Desde el Alma: una red que teje para familias en situación de vulnerabilidad

La iniciativa reúne a tejedoras y tejedores de distintos puntos del país que confeccionan prendas y ajuares para recién nacidos.

Sol Pravia, junto a Rosana y Johanna durante la entrega de uno de los ajuares confeccionador por la red Desde el Alma

Una red de tejedoras y tejedores de distintos departamentos trabaja desde hace casi tres años en la confección de prendas y ajuares para bebés que luego son entregados en centros de salud y a familias en situación de vulnerabilidad.

La iniciativa, denominada Desde el Alma, comenzó en el departamento de Lavalleja a partir del trabajo de dos amigas, Franca Merola y Sol Pravia, y fue creciendo con la incorporación de nuevas personas. En entrevista con Diario La R, Sol contó cómo surgió el grupo, cómo se organizan y cuáles son las necesidades que hoy enfrentan.

El proyecto funciona a partir de donaciones de lana, que son distribuidas entre las personas que integran la red para la elaboración de gorros, mantas y otras prendas. Desde el grupo aclararon que no reciben efectivo ni transferencias: la colaboración económica directa no forma parte de su modalidad de trabajo.

 

Inicio de una red

Franca comenzó a tejer después de atravesar un problema de salud que la obligó a dejar de realizar varias de sus actividades habituales. Aprendió con tutoriales de YouTube y empezó a confeccionar prendas para bebés. Al poco tiempo, tenía una importante cantidad de mudas, pero no sabía qué destino darles.

Fue entonces cuando habló con Sol, su amiga desde hace diez años. Ambas son oriundas de Montevideo y se conocieron luego de trasladarse a las sierras de Lavalleja.

Durante la entrevista, Sol recordó que, ante la gran cantidad de tejidos, decidió convocar a una partera del Hospital de Minas, Rosana Pérez, y consultarle si era de ayuda este tipo de donaciones. La primera entrega se realizó a través de ella. La respuesta permitió identificar una necesidad y comenzar a pensar en una estructura más amplia de colaboración.

“Ahí empezamos a ver que podíamos ampliar la red de más manos amorosas que nos tejieran, que tejieran para los bebés”, explicó Sol.

El grupo adoptó el nombre Desde el Alma y comenzó a convocar a otras personas: “Fue saliendo todo del corazón de las personas porque acá no hay plata en el medio, nada”.

Franca Merola presenta una de las mantas tejidas que forman parte de las donaciones destinadas a bebés

El boca a boca y las redes sociales

La primera convocatoria se extendió principalmente a través de contactos personales. Las personas se enteraban de que el grupo necesitaba tejedoras y comenzaban a ofrecerse para colaborar.

Con el aumento de las donaciones de lana, llegó un momento en que necesitaban más personas para tejer. Entonces abrieron las redes sociales de Desde el Alma y ampliaron la convocatoria.

Actualmente participan hombres y mujeres de Pirarajá, Melo, Montevideo, Maldonado, Paysandú y Salto. La lana llega a través de donaciones y luego es enviada a quienes la necesitan para trabajar.

“Nosotros recibimos lana por donación y lo que hacemos es distribuirla a esas manos amorosas, ellos tejen y nos devuelven a nosotros los tejidos, armamos los ajuares y los repartimos”, explicó Sol.

El grupo insiste en un aspecto central de su funcionamiento: no recibe efectivo ni transferencias. La ayuda se concreta mediante la donación de lana y, en algunos casos, de artículos nuevos para los ajuares, como pañales, toallitas húmedas, medias y bodies.

 

Cómo se organiza el trabajo

Una vez que reciben las donaciones, la lana es distribuida entre las tejedoras y tejedores. Cuando las prendas están terminadas, regresan al grupo para que Franca se encargue de organizar los ajuares.

Sol, por su parte, concentra buena parte de la logística y la distribución. El grupo tiene un cronograma de entregas, aunque ese esquema se modifica cuando surge una necesidad puntual.

