“China es un socio confiable: sin su industria, el sistema de salud uruguayo no podría sostener sus costos”

Entrevista a Pablo Cuarzaro, importador de insumos de enfermería desde China.

En un contexto de encarecimiento logístico y tensiones comerciales globales, el suministro de insumos médicos se ha convertido en un tema estratégico. Uruguay importa más del 80% de sus materiales hospitalarios, y China ocupa un papel central en esa cadena. Pablo Cuarzaro, empresario del sector y director de Medimport S.A., conversa sobre los desafíos de traer productos médicos al país, los controles de calidad y el rol creciente de la cooperación con Asia.

– ¿Cómo empezó su vínculo con China como proveedor principal de insumos médicos?.

– Empezamos hace más de diez años, cuando el mercado chino todavía era visto con cierta desconfianza. En aquel momento, la mayoría de los hospitales uruguayos dependía de intermediarios europeos. Nosotros apostamos por construir relaciones directas con fábricas en Shanghái y Guangzhou. Con el tiempo, los estándares chinos mejoraron enormemente, y hoy trabajan bajo certificaciones ISO y FDA que les permiten competir a nivel global.

– ¿Qué tipo de productos importan actualmente?.

– Principalmente insumos de enfermería y uso hospitalario: guantes, barbijos, jeringas, batas, gasas, sondas, equipos de infusión, catéteres y artículos descartables. También algunos dispositivos de monitoreo, como oxímetros y tensiómetros digitales. China se ha convertido en el principal productor de este tipo de equipamiento, con precios que permiten mantener abastecido al sistema de salud sin afectar los presupuestos públicos.

– ¿La pandemia cambió su dinámica comercial?.

– Totalmente. Durante 2020 y 2021 vivimos un colapso logístico: vuelos cancelados, fletes marítimos que se triplicaron y una demanda global desbordada. Fue un desafío enorme, pero también un aprendizaje. Las fábricas chinas respondieron con una rapidez impresionante. Nos enviaban cargamentos cada diez días, incluso en los momentos más críticos. Sin ese abastecimiento, los hospitales uruguayos se habrían quedado sin insumos básicos.

– Algunos sectores critican la dependencia de productos chinos. ¿Cómo responde a eso?

– Es una crítica comprensible, pero alejada de la realidad. China no es solo “barato”, es eficiente, innovador y confiable. Muchos productos que hoy se consideran de alta gama también provienen de allí, simplemente con marca europea o estadounidense. Lo importante es mantener un control técnico local: verificaciones sanitarias, trazabilidad y homologación del Ministerio de Salud Pública. En ese sentido, Uruguay tiene un sistema muy serio.

– ¿Cómo se gestionan los estándares de calidad?

– Cada lote que importamos pasa por doble control: el de origen —en fábrica— y el nacional, a través de certificaciones del LATU y la habilitación del MSP. Además, trabajamos con auditorías independientes. La clave está en seleccionar proveedores responsables y en construir confianza a largo plazo. En China hay fábricas de nivel medio, pero también verdaderos gigantes tecnológicos en el área médica.

– ¿Cómo ve el futuro de la relación comercial con China en el área de salud?

– Creo que va a profundizarse. China está invirtiendo en biotecnología, robótica médica y equipos de diagnóstico inteligente. Uruguay puede beneficiarse mucho de esa cooperación, sobre todo en innovación y transferencia tecnológica. Ya no se trata solo de importar, sino de establecer alianzas técnicas y de investigación.

– ¿Cuál es hoy el principal desafío para los importadores?

La volatilidad del transporte internacional. Los costos de los fletes siguen siendo altos, y cualquier crisis global —como la del mar Rojo o el conflicto en Taiwán— puede alterar los precios. Además, la carga impositiva local encarece la cadena. Uruguay necesita una política sanitaria y comercial más integrada, que entienda que el suministro médico no es solo un negocio: es una cuestión de soberanía sanitaria.

– En una frase, ¿qué representa China para su empresa?

Diría que es un socio estratégico y previsible. Sin la industria china, la atención médica uruguaya sería mucho más cara y menos accesible. No se trata de dependencia, sino de interdependencia inteligente.

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