Angelina Solari: el oro que empezó mucho antes de llegar a la piscina

La nadadora uruguaya de 18 años conquistó en los 100 metros libres la primera medalla dorada de Uruguay en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. Detrás del resultado aparecen años de entrenamientos, sacrificios familiares y una decisión que marcó su carrera: dejar Uruguay para continuar su desarrollo deportivo y académico en Estados Unidos.

La joven nadadora uruguaya conquistó el oro en los 100 metros estilo libre.

Las medallas se ganan en segundos, pero detrás de esos segundos pueden existir años enteros de esfuerzo. Angelina Solari acaba de comprobarlo. La joven nadadora uruguaya conquistó el oro en los 100 metros estilo libre y entregó a Uruguay su primera medalla dorada en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026.

Sin embargo, la historia de Solari comenzó mucho antes de subir al podio. Tenía apenas cinco años cuando empezó a nadar junto a su hermana en el Club Olimpia, en el barrio Colón de Montevideo. En aquel momento no existía un proyecto de alto rendimiento ni una familia pensando en fabricar una campeona. Había una razón mucho más sencilla y personal.

Su madre, Patricia Gagliardi, había sufrido durante su infancia un episodio en el que estuvo cerca de ahogarse. Por eso tomó una decisión cuando tuvo hijos: aprenderían a nadar. Dos años después, Angelina ingresó al plantel y comenzó una rutina que progresivamente dejó de parecerse a la vida habitual de una niña. Llegaron los entrenamientos matutinos, las competencias, los fines de semana ocupados y una disciplina que inevitablemente terminó involucrando a toda la familia.

Una medalla que también tiene historia familiar

El alto rendimiento suele mostrar al deportista cuando gana. Mucho menos visibles son quienes madrugan junto a él, pagan viajes, reorganizan horarios y aceptan perder cumpleaños, reuniones familiares y fines de semana. “Tenés que resignar pila de cosas, de reuniones familiares, de cumpleaños, de todo, porque tenés que estar en competencia”, explicó Gagliardi al Comité Olímpico Uruguayo (COU).

Angelina también comenzó muy temprano a tomar decisiones que podían resultar difíciles de comprender para otros niños de su edad.

Su madre recuerda preguntas que recibía: cómo conseguía que su hija se levantara tan temprano o por qué asistía a un cumpleaños y no comía determinados alimentos. La respuesta familiar encerraba una filosofía: “No se está privando, simplemente está eligiendo”. Esa elección fue creciendo junto con ella.

El salto hacia Estados Unidos

Con los años apareció también una realidad incómoda para buena parte del deporte uruguayo: el talento puede desarrollarse hasta determinado punto, pero competir internacionalmente exige infraestructura, recursos y equipos profesionales que muchas familias difícilmente pueden financiar. El punto de inflexión para Solari llegó en Brasil.

La nadadora pidió como regalo de cumpleaños participar en un torneo para medirse frente a competidoras de mayor nivel. Allí estableció un récord nacional de 25,64 segundos en los 50 metros libres. Pero alguien también estaba observando.

Un representante de la Universidad de Louisville, Kentucky, reparó en aquella joven uruguaya que competía sin tener a su entrenador junto a ella y disponiendo de recursos considerablemente menores que otras participantes. De aquella competencia surgió una posibilidad que terminaría transformando su vida: continuar su carrera en Estados Unidos mediante una beca universitaria. Cuando cumplió 18 años, en abril, llegó el momento de marcharse. Para su familia significó aceptar la distancia. “Es duro, es bien duro”, reconoció su madre. Pero los entrenadores ya habían advertido que Angelina necesitaba dar un salto para continuar evolucionando. La decisión expone además una realidad que supera ampliamente su historia personal. Según explicó Gagliardi al COU, muchas veces las familias uruguayas deben asumir directamente los costos de los viajes internacionales y los deportistas compiten sin equipos completos de fisioterapeutas, masajistas u otros profesionales especializados. Allí aparece otra competencia que nunca figura en los resultados oficiales: la desigualdad de recursos con la que los atletas llegan a la misma línea de partida.

Angelina Solari ganó los 100 metros libres y consiguió la primera medalla de oro de Uruguay en estos Juegos Suramericanos.

Y finalmente llegó el oro

En Santa Fe, todos aquellos años desembocaron en una piscina. Angelina Solari ganó los 100 metros libres y consiguió la primera medalla de oro de Uruguay en estos Juegos Suramericanos. Para su madre, detrás del resultado existe una palabra que explica buena parte de la emoción: esfuerzo. Pero la familia también aprendió durante todos estos años que el deporte de alto rendimiento no puede medirse únicamente por victorias. “No siempre ganás, siempre va a haber alguien mejor que tú y tu primer rival sos tú mismo”, señaló Gagliardi. Es posiblemente una de las enseñanzas más importantes de esta historia. Porque mañana aparecerá otra competencia. Habrá nuevas rivales, mejores marcas, derrotas y oportunidades. Angelina tiene apenas 18 años y todavía está construyendo su camino. Su presente en Estados Unidos puede ofrecerle condiciones deportivas diferentes, pero también formación académica y experiencias que trascienden una piscina. Su madre lo resume desde una perspectiva que coloca las medallas en su verdadera dimensión: “Lo deportivo es corto”. Por eso, cuando le preguntan qué espera del futuro de su hija, Patricia Gagliardi no habla de récords ni de podios. Quiere que se realice como persona.

El oro de Santa Fe quedará registrado en las estadísticas del deporte uruguayo. Pero detrás de esa medalla existe otra historia que ninguna tabla de resultados puede mostrar. La de una niña que comenzó a nadar a los cinco años. La de una familia que reorganizó su vida para acompañarla. La de viajes realizados con recursos limitados. La de una adolescente que tuvo que marcharse del país para intentar alcanzar otro nivel competitivo. Y la de una deportista que, a los 18 años, consiguió que todo aquel esfuerzo terminara, por unos instantes, en lo más alto del podio.

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