Durante años, el diagnóstico de azoospermia o sea la ausencia total de espermatozoides detectables en el semen significaba, para muchos hombres, la imposibilidad de tener hijos biológicos. Hoy, una técnica basada en inteligencia artificial está cambiando ese panorama. Desarrollada en el Columbia University Fertility Center, el sistema STAR (Sperm Tracking and Recovery) localiza espermatozoides extremadamente raros que los métodos tradicionales no consiguen encontrar.
El problema es frecuente. Alrededor del 1% de los hombres y cerca del 10-15% de los casos de infertilidad masculina presentan azoospermia. En estos pacientes, un técnico de laboratorio puede pasar horas —o incluso días— revisando una muestra bajo el microscopio sin hallar ninguna célula viable. El sistema STAR aborda el desafío de otra forma. La muestra de semen se introduce en un chip microfluídico del tamaño de un chicle. Allí fluye por un canal más fino que un cabello humano mientras una cámara de alta velocidad captura alrededor de 300 imágenes por segundo. En menos de una hora el sistema genera millones de fotografías —hasta ocho millones— y un algoritmo de inteligencia artificial las analiza en busca de la morfología característica de un espermatozoide.
Cuando la IA detecta una célula sospechosa, abre una pequeña válvula lateral en milisegundos y aísla esa porción de la muestra. Un robot extrae el espermatozoide para utilizarlo en fertilización in vitro o para congelarlo. El proceso se inspira, según sus creadores, en los algoritmos que los astrónomos emplean para descubrir objetos raros en el cielo nocturno.
Los resultados publicados hasta ahora son prometedores. En un caso documentado en The Lancet, una pareja que llevaba casi 20 años intentando concebir —con múltiples ciclos de FIV fallidos y búsquedas manuales infructuosas— logró un embarazo gracias a STAR. El sistema identificó dos espermatozoides viables en una muestra que los técnicos no habían podido aprovechar. En otra comparación, mientras un embriólogo experimentado no halló ninguno tras un análisis exhaustivo, STAR localizó 44 en una hora. En las primeras series de pacientes (alrededor de 175 casos), el sistema encontró y recuperó espermatozoides en aproximadamente el 26-30% de los hombres a los que previamente se les había dicho que no tenían ninguna posibilidad de usar su propio material genético. Según el equipo dirigido por el doctor Zev Williams, director del centro, STAR ha demostrado una sensibilidad cercana al 100% cuando hay al menos un espermatozoide presente y ha llegado a detectar hasta 40 veces más células que la búsqueda manual.
La técnica no crea espermatozoides donde no existen. Si la producción testicular es nula, no hay nada que encontrar. Sin embargo, en muchos pacientes diagnosticados como azoospérmicos sí hay células “ocultas” en concentraciones tan bajas que escapan a la detección convencional. Algunos investigadores proponen incluso una nueva categoría diagnóstica —microzoospermia— para describir estas concentraciones ultrararas que solo las tecnologías de imagen avanzada pueden revelar de forma fiable.
Desde su puesta en marcha oficial a finales de 2025, el sistema se utiliza de forma rutinaria en Columbia y la lista de espera incluye pacientes de varios países. El siguiente paso habitual es el proceso estándar de fertilización in vitro con inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI). No todos los casos terminan en embarazo, pero para muchas parejas representa la primera oportunidad real de tener un hijo genéticamente propio.

