema aparece cuando el objetivo pasa a ser aumentar el volumen una y otra vez. Las tendencias pueden cambiar con rapidez y una moda pasajera puede dejar consecuencias duraderas en una persona. El punto importante está en saber qué se aplica y quién es el especialista que lo hace.

 

Productos utilizados

El ácido hialurónico es uno de los materiales utilizados para los rellenos dérmicos. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) explica que estos productos pueden utilizarse para aumentar la plenitud de los labios en adultos, pero aclara que, como cualquier procedimiento médico, tienen riesgos.

Hinchazón, hematomas, dolor, enrojecimiento y sensibilidad figuran entre los efectos frecuentes. También pueden aparecer infecciones, nódulos, reacciones alérgicas o necrosis, es decir, muerte del tejido.

Hay una complicación especialmente grave: que el relleno ingrese accidentalmente en un vaso sanguíneo. Los especialistas advierten que una obstrucción vascular puede provocar necrosis, alteraciones de la visión, ceguera o un accidente cerebrovascular. Aunque es poco frecuente, puede dejar consecuencias permanentes.

La ASPS también advierte sobre estas complicaciones y señala que el profesional debe conocer la anatomía, identificar señales de alarma y estar preparado para tratarlas. Por eso, no debería reducirse a una aplicación rápida en un local elegido por precio.

Muchos rellenos son temporales y requieren nuevas aplicaciones para mantener el efecto. Eso puede convertir una decisión puntual en una cadena de intervenciones cuando el objetivo pasa a ser conservar más volumen.

La FDA advierte contra la compra directa de rellenos faciales y labiales y contra los dispositivos sin aguja para inyectarlos. Estos métodos pueden provocar lesiones graves y daños permanentes en piel, labios u ojos.

La preocupación aumenta con sustancias no autorizadas o materiales cuya composición no puede comprobarse. Algunos pueden ser difíciles de retirar.

Las redes sociales instalaron el “antes y después” como parte del contenido, pero expertos advierten que las imágenes editadas pueden generar expectativas poco realistas

La consulta antes de la intervención

Un aumento de labios no debería comenzar con la motivación que genera la foto de una celebridad. La consulta médica es la que permite evaluar el rostro, conocer antecedentes, explicar el producto, el resultado esperable y sus complicaciones.

La ASPS recomienda acudir a profesionales capacitados y con experiencia en rellenos. La FDA coincide en que el proveedor debe estar habilitado y saber manejar las posibles complicaciones que se presenten.

Las redes pueden servir para conocer experiencias y procedimientos, pero no sustituyen una evaluación médica. Los expertos advierten que los contenidos en redes sociales de “antes y después” pueden estar editados y generar expectativas alejadas de lo que realmente puede conseguirse.

La señal de alarma puede estar en una pregunta simple: ¿por qué quiero más? Si cada aplicación responde a una tendencia o a una comparación permanente, el procedimiento deja de ser solamente una cuestión estética.

La naturalidad no debería medirse en mililitros. Tampoco la seguridad puede quedar subordinada a una fotografía, una promoción o una moda. El desafío es que la búsqueda de una imagen no comprometa la salud.

 

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