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Conoce la Regla de Osha, una fe que nació del sincretismo y la resistencia cultural en Cuba

También conocida como Santería o Regla Lucumí, esta religión de origen africano surgió en Cuba durante el siglo XIX como un mecanismo de supervivencia espiritual de los esclavos yorubas. Su riqueza teológica, su panteón de deidades y su profundo respeto por la naturaleza la convierten en una de las tradiciones religiosas más complejas del continente americano.

La Regla de Osha es parte de la resistencia cultural cubana desde el tiempo de la Colonia

La Regla de Osha, conocida en el mundo occidental como Santería o tradicionalmente como Regla Lucumí. Esta constituye un profundo sistema religioso y filosófico que emergió en Cuba durante el siglo XIX.  La finca El Palenque, ubicada en Marianao, en La Habana, capital cubana, fue un sitio histórico clave. Hacia la década de 1880, allí vivió una importante comunidad de precursores yorubas que ayudaron a formar la Regla de Ocha. 

Nació como un mecanismo de supervivencia espiritual, resistencia cultural y preservación de la identidad de los pueblos yorubas que fueron arrancados de sus tierras ancestrales en África Occidental mediante el tráfico de esclavos. Este sistema de creencias es una reconfiguración teológica en la que el panteón de los Orishas -entidades sagradas que personifican las fuerzas de la naturaleza y los arquetipos del comportamiento humano- se entrelazó con el santoral católico. Este fenómeno histórico de sincretismo religioso permitió que, por ejemplo, Changó, deidad del trueno y el fuego, fuera adorado bajo la imagen de Santa Bárbara.

La Regla de Osha, es conocida en el mundo occidental como Santería o Regla Lucumí

Lo mismo con Yemayá, dueña de los mares, se asociara con la Virgen de Regla y Ochún, personificación de las aguas dulces y el amor, encontrara su espejo en la Virgen de la Caridad del Cobre. También se encuentran Elegguá (dueño de los caminos), Obatalá (creador), Oggún (representa el hierro, la guerra y el trabajo duro). Asimismo Babalú Ayé o San Lázaro (es el santo de la salud, los milagros y los enfermos) y Oyá, dueña de los vientos, las centellas, las tormentas y los temporales. Es la guardiana de las puertas del cementerio.

En el núcleo de esta cosmovisión se halla la creencia en una fuerza suprema y creadora conocida como Olodumare. De quien emana el Ashé, concebido como la energía vital universal, el poder creador y la fuerza invisible que anima toda la creación. La estructura operativa de esta tradición se divide en dos ramas. La Osha propiamente dicha, que engloba el culto a los Orishas a través de sacerdotes. Y sacerdotisas conocidos como santeros, iyalorishas o babalorishas. Y la rama de Ifá, centrada en un sistema de adivinación resguardado por los babalawos, intérpretes de Orunmila, el Orisha de la sabiduría.

El acceso a los misterios de esta religión requiere un riguroso proceso de iniciación progresiva que comienza con ceremonias como la entrega de los collares sagrados, conocidos como elekes. Y culmina en el ritual del Kariosha -coloquialmente llamado «hacerse el santo»-, donde la cabeza del iniciado es consagrada a su Orisha tutelar. La adivinación constituye el eje vertebral de la práctica cotidiana. En el mismo se utilizan herramientas como los dieciséis caracoles (Diloggún) o el tablero de Ifá para descifrar los signos que revelan el destino y ofrecen soluciones a los dilemas humanos.

Dentro de la sociología de la Regla de Osha, la casa de santo o Ilé Osha funciona como una verdadera familia extendida. Donde el padrino o la madrina asumen la responsabilidad de guiar a sus ahijados por el sendero del bien. Transmitiendo de manera oral los cantos rituales en lengua yoruba, los toques de los tambores sagrados Batá, y el conocimiento de las plantas sagradas.

A pesar de haber sufrido siglos de persecución, estigmatización y prejuicios, esta religión ha demostrado una resiliencia fenomenal, expandiéndose desde Cuba hacia todo el continente americano y Europa. Hoy se consolida no solo como un patrimonio cultural inmaterial de gran valor, sino como una religión viva que ofrece consuelo espiritual. Además  de un sentido de pertenencia y una conexión directa con los elementos más puros y sagrados de la naturaleza y del alma universal.

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