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La salud renal en la mujer

La salud renal es un componente esencial del bienestar integral, pero con frecuencia pasa desapercibida, especialmente en las mujeres.

La salud renal es un componente esencial del bienestar integral

Aunque las enfermedades renales crónicas afectan tanto a hombres como a mujeres, existen diferencias biológicas, hormonales y sociales que hacen que las mujeres enfrenten riesgos particulares. Y, en muchos casos, diagnósticos más tardíos. Comprender estos factores y promover estrategias de prevención es clave para reducir el impacto de las enfermedades renales en la mujer adulta.

Las mujeres tienen una mayor predisposición a las infecciones del tracto urinario debido a la anatomía de su sistema urinario. La uretra femenina es más corta y está más cerca del ano, lo que facilita la entrada de bacterias a la vejiga. Si estas infecciones no se tratan a tiempo o se repiten con frecuencia, pueden ascender hacia los riñones. A la vez causar pielonefritis aguda, una infección renal que, si se cronifica, puede dañar la función renal de forma irreversible.

Además, las mujeres tienen una mayor incidencia de enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico, que afecta a los riñones en un alto porcentaje de los casos. La nefritis lúpica es una de las complicaciones más graves de esta enfermedad y puede llevar a insuficiencia renal si no se controla adecuadamente.

El embarazo es un período en el que los riñones trabajan al máximo. El aumento del volumen sanguíneo y la presión que ejerce el útero sobre los uréteres pueden provocar hidronefrosis fisiológica. Esto es una dilatación de las vías urinarias que suele resolverse después del parto. Sin embargo, las mujeres con enfermedades renales preexistentes o con factores de riesgo como hipertensión o diabetes deben ser monitoreadas de cerca durante la gestación. Ya que la preeclampsia y la eclampsia son complicaciones graves que pueden dañar los riñones. Además de poner en riesgo la vida de la madre y el feto.

Las mujeres tienen una mayor predisposición a las infecciones del tracto urinario

Los cambios hormonales que ocurren durante la menopausia también influyen en la salud renal. La disminución de los niveles de estrógenos se asocia con una mayor pérdida de calcio. Junto a un mayor riesgo de osteoporosis, pero también con un incremento en la prevalencia de enfermedad renal crónica. Estudios recientes sugieren que las mujeres posmenopáusicas tienen una tasa de filtración glomerular más baja que los hombres de la misma edad. Lo cual las hace más susceptibles a la progresión de la enfermedad renal.

Las mujeres suelen atribuir sus síntomas a otras causas, como el estrés, la fatiga o la menopausia, y retrasan la consulta médica. Además, algunos estudios han demostrado que las mujeres tienen menos probabilidades de ser derivadas a nefrología en las etapas iniciales de la enfermedad renal, lo que retrasa el inicio del tratamiento y empeora el pronóstico.

La diabetes y la hipertensión arterial son los dos principales factores de riesgo para la enfermedad renal crónica en todo el mundo. Y su prevalencia está aumentando en las mujeres debido al envejecimiento de la población y al incremento de la obesidad y el sedentarismo. El control de estos factores a través de una dieta saludable, ejercicio regular y el cumplimiento del tratamiento farmacológico es fundamental para prevenir el daño renal.

La prevención de la enfermedad renal en la mujer pasa por chequeos regulares que incluyan la medición de la presión arterial, la glucemia y la función renal. Un análisis de sangre que mida la creatinina y un análisis de orina para detectar proteinuria son las pruebas más sencillas y efectivas para evaluar la salud renal.

También es fundamental mantener una hidratación adecuada, evitar el consumo excesivo de sal y ultraprocesados. Así como moderar el consumo de alcohol. En las mujeres con diabetes o hipertensión, el control estricto de la glucemia y la presión arterial es la medida más eficaz para prevenir la nefropatía.

Los síntomas como la hinchazón en los pies y los tobillos, la fatiga, los cambios en la frecuencia y cantidad de orina, la presión arterial elevada o la presencia de espuma en la orina no deben ser ignorados. Consultar al médico ante cualquier sospecha y realizar los chequeos periódicos es la mejor inversión para preservar la salud renal a largo plazo.

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