Empezaron a aparecer los primeros brotes en los plátanos de Montevideo. Todavía son pequeñas hojas verdes entre las ramas desnudas, pero para muchos funcionan como una advertencia. Se acerca la época de los estornudos, la congestión nasal, la picazón en los ojos y el lagrimeo. Al mismo tiempo ocurre otra escena típicamente montevideana: los días se alargan, mejora el tiempo y la rambla empieza a recuperar corredores, caminantes y bicicletas. Son dos imágenes de la primavera. Y las dos terminan, de distinta manera, reflejándose en las consultas médicas. “Las estaciones modifican nuestras actividades y también nuestra exposición al ambiente. Con la llegada de la primavera empiezan a aparecer algunos cuadros alérgicos y respiratorios y también consultas vinculadas al regreso a la actividad física”, explica la doctora Ana Mieres, directora técnica de UCM Falck.
Llegar antes que el primer estornudo
La primavera tiene una ventaja para quienes padecen alergias estacionales: suele avisar. “Setiembre es la época de mayor incidencia de cuadros respiratorios de origen alérgico”, especialmente entre personas con antecedentes, informa Mieres. La especialista recomienda anticiparse: “Es mejor tomar la medicación preventiva antes de que aparezcan los primeros síntomas primaverales”. Eso no significa empezar a tomar antihistamínicos por cuenta propia porque brotó un plátano. Significa que quien tiene una alergia diagnosticada y repite el mismo cuadro cada año puede anticiparse siguiendo el tratamiento indicado por su médico. Y no todo es culpa del plátano.
El Laboratorio de Palinología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República estudia los pólenes y esporas presentes en el aire de Montevideo. Además del plátano, existen otras especies con polen alergénico y, a medida que avanza la primavera, adquieren importancia también las gramíneas. Hay además una confusión frecuente. La conocida pelusa que desprenden los plátanos no es lo mismo que el polen. Mieres explica que los filamentos pueden actuar como irritantes mecánicos de la mucosa nasal y ocular, incluso en personas que no son alérgicas. No todo estornudo de primavera es entonces una alergia. Y no toda alergia es culpa del plátano. “Hay una razón para no esperar a que el cuadro esté plenamente instalado. Cuando la inflamación y la congestión ya son importantes, controlar los síntomas puede ser más difícil. En quienes tienen indicación médica y un patrón estacional conocido, anticiparse puede hacer una diferencia”, añade.
Una primavera marcada por El Niño
Este año hay además un componente climático particular. La Organización Meteorológica Mundial confirmó a comienzos de setiembre que El Niño está consolidado y se espera que continúe intensificándose durante los próximos meses, hasta alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. Eso no significa que vaya a llover más en todo Uruguay. Para setiembre, octubre y noviembre, INUMET prevé precipitaciones por encima de lo normal principalmente en el noreste del país. En el suroeste, en cambio, se esperan valores normales o inferiores, mientras que en la zona intermedia no existe una tendencia predominante. ¿Por qué puede importar esto para alguien con alergia? Porque el polen no se comporta igual todos los días. Las condiciones meteorológicas influyen en su presencia y dispersión en el aire: el viento, la humedad y las precipitaciones pueden modificar la exposición. “Las personas alérgicas suelen comprobar que sus síntomas cambian mucho de un día para otro. No depende solamente de qué especies están floreciendo, sino también de las condiciones ambientales que determinan cómo esas partículas se dispersan”, explica Mieres.

El otro error de la primavera
Hay una segunda señal del cambio de estación. Basta contemplar la rambla. Mucha gente vuelve a correr, caminar, andar en bicicleta, jugar al fútbol o entrenar después de meses de menor actividad. El problema aparece cuando alguien pretende volver exactamente donde lo dejó. “El cuerpo no conserva indefinidamente el estado físico alcanzado. Si una persona estuvo varios meses con poca actividad, no debería pretender recuperar en dos semanas lo que perdió durante meses. El regreso tiene que ser progresivo”, advierte Mieres. Para una persona de 40, 50 o 60 años que vuelve a entrenar después de meses de inactividad, ese regreso progresivo adquiere particular importancia, sobre todo si existen factores de riesgo cardiovascular. Una vuelta demasiado rápida puede terminar en una contractura, una lesión muscular o una molestia articular. Pero existen otras señales que no deberían atribuirse simplemente a estar “fuera de estado”. “Dolor o presión en el pecho, falta de aire desproporcionada para el esfuerzo, mareos, sensación de desmayo o palpitaciones acompañadas de malestar son señales para detener la actividad y consultar”, señala Mieres. La diferencia es importante. Quien vuelve a entrenar después de varios meses espera cansarse. Precisamente por eso puede minimizar un síntoma que merece atención. No se trata de tener miedo al ejercicio. Al contrario. Se trata de volver para quedarse.
El tema adquiere este año una dimensión adicional. El Ministerio de Salud Pública está realizando la tercera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de Enfermedades No Transmisibles (ENFRENT), que vuelve después de más de una década. La última edición fue en 2013. Por primera vez incorpora un módulo específico sobre actividad física y deporte. La encuesta releva además factores como alimentación, tabaquismo, consumo de alcohol, sobrepeso y obesidad, hipertensión arterial y niveles de glucosa y colesterol. El estudio permitirá actualizar cuánto se mueven los uruguayos, por qué hacen —o no hacen— actividad física y en qué condiciones la realizan. Mientras llegan esos datos, cada primavera ofrece una versión bastante menos científica pero muy visible del fenómeno. Está en quien vuelve a ponerse los championes para salir a correr después de varios meses. Y también en los primeros brotes de los plátanos. Para unos, el consejo es anticiparse al primer estornudo. Para otros, no intentar recuperar en dos semanas lo que perdieron durante meses. Pero existe una recomendación que sirve para ambos casos. “Saber cuándo consultar, y sobre todo, cuándo no esperar, puede marcar la diferencia entre una buena evolución y una complicación grave”, ha señalado Mieres. La primavera invita a volver a salir. La clave es escuchar las señales antes de que el cuerpo obligue a hacerlo.

