BRISA: básquet en silla de ruedas como herramienta de inclusión

Álvaro “Tato” López, responsable del proyecto, apuesta a que la experiencia pueda crecer y llegar a más personas.

Álvaro “Tato” López y el descubrimiento del básquetbol adaptado sobre silla de ruedas: “Me cambió la vida”.

Hay experiencias que comienzan casi por casualidad y terminan modificando la manera de mirar una realidad. A Álvaro “Tato” López le ocurrió en 1994, cuando, después de terminar la cobertura de un campeonato de básquetbol y sin demasiados temas para su programa de radio, alguien le sugirió que entrevistara a jugadores de básquetbol en silla de ruedas.

Nunca había visto una práctica de ese tipo. Tampoco imaginaba que aquel primer contacto terminaría llevándolo a Brasil como periodista de una delegación uruguaya y, posteriormente, a dirigir durante años la selección uruguaya de básquetbol en silla de ruedas.

Más de tres décadas después, López volvió a ese ámbito con un objetivo diferente. Ya no se trata principalmente de competir ni de preparar una selección para un torneo internacional. El propósito es social: utilizar el deporte como una herramienta de inclusión, rehabilitación y autonomía.

Ese proyecto se llama BRISA —Básquetbol, Rehabilitación, Inclusión Social Activa— y actualmente desarrolla sus actividades en el Polideportivo Amelia Sanjurjo Casal, ubicado en Camino del Pretal 5961, en la zona de Colón y Villa Colón.

Las prácticas se realizan los martes y jueves, de 17 a 18 horas, y están abiertas a personas de diferentes edades y con distintas situaciones de discapacidad motriz. También pueden participar familiares y personas sin discapacidad que quieran acompañar la actividad.

El escenario es el Polideportivo Amelia Sanjurjo Casal, un espacio deportivo municipal que ofrece actividades gratuitas para distintas edades y que en 2025 adoptó el nombre de Amelia Sanjurjo Casal, vecina de Colón, trabajadora y militante del Partido Comunista detenida y desaparecida durante la dictadura. Sus restos fueron hallados 46 años después en el Batallón de Infantería Paracaidista Nº 14. El Polideportivo, está a muy pocas cuadras de La Tablada (Base Roberto), el excentro clandestino de detención  donde Sanjurjo –embarazada de su primer hijo – estuvo detenida y torturada hasta la muerte.

En ese ámbito funciona ahora una experiencia que busca que el deporte adaptado deje de ser visto como una actividad marginal y se transforme en una posibilidad concreta para quienes tienen dificultades de movilidad.

Un grupo de niños, adolescentes y adultos encontró en este deporte un espacio para ganar autonomía, mejorar su condición física y compartir con otros.

Un descubrimiento que cambió una mirada

López recuerda que su primer acercamiento al básquetbol en silla de ruedas se produjo hace 32 años, casi accidentalmente.

“Yo llegué a ONPLI en 1994 de casualidad”, cuenta. ONPLI —Organización Nacional Pro Laboral del Lisiado— trabaja desde una perspectiva vinculada a la autonomía y a la dignidad de las personas con discapacidad.

Después de realizar algunas entrevistas, recibió una invitación para acompañar a la delegación uruguaya a un Sudamericano en Brasil. Debía pagar su pasaje, aunque obtuvo una tarifa especial por viajar con la delegación. “Ahí me cambió la vida”, recuerda.

Lo que más lo impactó fue comprobar el grado de autonomía que podían desarrollar las personas con discapacidad a través del deporte. López llegó pensando que probablemente tendría que asistir o ayudar permanentemente a los integrantes de la delegación. Ocurrió exactamente lo contrario.

“Yo pensaba que iba a estar ayudando a todo el mundo. Nunca me pidió nadie nada”, relata. La experiencia le permitió comprender que el deporte podía ampliar enormemente las posibilidades de una persona que utiliza una silla de ruedas.

