Para muchos salir del quirófano significa que el problema está resuelto, sin embargo no es así. La columna ha sido intervenida en una zona que sostiene todo el peso del cuerpo y protege la médula espinal. Los músculos, ligamentos y nervios han sido manipulados durante la cirugía, lo que genera inflamación y dolor controlado. La rigidez inicial es un mecanismo de protección del organismo, busca evitar movimientos bruscos que puedan comprometer la zona operada.
El dolor suele ser más intenso durante las primeras 72 horas, pero disminuye progresivamente con la medicación adecuada y el reposo relativo. Uno de los errores más comunes en esta etapa es permanecer en cama todo el día. Eso aumenta la rigidez y retrasa la recuperación. La movilización temprana -caminar distancias cortas varias veces al día- favorece la circulación y ayuda a prevenir trombosis. También son recomendables los ejercicios respiratorios, que expanden la caja torácica y reducen el riesgo de neumonía postoperatoria.
La recuperación depende del tipo de cirugía, de la edad del paciente, de su estado de salud previo y de la adherencia al plan de rehabilitación. Pero hay hitos que se repiten en la mayoría de los casos. Durante las primeras una o dos semanas, el foco está en el descanso y el control del dolor. Hay que evitar sobrecargar la columna. No sé debe levantar objetos pesados, es preciso limitar los períodos prolongados sentado, evitar baños en los primeros días para proteger la incisión y abstenerse de conducir hasta que el cirujano lo autorice.

Entre las semanas cuatro y doce comienza la fase de recuperación activa. Aquí la fisioterapia cobra protagonismo. Un profesional debe guiar los ejercicios de movilidad articular y estiramientos suaves. La hidroterapia es especialmente útil porque el agua reduce el impacto en las articulaciones y permite movimientos más fluidos. También se trabaja la reeducación postural, aprender a sentarse, levantarse y agacharse correctamente es fundamental para no comprometer la zona operada.
A partir de los tres meses, el enfoque cambia hacia la construcción de resistencia y estabilidad. La consolidación ósea suele estar avanzada. Según especialistas, la recuperación después de una laminectomía o una cirugía de fusión es más prolongada, toma al menos de tres a cuatro meses para que los huesos sanen bien, y la cicatrización puede continuar durante al menos un año. En el caso de una artrodesis vertebral, una persona joven y saludable con un trabajo no extenuante puede estar fuera del trabajo entre cuatro y seis semanas. Para personas mayores o con cirugías más complejas, ese plazo se extiende de cuatro a seis meses.
La fisioterapia es el principal tratamiento tras las cirugías de columna. Mejora la movilidad, aporta seguridad y alivia el dolor. Pero no todas las terapias son iguales ni se aplican en el mismo momento. En la fase inicial, los ejercicios son suaves y están orientados a prevenir complicaciones.
Más adelante, se incorporan ejercicios de fortalecimiento del tronco y estabilización lumbar. La elongación muscular y la hidroterapia suelen ser especialmente beneficiosos. También se recomienda gimnasia postural, yoga o pilates, siempre que prioricen la seguridad de la columna. La evidencia muestra que la recuperación posquirúrgica optimizada en columna (REPOC) -un enfoque multimodal basado en la evidencia- reduce el dolor y disminuye los costes hospitalarios.
Hay conductas que parecen inofensivas pero que pueden sabotear todo el proceso. Permanecer en cama más de lo necesario es una de ellas. Ignorar las pautas de medicación también: el dolor mal controlado retrasa la recuperación. Y hay señales de alarma que no se deben pasar por alto: dolor que aumenta con el movimiento, pérdida de fuerza en las extremidades o entumecimiento que no mejora.
Fumar o usar productos de tabaco ralentiza el proceso de cicatrización, especialmente en cirugías de fusión o con injertos óseos. La rehabilitación después de una cirugía de columna no es un proceso que exige constancia, disciplina y, sobre todo, paciencia.

