La cirugía robótica, también denominada cirugía asistida por robot, ha transformado el panorama quirúrgico desde sus inicios en la década de 1970. Esta tecnología permite a los médicos realizar procedimientos complejos con mayor precisión, flexibilidad y control en comparación con las técnicas tradicionales. A diferencia de la cirugía abierta convencional, que requiere grandes incisiones, la robótica utiliza instrumentos miniaturizados insertados a través de pequeñas aberturas, lo que define su carácter mínimamente invasivo.
El sistema quirúrgico robótico típico consta de brazos mecánicos, que incluyen un brazo para la cámara y otros para los instrumentos, y una consola desde la cual el cirujano los controla. Sentado frente a esta consola cerca de la mesa de operaciones, el especialista obtiene una visión tridimensional ampliada y de alta definición del campo operatorio. Sus movimientos son traducidos por el robot en acciones precisas de los instrumentos, mientras un equipo de ayuda asiste durante la intervención.

Entre los beneficios para el paciente destacan una menor pérdida de sangre, reducción del riesgo de infección, menos dolor postoperatorio, cicatrices más pequeñas y menos visibles, estancia hospitalaria más corta y recuperación más rápida. La precisión milimétrica que ofrece esta tecnología minimiza el daño a los tejidos circundantes y permite realizar intervenciones complejas con mayor seguridad y eficacia.
La cirugía robótica se emplea en una amplia variedad de especialidades. Como por ejemplo, en urología, ha revolucionado procedimientos como prostatectomías radicales con preservación de nervios, nefrectomías parciales, cistectomías y pieloplastias. En ginecología, se utiliza para histerectomías, miomectomías para extirpar fibromas uterinos, cirugía para endometriosis y corrección de prolapso pélvico. En cirugía general, facilita colecistectomías, reparación de hernias, cirugía bariátrica como bypass gástrico y gastrectomía en manga, así como cirugía colorrectal y oncológica.
Otras especialidades también se benefician de esta tecnología. En cirugía cardíaca, se emplea para bypass coronario, reparación de válvulas mitral y tricúspide y cierre de defectos septales. En cirugía torácica, permite realizar lobectomías, resecciones pulmonares, timectomías y esofagectomías. La ortopedia ha adoptado la robótica para reemplazos articulares y procedimientos de columna vertebral de alta precisión, mientras que en cirugía pediátrica posibilita intervenciones complejas con menor invasividad y recuperación acelerada.
El Sistema Quirúrgico da Vinci es uno de los más extendidos y conocidos a nivel mundial. Se compone de tres elementos principales, la consola del cirujano, el carro del paciente con brazos robóticos y un sistema de visión tridimensional de alta definición. Su uso abarca todas las especialidades mencionadas. Destacando en urología y ginecología por su capacidad para operar en espacios reducidos con precisión, destreza y visión ampliada. Existen otras plataformas disponibles, como el sistema Senhance o el sistema ROSA, cada una adaptada a diferentes necesidades quirúrgicas y tipos de intervenciones.
Por otro lado, la integración de inteligencia artificial con los sistemas robóticos está abriendo la puerta a planes de tratamiento personalizados y toma de decisiones basada en datos. Esta evolución promete extender las aplicaciones de la cirugía robótica más allá de los límites actuales, allanando el camino para procedimientos cada vez más sofisticados y adaptados a cada paciente.
A pesar de sus ventajas, la cirugía robótica no se recomienda a todos los pacientes. Ciertas condiciones médicas o anatómicas pueden desaconsejar su uso. Los riesgos incluyen infección y otras complicaciones similares a las de la cirugía tradicional, aunque en menor proporción. Persisten desafíos significativos como el elevado costo de los equipos, la necesidad de capacitación especializada para los cirujanos. Así como la disponibilidad limitada en algunos centros médicos.