“Uno no va entendiendo que no es la misma persona que nosotros, que tenemos dos piernas y no hacemos gimnasia o deporte. La brecha es mucho mayor cuando una persona está en silla de ruedas y hace deporte. Las posibilidades que tienen ellos son maravillosas”, explica.

Aquella experiencia derivó en una larga trayectoria vinculada al básquetbol adaptado. López integró y dirigió la selección uruguaya durante años, viajó a Brasil, Venezuela y Argentina, realizó cursos de entrenador y participó también en el Comité Paralímpico Uruguayo.

Estuvo vinculado directamente con la selección desde 1994 hasta 2010. Después decidió alejarse de la competencia. El cansancio acumulado y la necesidad de buscar otro camino lo llevaron a pensar en un proyecto diferente. “Cuando me jubile vamos a buscar la vuelta para hacer algo parecido a eso, pero con un fin más social. Menos competitivo”, recuerda. Así comenzó a tomar forma BRISA.

El deporte como punto de partida

El proyecto cuenta con el respaldo de ONPLI y recibe apoyos de distintas instituciones, entre ellas la Secretaría Nacional del Deporte, el Ministerio de Educación y Cultura, el Ministerio de Desarrollo Social y la Intendencia de Montevideo.

El Polideportivo Amelia Sanjurjo Casal se convirtió en un lugar particularmente apropiado para desarrollar la experiencia.

López destaca que allí ya existía una población vinculada a actividades para personas con distintas discapacidades y dificultades de movilidad. El gimnasio es accesible y permite integrar la propuesta a un entorno comunitario más amplio.

“Nos abrió las puertas de una forma increíble”, señala.

BRISA trabaja actualmente con un grupo reducido, de aproximadamente ocho a diez participantes, aunque no todos concurren necesariamente al básquetbol en silla de ruedas. El proyecto busca que cada persona pueda encontrar una actividad acorde con sus posibilidades e intereses. La propuesta tampoco está limitada estrictamente a personas con una discapacidad motriz determinada.

“Nosotros queremos partir de una base de gente que quiera hacer deporte y que eso le facilite la socialización, sentirse mejor, estar en mejor condición física y, socialmente, otra cosa”, resume López.

Esa concepción permite incorporar situaciones diversas, incluso personas con parálisis cerebral o autismo, además de quienes presentan amputaciones o lesiones que afectan la movilidad.

López recuerda que su primer acercamiento al básquetbol en silla de ruedas se produjo hace 32 años.

Una disciplina exigente

Aprender a jugar básquetbol en silla de ruedas no es sencillo. Incluso para quienes tienen experiencia deportiva, el manejo de la silla constituye una nueva habilidad.

“La silla y vos llegan a ser una sola cosa”, explica López.

Las sillas utilizadas para competencia son máquinas especialmente diseñadas, muy livianas y costosas. Algunas pueden pesar apenas tres o cuatro kilos y alcanzar valores de varios miles de dólares. Las utilizadas actualmente por BRISA son mucho más sencillas y económicas. López cuenta que consiguió una de las últimas en Brasil por unos 700 dólares y que buena parte del equipamiento se obtiene gracias a la colaboración de distintas personas e instituciones.

El básquetbol en silla de ruedas conserva prácticamente todas las dimensiones y reglas del básquetbol convencional. El aro mantiene su altura reglamentaria de 3,05 metros.

Hay, sin embargo, adaptaciones relacionadas con el desplazamiento en silla. Por ejemplo, un jugador puede picar la pelota, tomarla y volver a picarla, pero no puede avanzar dando más de dos impulsos a la silla mientras tiene la pelota.

También existe un sistema de clasificación que asigna un puntaje a cada jugador de acuerdo con el grado de discapacidad. En la competencia, la suma de los jugadores que están en cancha no puede superar determinado límite.

López destaca además una particularidad que suele pasar inadvertida: una regla que nació en el básquetbol en silla de ruedas terminó siendo incorporada por el básquetbol convencional. Se trata de la llamada “flecha de posesión”, que determina a qué equipo corresponde la pelota después de una situación de balón retenido, un sistema que primero fue utilizado en el básquetbol en silla de ruedas y luego adoptado por el básquet profesional.

