La semilla de Javier Milei germinó bajo las luces de los paneles televisivos y devino en candidato, y luego en presidente, gracias, entre otras cosas, a los efectos lamentables del gobierno de Alberto Fernández y al hartazgo frente a determinadas formas de hacer política. La Pandemia jugó su papel. Pero, esas causas podrían consistir en una reducción o una simplificación. Hay algunos otros elementos a considerar.
Estupidez humana
Dietrich Bonhoeffer era hijo de una familia aristocrática prusiana y es uno de los mártires de la resistencia contra el nazismo. En las cartas que escribió confinado durante un año y medio en la cárcel de Tegel, en Berlín, elaboró un concepto muy sólido sobre la estupidez humana. Luego, fue ahorcado por orden de Adolf Hitler en 1945 en el Campo de concentración de Flossenbürg.
Dietrich Bonhoeffer afirma que la estupidez es el estado en el que la persona renuncia a su propia capacidad de juicio y al pensamiento crítico y delega, renuncia, a su autonomía moral. Es decir: no se trata de un problema intelectual, sino del abandono del criterio personal. Por eso, dice, podemos reconocer tantas conductas estúpidas en personas inteligentes.
Bonhoeffer señala, además, que la estupidez humana es más peligrosa que el mal, porque paraliza la reflexión moral y crea obediencia ciega. En esa misma línea, nos alerta sobre el daño latente: un idiota poderoso es más peligroso que una banda de maquiavélicos intrigantes, porque la estupidez es mucho más difícil de eliminar, ya que no responde a instrumentos racionales.
Hay una frutilla ácida que corona el postre de la gran definición que elaboró Bonhoeffer es que, según su análisis: como a los malvados les cuesta hacerse con el poder, necesitan que los estúpidos hagan su trabajo, y como el mal es un maestro de marionetas, el poder dominante convierte a algunas personas en estúpidas, volviéndola mero instrumento, es decir, títeres manipulados por fuerzas externas.
¿No parecen rasgos distintivos de la situación que vive la sociedad argentina de un tiempo a esta parte? Claro que la estupidez no es exclusiva de los seguidores de Javier Milei. Es un estado que caracteriza a los núcleos de seguidores duros de todos los sectores. Por ejemplo: es innegable que los kirchneristas que niegan la corrupción desplegada durante sus gobiernos, actúan también como estúpidos en los términos definidos por Bonhoeffer.
Pero hay una diferencia sustancial: si nos enfocamos en los seguidores de Milei, la renuncia al juicio propio se hace indispensable. Es una condición sine qua non. La estupidez no es una condición necesaria para adherir a cualquier otra expresión política que represente al antiperonismo o al antikirchnerimo o al hartazgo hacia determinadas formas de hacer política. Pero es una circunstancia inherente al mileísmo. Sin la estupidez, en los términos definidos por Bonhoeffer, no habría Milei. De allí, el respaldo que expresan millones de personas ante medidas que los perjudican de manera directa, o la pasividad escalofriante y hasta las insensatas justificaciones que elaboran frente a la violencia y la crueldad de la mayor parte de las medidas que adopta el gobierno.

Cretinos digitales
A este fenómeno hay que sumarle un elemento que refleja con absoluta claridad la siguiente frase de Umberto Eco: «Las redes sociales han generado una invasión de imbéciles que le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel.”
Alcanza con mencionar a los terraplanistas, conjuntos de necios que inundan las redes sociales haciendo afirmaciones absurdas, ridículamente sostenidas por sofismas de la edad media, y recibiendo, paradójicamente, aprobaciones masivas.
Una buena tarea, en la que sería útil invertir algunas horas, sería la de leer La fábrica de cretinos digitales, del neurocientífico francés Michel Desmurget. Se trata de un trabajo científico respaldado por un exhaustivo análisis, que incluye un número abrumador de estadísticas y el estudio progresivo y comparativo del rendimiento intelectual de alumnos en distintas regiones del planeta, que concluye asegurando que, las generaciones que crecen al calor de la pantallas digitales y enredados en las redes sociales tienen, por primera vez, menor coeficiente intelectual que sus padres. El autor hace, además, un llamado desesperado a entender que el exceso de consumo del mundo digital pone en peligro el futuro y el desarrollo de estas generaciones, y certifica que varios estudios han demostrado que, cuando el uso de las pantallas digitales con videojuegos se vuelve excesivo, el coeficiente intelectual y el desarrollo cognitivo disminuyen: “El problema con las pantallas recreativas es que alteran el desarrollo del cerebro de nuestros hijos y lo empobrecen”.

