Conversatorio sobre salud mental puso foco en la ley, la prevención y el rol de la comunidad

Convocado por Rotary Club Capurro, especialistas insistieron con que la problemática de la salud mental debe ser difundida, “salir de las carpetas y estar en la calle”.

Los panelistas durante el conversatorio realizado en el edificio Del Plata Office.

Organizado por el Rotary Club Capurro, el jueves 27 de noviembre se realizó en el edificio Del Plata Office un nuevo conversatorio sobre salud mental, con la participación de la licenciada en Enfermería y especialista en Salud Mental Matilde Pérez Coles; el doctor Rubén Perazza, médico especialista en Administración de Servicios de Salud y Salud Pública; y el licenciado en Geografía Gonzalo Giraldez, especialista en Metodología de la Investigación Científica. La moderación estuvo a cargo de la doctora Andrea Zumar, mientras que el presidente de la institución, Octavio Aybar, abrió la actividad con el tradicional golpe de campana.

Aybar agradeció la presencia del público y destacó el sentido del evento en un momento en el que —señaló— la salud mental debe “salir de las carpetas y estar en la calle”, para que la población tome conciencia del problema. Zumar retomó ese concepto al dar la bienvenida, subrayando la importancia de “poner estos temas en agenda pública” y de que los asistentes los repliquen en sus entornos.

La moderación estuvo a cargo de la doctora Andrea Zumar.

La salud mental como un proceso integral

La primera exposición estuvo a cargo de Matilde Pérez Coles, quien propuso un enfoque amplio del concepto de salud mental y de los desafíos que enfrenta Uruguay en esta materia. Comenzó recordando la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que la entiende como un estado de bienestar que permite a las personas ser conscientes de sus capacidades, afrontar el estrés normal de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a la comunidad. Pero advirtió que la legislación uruguaya incorpora una visión aún más abarcativa.

Pérez Coles explicó que el país cuenta desde 2017 con la Ley de Salud Mental N.º 19.529, aunque “muchas personas no la conocen e incluso muchos trabajadores de la salud tampoco”. Si bien la normativa está disponible públicamente, “no es visible ni suficientemente hablada”, dijo la especialista, lo que constituye uno de los principales obstáculos para su aplicación efectiva.

La definición de salud mental incluida en la ley contempla dimensiones históricas, socioeconómicas, culturales, biológicas y psicológicas, lo que implica ver “al ser humano como un todo”. Este enfoque supone atender no solo síntomas, sino también las condiciones de vida, los vínculos, los contextos y la trayectoria personal de cada individuo. En ese sentido, Pérez Coles enfatizó que la salud mental no puede abordarse exclusivamente desde una perspectiva clínica o psiquiátrica, sino desde una mirada interdisciplinaria y comunitaria.

Un modelo basado en derechos y en la comunidad

Uno de los puntos centrales de la exposición de Pérez Coles fue el modelo de atención que la ley plantea para Uruguay. La normativa propone avanzar hacia un sistema centrado en la comunidad, con énfasis en la promoción y la prevención, y en el respeto de los derechos humanos. También establece la necesidad de sustituir el modelo asilar y cerrar progresivamente el hospital monovalente.

La licenciada recordó que Uruguay tiene como institución psiquiátrica de referencia al Hospital Vilardebó, que atraviesa desde hace décadas dificultades edilicias, estructurales y de recursos humanos. Según explicó, la ley exige avanzar hacia un modelo que privilegie la atención en territorio, evitando internaciones innecesarias y fortaleciendo equipos interdisciplinarios.

Sin embargo, Pérez Coles advirtió que “esto todavía no está pasando” y que persisten problemas críticos, como la falta de psiquiatras en todo el país. Señaló que incluso en hospitales públicos se dan situaciones en las que no hay psiquiatras de guardia, lo que obliga a recurrir a servicios de emergencia para situaciones agudas. También subrayó las dificultades que enfrentan los usuarios para acceder a psicoterapia o atención especializada dentro del Sistema Nacional Integrado de Salud.

El grupo de panelistas y algunos de los concurrentes al conversatorio.

