Crisis en el Vilardebó: denuncian falta de inversión, sobrecarga y carencias estructurales

Trabajadores alertan por el deterioro del hospital, reclaman inversión urgente y advierten sobre falta de psiquiatras y sobrecarga del sistema.

Pablo Silva advierte que el sistema no puede seguir sosteniéndose únicamente por el esfuerzo de sus trabajadores. “Ya es momento de tomar decisiones”, afirmó.

La situación del Hospital Vilardebó vuelve a encender señales de alerta. Desde la interna del principal centro de referencia en salud mental del país, los trabajadores advierten sobre un deterioro sostenido en infraestructura, una creciente presión asistencial y la falta de definiciones políticas claras sobre su futuro.

Pablo Silva, secretario general de la Federación de Funcionarios de la Salud Pública y vocero de la Comisión Interna del hospital, describió a Diario La R un escenario complejo, donde conviven un funcionamiento asistencial que se sostiene con esfuerzo y compromiso, con problemas estructurales que, según afirma, llevan años sin resolverse.

“El Hospital Vilardebó desde hace varios años atraviesa una crisis más que nada estructural”, señaló Silva, al tiempo que remarcó que el principal problema no está hoy en los recursos humanos ni en la atención básica, sino en la falta de inversión edilicia. “Nos preocupa muchísimo la falta de inversión en infraestructura”, enfatizó.

Actualmente, el hospital funciona al máximo de su capacidad. “Tenemos la totalidad del hospital lleno”, explicó, con cerca de 300 usuarios internados. A esto se suma una situación que evidencia la presión sobre el sistema: la contratación externa de camas. “Hay entre 60 y 70 camas que se están contratando diariamente”, indicó.

Para los trabajadores, esta tercerización responde a una necesidad real, pero también expone una contradicción de fondo. “Entendemos que es necesaria porque el hospital está lleno, pero el punto de inflexión es que también se tiene que invertir adentro”, sostuvo Silva.

Según detalló, el gasto en contratación de camas en el sector privado ronda los 400.000 dólares mensuales. En contraste, planteó que con una inversión significativamente menor se podrían recuperar espacios dentro del propio hospital. “Se precisan 100.000 dólares para arreglar una sala y eso permitiría sumar 20 camas”, ejemplificó.

Desde su perspectiva, la discusión de fondo no es únicamente presupuestaria, sino estratégica. “Se tiene que discutir qué es lo que se quiere con el Vilardebó”, afirmó, y agregó que, más allá de los debates sobre su eventual cierre o transformación, el hospital sigue siendo hoy un pilar del sistema.

“No es que esté ideado para ser el centro de internación a nivel nacional, pero en la práctica lo es”, explicó. Silva señaló que otros centros de salud pública no cuentan con las condiciones necesarias para atender pacientes de salud mental, lo que genera una derivación constante hacia el Vilardebó.

En ese sentido, advirtió que la situación no cambiará en el corto plazo. “Mientras no se fortalezcan los primeros niveles de atención, el Vilardebó va a seguir jugando un papel clave en los próximos cinco o diez años”, aseguró.

El dirigente sindical también cuestionó la falta de avances durante el actual período de gobierno. Si bien destacó como una señal positiva una visita de la vicepresidenta al hospital al inicio de la gestión, lamentó que no se hayan concretado anuncios posteriores.

“Se nos dijo que se iba a invertir, pero resultados no hubo ninguno”, afirmó. “Pasó un año y no tenemos novedades de nada”, agregó, reflejando la preocupación de los trabajadores por la ausencia de definiciones.

A pesar del deterioro edilicio, Silva fue enfático en aclarar que la atención básica está garantizada. “Los pacientes no están pasando frío, no están comiendo mal, no les falta atención”, aseguró. En ese sentido, destacó el compromiso del personal y los controles internos.

“Cualquiera que entra ve la planta física y piensa que es un desorden, pero no es así”, sostuvo. Según explicó, el hospital cuenta con presencia de enfermeros, psicólogos y supervisión en todos los turnos.

Sin embargo, insistió en que la dignidad de los usuarios también pasa por las condiciones materiales. “La dignidad hoy se llama invertir, se llama tener paredes pintadas, salas adecuadas”, expresó.

“El Hospital Vilardebó desde hace varios años atraviesa una crisis más que nada estructural”.

Otro de los puntos críticos señalados por Silva es la falta de psiquiatras, una problemática que, según dijo, atraviesa tanto al sector público como al privado. “Hay días donde no hay psiquiatra en todo Montevideo”, advirtió.

El dirigente fue especialmente crítico con lo que definió como una “corporación cerrada”. “La sociedad de psiquiatría piensa más en sus intereses que en lo asistencial”, afirmó, y reclamó medidas urgentes por parte de las autoridades.

“Hay usuarios que no pueden esperar tres o cuatro meses para ver a un psiquiatra”, señaló. En ese marco, planteó la necesidad de buscar soluciones alternativas, incluso recurriendo a profesionales del exterior. “Si hay que traer psiquiatras de Argentina, que los traigan”, sostuvo.

Silva también denunció situaciones de incumplimiento laboral dentro del sistema. “Hay psiquiatras con un 52% de cumplimiento horario que ganan 350.000 pesos”, afirmó, cuestionando la falta de controles.

En cuanto a las condiciones laborales, indicó que si bien no hay un déficit grave de personal en el hospital, sí existen problemas salariales a nivel general en el sector salud. “Tenemos compañeros que trabajan 12 o 18 horas para poder vivir”, señaló.

A pesar de este contexto, destacó algunos aspectos positivos del funcionamiento interno, como el régimen de trabajo logrado tras la pandemia y el compromiso de los funcionarios. “Tenemos gente muy comprometida y una dirección que responde”, afirmó.

En relación a episodios polémicos recientes, Silva desestimó denuncias que circularon sobre su persona y el sindicato, clasificándolas como “maniobras para desestabilizar”. “Quedaron en la nada”, aseguró.

De cara al futuro, el vocero sindical planteó que este año será clave para definir el rumbo del hospital. “Es un punto de inflexión fundamental para saber qué se va a hacer”, sostuvo.

Mientras tanto, la situación sigue siendo, en sus palabras, “un deterioro permanente”. Aunque no identificó un hecho puntual como el más grave, describió un escenario donde los problemas se acumulan. “No es nada en particular, es todo en general”, resumió.

El reclamo central, reiteró, es claro: inversión y definiciones políticas. “Ya es momento de tomar decisiones”, concluyó Silva, advirtiendo que el sistema no puede seguir sosteniéndose únicamente por el esfuerzo de sus trabajadores.

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