¿Entonces, hay algo que hacer?
Claro que es muy probable que, tanto quien lee esta nota como quien la escribe, sufran los efectos que produce el exceso de consumo de pantallas digitales y, al mismo tiempo, presenten algunos rasgos de estupidez, en el sentido definido por Bonhoeffer. Autor y lector no están blindados ni viven afuera del mundo. Sin embargo, luego de tomar conciencia de la situación, podrían estar en condiciones de intentar entender qué acciones o actitudes liberadoras serían efectivas.
Desmurget, por ejemplo, propone regresar a la lectura, dejando de lado el exceso de consumo de pantallas para los niños y jóvenes, intentando, de esta manera, potenciar el lenguaje, la creatividad y la capacidad intelectual…
Bonhoeffer, por su parte, dice que, si bien luchar contra la estupidez usando la razón sería en vano, porque, como ya indicamos, la razón no funciona en quien cayó presa de la estupidez, nos ofrece, no obstante, una alternativa realista y compleja. Se trata de vencer la estupidez con la actitud personal, adoptando una disposición que asuma la responsabilidad por cada uno de nuestros actos, y no dejando de pensar nunca en el impacto que nuestras opiniones, decisiones y acciones pueden ocasionar al decir, al hacer (o ¡al votar!), y tener siempre presente, ante cada intervención, qué sociedad, qué país, qué mundo quisiéramos dejarles a las futuras generaciones.


Es una reflexión muy atinada e interesante!
Es un cuadro de lo que vemos desde hace años. EXCELENTE ARTÍCULO.
Me parece tremendamente interesante e inteligente, porque esta columna aporta en un tema que nos debería preocupar a todos. Conozco algunos libros de Guianze pero son literarios (novelas y cuentos muy buenos). Ahora lo seguiré como periodista.
Excelente artículo para reflexionar!! Estupidez humana que en definitiva limita el pensamiento. Lo encorseta.
Y sí vecino, pero a todo lo suyo agregar que los argentinos tienen varias Repúblicas perdidas por una pasión desmedida al elegir dirigentes salidos desde el jardín de J. Kosinski
Es estremecedor leer con tanta claridad el estado de situación de las sociedades. Vivo en EEUU y percibo señales muy muy parecidas. Brillante nota.
Clarísimo. El drama de la estupidez circula por el.mundo hoy en día y lleva a naturalizar las peores aberraciones y crueldades de parte de quienes tienen el joystick.
Gran pluma. Muy bien respaldado. Muy buen escrito. Un tema que interesante y urgente.
FELICITO AL DIARIO LA REPÚBLICA POR PUBLICAR ESTE TIPO DE ARTÍCULOS.
¡¡¡Excepcional nota!!! comparto.
Excelente
FOR-MI-DA-BLE. Felicitaciones por la nota.
Agudo y certero. Opino, que uno de los problemas mas grandes de la estupidez imperante, es que, muchos se sienten orgullosos de serlo. Este fenómeno quiza no sea fruto de esta era digital, sino que, en esta era encontró el medio para amplificarse.
La verdad que es un análisis muy profundo. Uno ve desde hace años signos de decadencia y de tontería por demás. Es evidente que algo está pasando y que hay países donde es más notorio. AGRADEZCO HABER LEÍDO ESTE ARTÍCULO.
Totalmente de acuerdo. Le decis a un zurdo esto es un vaso y el pibe te dice no eso es un pancho.
Los zurdos no vuelven de su estupidez. 100% de acuerdo.
Eres una prueba viva del estado de decadencia. ¡No entendiste nada! ¡Bruto! ¿Será lo evidente tan difícil de explicar? La nota es brillante, pero nunca falta el idiota, bruto, que no entiende nada y bastardea todo.
No sé bien si sos imbécil o ignorante, si sos imbécil E ignorante. ¿Cómo podía faltar el bobo que sirviera de ejemplo a lo que la columna claramente identifica?
Ya te veo: se te cae la baba frente al teclado, tenés abiertos varios sitios porno, los restos del desayuno manchan el teclado y se mezclan con otros líquidos pegajosos… Te la pasas opinando contra los «zurdos», porque, al no entender nada, te parecen «comunistas» todos los que no piensan como tú…
Me compartieron esta columna y la verdad que me despejó varias sospechas que tenía sobre este mundo cada vez más idiota. Felicito al autor.
Estos artículos se vuelven imprescindibles. Lo acabo de compartir. Había leído a Guianze. Un libro de cuentos que me encantó. Me gusta también como periodista. Muy bueno que escriba para La República.
¡¡¡Este artículo es pa poner en un cuadrito!!!!!!
Impecableeeee.