Situaciones de riesgo y señales de alerta

Pérez Coles dedicó parte de su presentación a las señales de alerta que pueden indicar la presencia de problemas de salud mental: cambios de conducta, trastornos del sueño, irritabilidad, tristeza persistente, aislamiento, ansiedad, angustia o desesperanza. Aclaró que estos signos no siempre implican una patología, pero cuando se mantienen en el tiempo deben ser tenidos en cuenta.

La especialista insistió en que cualquier persona puede atravesar un evento traumático, como un accidente, una pérdida repentina o situaciones de violencia, que pueden derivar en depresiones, crisis de pánico o fobias. Por ello, remarcó la importancia de observar, acompañar y evitar minimizar lo que le sucede a otra persona. “Un espacio de escucha puede salvar una vida”, señaló.

También advirtió sobre el avance de la soledad y la desconexión social, fenómenos que atribuye en parte al uso excesivo de pantallas. “Cada vez estamos más conectados y a la vez más solos”, afirmó. En esa línea, llamó a establecer límites y promover espacios de encuentro reales.

Autocuidado y rol comunitario

Para Pérez Coles, el autocuidado es una herramienta clave tanto para la prevención como para poder acompañar a otros. Mencionó prácticas básicas como dormir bien, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, limitar el uso de pantallas, fomentar la conexión social y generar espacios de descanso mental.

También señaló que la comunidad cumple un rol decisivo en la detección temprana y el apoyo a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento emocional. Validar emociones, evitar juicios, escuchar, acompañar y derivar a profesionales cuando sea necesario son, para la especialista, acciones que cualquier persona puede asumir.

La licenciada mencionó, además, las barreras más comunes que impiden pedir ayuda: estigma, vergüenza, discriminación, falta de información, dificultades de acceso o la creencia de que “no es para mí”. Para romper estos obstáculos, propuso hablar del tema con naturalidad, promover espacios seguros, respetar la diversidad y evitar etiquetas.

Finalmente, introdujo el concepto de primeros auxilios emocionales, que incluye escuchar sin interrumpir, contener, preguntar qué necesita la persona, no minimizar lo que siente y acompañar hacia una ayuda profesional. “Así como existen los primeros auxilios físicos, también existen los emocionales y debemos conocerlos”, afirmó.

Uno de los puntos que destacó el panel de especialistas es que el abordaje de la salud mental, debe ser interdisciplinario e intersectorial, tal como establece la Ley de Salud Mental.

La urgencia de un enfoque comunitario

En el marco de un conversatorio dedicado a los desafíos de la salud mental en Uruguay, el médico Rubén Perazza —especialista en administración de servicios de salud pública y exsubdirector del Hospital Vilardebó— expuso una mirada amplia sobre los modelos de atención, los problemas estructurales del sistema y las necesidades urgentes para mejorar la calidad de vida de los usuarios. Su intervención, complementada posteriormente por la

Dra.Andrea Zumar, puso el foco en la implementación de la Ley de Salud Mental y en el rol fundamental de la desestigmatización.

Perazza comenzó definiendo el concepto de trastorno mental según la Ley 19.529, que lo entiende como un conjunto de síntomas y conductas reconocibles clínicamente, asociados al malestar personal y al deterioro del funcionamiento. Señaló que, en este marco, no deben considerarse trastornos aquellas manifestaciones que no se vinculen con una disfunción central. Esta precisión es clave, apuntó, para no ampliar de forma incorrecta el diagnóstico y para orientar mejor los recursos.

Uno de los aspectos más subrayados por el especialista fue el comportamiento de los usuarios dentro del sistema de salud. Explicó que muchas personas con trastornos mentales no cuentan con la resiliencia o la estabilidad emocional para ajustarse a los límites administrativos habituales —como las horas de consulta o la reprogramación de turnos— y que esto debe ser comprendido por los equipos de salud. De allí la importancia de desarrollar una actitud empática que permita resolver problemas sin añadir más barreras.

Perazza ilustró esta necesidad con ejemplos cotidianos, como usuarios que acuden fuera de hora o sin cita previa. Recordó comentarios recibidos en su práctica clínica: “Lo que pasa es que vos nos escuchás”, le repetían pacientes que destacaban el simple hecho de ser atendidos y escuchados sin juicio. Ese gesto, afirmó, genera confianza y favorece la adherencia a los tratamientos. “Ellos necesitan ser escuchados; necesitan desestresarse”, dijo, enfatizando que la escucha activa es un componente terapéutico en sí mismo.