El sistema tiene una finalidad inclusiva: evitar que los equipos elijan exclusivamente a quienes tienen mayores posibilidades funcionales. “Si no existiera eso, serían dejados de lado”, sostiene López.

De esa manera, el reglamento obliga a incorporar jugadores con mayores niveles de discapacidad y convierte la diversidad funcional en parte del juego.

En BRISA, además, las reglas pueden adaptarse todavía más. Los aros se bajan para quienes están comenzando y se utilizan pelotas más pequeñas y livianas. El objetivo no es generar frustración. “Si viene acá, tira 20 veces y no toca nunca el aro, lo bajamos para que toque el aro. Queremos que la gente se sienta cómoda y disfrute”, explica.

Más que básquetbol

La aspiración de BRISA no termina en la cancha. ONPLI cuenta con un taller metalúrgico, una imprenta y una encuadernadora donde trabajan personas con discapacidad motriz. El proyecto busca que, con el tiempo, quienes participan de las actividades deportivas puedan también acceder a herramientas de capacitación y eventualmente encontrar nuevas posibilidades laborales.

En ese marco surgió además un acuerdo con Antel para incorporar herramientas de informática. La empresa proporcionó diez computadoras y se trabaja en la instalación de un espacio destinado a capacitación en ONPLI.

El deporte aparece así como una puerta de entrada a otras oportunidades.

“Parte de estos gurises algún día puede llegar a una situación de aprender un oficio, tener otra salida laboral”, plantea López.

El proyecto también procura ampliar su alcance territorial. Ya realizó actividades en otros espacios de Montevideo y tiene previsto participar en propuestas de deporte adaptado en el Parque de la Amistad. Además, mantiene conversaciones con organizaciones de Canelones.

Para López, el desafío inmediato es conseguir más participantes y recursos que permitan sostener el crecimiento.

La meta de máxima sería llegar algún día a formar nuevamente un equipo competitivo de básquetbol en silla de ruedas. Pero no es una prioridad inmediata. “Si vos me decís un punto culminante, es armar un equipo, pero no hablamos de menos de cuatro o cinco años”, advierte.

Hoy el objetivo es mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más ambicioso: que más personas con discapacidad motriz encuentren un lugar donde hacer actividad física, relacionarse, divertirse y sentirse parte. “Estamos en el inicio”, resume López.

Y en ese inicio, una pelota, una silla de ruedas y una cancha pueden convertirse en mucho más que elementos deportivos. Pueden ser herramientas para recuperar confianza, ampliar autonomía y construir vínculos. Para alguien que descubrió este mundo hace 32 años casi por casualidad, esa transformación es precisamente la razón para volver a empezar.


Cómo acercarse a BRISA

La propuesta de BRISA está dirigida principalmente a personas con discapacidad motriz que quieran realizar actividad física, aunque el proyecto está abierto a niños, niñas, adolescentes, adultos, personas mayores y también familiares que quieran participar.

Las actividades de básquetbol en silla de ruedas se desarrollan los martes y jueves, de 17 a 18 horas, en el Polideportivo Amelia Sanjurjo Casal, ubicado en Camino del Pretal 5961, en Colón.

El proyecto cuenta con el respaldo de ONPLI, institución que proporciona parte del equipamiento y trabaja para ampliar las posibilidades de capacitación y autonomía de las personas con discapacidad.

Quienes quieran obtener información pueden comunicarse con ONPLI al teléfono 2203 3061, o dirigirse a su sede de Ceibal 1629.

También existe información y un canal de contacto a través del sitio https://brisa.onpli.org/    , donde las personas interesadas pueden plantear sus consultas y conocer las características de la propuesta.

La participación procura ser accesible y no está planteada desde una lógica competitiva, sino como una herramienta de integración social y actividad física.

Comparte esta nota:

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Últimos artículos de Sociedad