Las donaciones llegan al área materno-infantil de Minas, así como a policlínicas y otros espacios. También han realizado entregas en localidades como Pirarajá, José Batlle y Ordóñez y Mariscala, además de instituciones y organizaciones que se fueron sumando con el tiempo.

En algunos casos, las necesidades cambian. “A veces nos dicen ‘necesitamos mantitas en vez de ajuares’, entonces ahí empezamos con las mantitas y le decimos a las tejedoras que traigan mantitas y ellas tejen mantitas”.

Por otro lado, las personas que integran la red no tienen una fecha límite para entregar las prendas. El ritmo de trabajo depende del tiempo y las posibilidades de cada integrante de la red.

El criterio es que la colaboración no se convierta en una obligación. “Es lo que la persona le salga desde el alma. Lo que pueda y lo que sienta”.

Algunas personas pueden confeccionar varias prendas en poco tiempo y otras avanzan de manera más lenta. “Hay personas que te tejen en una semana 10 mantitas y hay personas que en una semana van por la mitad de una y está perfecto porque cada una lleva su tiempo”.

El grupo también fue descubriendo que el trabajo tiene un efecto para quienes participan. Algunas tejedoras habían dejado la actividad porque ya no tenían familiares para quienes hacer prendas y encontraron en esta red una nueva razón para retomarla.

Dentro de los mensajes que reciben, Sol recuerda una integrante que compartió que disfrutaba de tejer, pero no sabía qué hacer —con lo que tejían— o para quién —tejer—, al formar parte de la red “ahora tiene un propósito para hacerlo”. Historias similares se repiten entre quienes integran el proyecto.

Los ajuares son confeccionados por las y los tejedores de Desde el Alma

Más allá del ajuar

Con el paso del tiempo, el contacto con los centros de salud y las familias permitió conocer situaciones que van más allá de la falta de ropa para un recién nacido.

En algunos casos, desde los lugares donde realizan las entregas se comunican con el grupo para informar sobre madres que atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad. Entonces intentan activar una red de contactos para conseguir otros elementos.

“A veces, nosotros salimos a buscar desde un cochecito, un almohadón de amamantar o lo que se precise”, agregó Sol. También han buscado ropa para las madres, pañales y otros artículos. Sin embargo, reconoce que las posibilidades del grupo tienen un límite.

“Hay historias que son súper tristes y decís bueno me encantaría ayudar muchísimo más, pero entendemos también nuestra capacidad”.

En esos casos, intentan responder con los recursos y contactos disponibles. “Nos quedamos con que hacemos por lo menos todo lo que está a nuestro alcance, siempre”.

Sumar manos para ampliar la cobertura

Después de casi tres años de trabajo, el desafío es ampliar la cobertura y continuar sumando personas. Sol explicó que prefieren trabajar con referencias en cada lugar donde realizan las entregas, generalmente personas vinculadas a policlínicas o al área materno-infantil, que reciben y distribuyen los ajuares.

Para mantener el trabajo, la principal necesidad continúa siendo la lana. “La lana siempre es bienvenida”, señaló. El grupo también mantiene abierta la convocatoria para nuevas personas dispuestas a tejer: “Manos amorosas que quieran tejer desde el corazón para los bebés también son bienvenidas”.

Desde sus redes sociales, Desde el Alma informa sobre las necesidades y recibe los contactos de quienes quieran colaborar. La propuesta se mantiene bajo la misma lógica con la que comenzó: lana donada, tiempo voluntario y prendas destinadas a quienes las necesitan.

“Cuanto más podamos tejer mejor vamos a llegar a más lugares y llevar más cantidades de ajuares”, señaló Sol.

Quienes quieran colaborar con Desde el Alma pueden hacerlo mediante la donación de lana, artículos nuevos para los ajuares o sumándose como voluntarios para tejer. El grupo recibe consultas a través de sus redes sociales y por WhatsApp a los teléfonos de Sol, +(598) 99 641 363, y Franca, +(598) 92 687 330.

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