Al analizar los modelos de atención, identificó tres: el asilar, el hospitalocéntrico y el comunitario. Este último, afirmó, es el que debería resolver el 80% de los problemas de salud mental, siempre que cuente con estructuras y coordinaciones adecuadas. Sin embargo, advirtió que su desarrollo aún es insuficiente. Existen equipos especializados —psicólogos de área, servicios psiquiátricos, profesionales comunitarios—, pero la falta de coordinación entre ellos genera superposiciones y pérdidas de eficiencia, lo que impacta directamente en los usuarios.

En territorios donde operan varios equipos, explicó, puede ocurrir que todos hagan lo mismo o que algunos problemas queden sin atender, debido a la ausencia de una articulación clara. Esto reduce la eficiencia del sistema y perjudica la continuidad asistencial. Asimismo, mencionó que la complementación público-privada está avanzando, sobre todo en el interior del país, aunque aún queda camino por recorrer.

El abordaje de la salud mental, subrayó, debe ser interdisciplinario e intersectorial, tal como establece la Ley de Salud Mental. Los equipos deben articular con redes territoriales que integren a instituciones públicas, intendencias, prestadores privados y organizaciones sociales. Esta articulación es indispensable para sostener estrategias de promoción y prevención, así como para garantizar la continuidad del cuidado.

Perazza dedicó una parte importante de su exposición al Plan Nacional de Salud Mental, herramienta estratégica del Ministerio de Salud Pública para adecuar el sistema a las disposiciones de la ley. El plan, vigente desde 2020 y con un horizonte 2027–2028, se estructura como un instrumento progresivo, con evaluaciones periódicas y con fuerte énfasis en la coordinación intersectorial. Está diseñado para alcanzar una presencia armónica en todos los territorios del país y para integrarse de forma plena al Sistema Nacional Integrado de Salud.

No obstante, identificó un obstáculo central: la falta de profesionales, especialmente psiquiatras, en varios departamentos del interior. Esta carencia, afirmó, dificulta el cumplimiento de los objetivos del plan y limita el acceso oportuno a la atención especializada. Recalcó la necesidad de estrategias que permitan captar y retener recursos humanos, para evitar desigualdades territoriales.

Al profundizar en las definiciones del plan, destacó que la salud mental es entendida como un estado de bienestar que permite a la persona afrontar tensiones normales, trabajar productivamente y contribuir a su comunidad. También mencionó conceptos complementarios, como el trastorno mental severo —de larga duración y con distintos niveles de discapacidad social— y el uso problemático de drogas, cuya evaluación incluye daños en la salud, en las relaciones primarias y secundarias o en el vínculo con la ley.

Para cerrar su intervención, Perazza insistió en un aspecto social clave: la persistente estigmatización. Contó un episodio vivido en una policlínica, donde una mujer que se había desmayado repetía “soy psiquiátrica”. Él la corrigió: “Usted dígame que se atiende en salud mental”. Este cambio de lenguaje, explicó, ayuda a reducir estigmas y a humanizar la atención. “Ya que no podemos curarlos, tratemos de mejorar su calidad de vida”, concluyó.

Tras la presentación, Andrea Zumar retomó el tema de la estigmatización y destacó que el Ministerio de Salud Pública ya reconoce la salud mental como una política pública concreta, con ley y estrategias. El desafío ahora, afirmó, es que estas políticas “realmente lleguen a los hogares”. La brecha entre marco normativo e implementación, coincidió, es el gran reto pendiente.

La dimensión menos visible de la salud mental en Uruguay

En el conversatorio dedicado a los desafíos actuales de la salud mental en Uruguay, el licenciado en Geografía y especialista en metodología de la investigación científica, Gonzalo Giraldes, expuso sobre uno de los pilares menos visibles de la Ley de Salud Mental: la formación, la investigación y la información. Lo hizo desde una perspectiva amplia, analizando tanto su importancia normativa como su impacto real en la construcción de políticas públicas.

Giraldes comenzó recordando que, desde 1992, la Organización Mundial de la Salud advierte que la investigación y la información en salud mental son áreas débiles y desiguales en todo el mundo. De allí la necesidad de producir conocimiento riguroso que permita comprender la magnitud de los problemas y orientar las decisiones. En la Ley 19.529, estos componentes están presentes en varios artículos, especialmente los referidos a formación (9, 19 y 20), investigación (10) y trabajo interdisciplinario y en redes (17, 18 y 19).

Para contextualizar la relevancia de estos aspectos, el especialista presentó datos globales. Señaló que más de 1.000 millones de personas tienen algún problema de salud mental, lo que equivale a una de cada siete personas. Informó que 360 millones padecen ansiedad, 280 millones depresión y 23 millones esquizofrenia —siendo esta última una afección que, en Uruguay, alcanza aproximadamente al 1% de la población—. A esto se suman los trastornos alimentarios, los trastornos de conducta y las consecuencias psicológicas en poblaciones desplazadas. Por otra parte, los suicidios —cerca de 730.000 anuales a nivel mundial— continúan siendo una preocupación central.

Aunque estos números refieren a una escala internacional, Giraldes insistió en que muestran la urgencia de contar con información sólida también a nivel nacional. En Uruguay, explicó, existe una transición hacia el modelo comunitario desde mucho antes de la aprobación de la ley. Desde 1996 el país comenzó a descentralizar recursos y a crear equipos comunitarios de salud mental. En 2017 ya sumaban 47 equipos que atendieron casi 290.000 consultas. Sin embargo, subrayó que el país todavía carece de un sistema integral de información que permita conocer con precisión la magnitud de los problemas y evaluar adecuadamente las políticas.

En este punto planteó una de las interrogantes centrales de su intervención: ¿por qué se gestiona sin información? Citó al antropólogo argentino Hugo Spinelli, quien adapta un concepto de Pierre Bourdieu para referirse al “interés del desinterés” en la esfera pública. Para Giraldes, sin datos completos y actualizados es difícil planificar y difícil evaluar.

El especialista destacó además la importancia de la formación continua. Mencionó la fuerte demanda de cursos en la temática, como uno que en menos de 24 horas recibió 430 inscripciones desde 14 departamentos del país. Esa respuesta, dijo, demuestra que hay interés por capacitarse, aunque también reflejó que muchas iniciativas surgieron por impulso de los propios trabajadores, más que por una política institucional sistemática. Invocó una mirada más amplia sobre la salud mental, que incluya el bienestar, las relaciones saludables y las condiciones de vida, tomando incluso referencias filosóficas contemporáneas sobre la necesidad de detenerse y recuperar espacios de creatividad y reflexión.

Al cerrar su exposición, advirtió que el país no cuenta aún con un registro que permita conocer con exactitud las prevalencias y tendencias de los problemas de salud mental. Existen estudios parciales —sobre uso de psicofármacos o análisis específicos—, pero no un sistema consolidado. “Vamos camino a eso, hay señales, pero seguimos en las señales”, afirmó.

Tras su intervención, Matilde Pérez Coles retomó la palabra para señalar un aspecto clave: la ausencia de una verdadera política de Estado en materia de salud mental. Más allá de la ley, consideró que el avance ha sido lento y muchas veces dependiente del esfuerzo individual de los trabajadores. Recordó experiencias históricas en las que fueron los propios equipos quienes cambiaron modelos de atención “a pulmón”, investigando y sistematizando datos cuando aún no existían herramientas adecuadas.

Subrayó que, sin compromiso humano, la atención corre el riesgo de despersonalizarse. “Si no se trabaja con amor, el paciente pasa a ser un número”, expresó, apelando especialmente a los jóvenes presentes. Y añadió que la falta de registros adecuados, incluso en historias clínicas, refleja desafíos estructurales que el país debe resolver para avanzar.

Su mensaje final fue claro: Uruguay ha tenido avances, pero para lograr un modelo comunitario real se necesita algo más que discursos. Se necesitan recursos, políticas estables y un involucramiento genuino de las instituciones y los equipos.

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