El Capitán Miranda volvió a zarpar: formación, diplomacia  y tradición

Con 81 tripulantes y 15 guardiamarinas, el buque escuela inició su 36° viaje de instrucción.

El presidente Yamandú Orsi encabezó la ceremonia en el puerto de Montevideo.

Con el muelle del puerto de Montevideo colmado de familiares, autoridades y emoción contenida, el buque escuela ROU 20 Capitán Miranda inició un nuevo viaje de instrucción que lo llevará a recorrer el continente americano y Europa durante los próximos meses. La partida, encabezada por el presidente Yamandú Orsi, marcó el comienzo de una travesía que combina formación, diplomacia y tradición naval.

A bordo viajan 81 tripulantes, entre ellos 15 guardiamarinas recientemente egresados de la Escuela Naval, quienes tendrán en este periplo su primera experiencia real en el mar como oficiales. Durante aproximadamente cinco meses —con retorno previsto para el 21 de septiembre— el velero visitará 13 puertos en seis países: Brasil, Curazao, México, Estados Unidos, Portugal y España.

La ceremonia de despedida reflejó el valor simbólico y operativo de esta misión. Junto al mandatario estuvieron presentes la ministra de Defensa, Sandra Lazo; el subsecretario Joel Rodrígue; el ministro de Turismo, Pablo Menoni, y el comandante en jefe de la Armada, José Luis Elizondo, entre otros. Minutos antes de la zarpada, Orsi saludó a la tripulación, en un gesto que subrayó el respaldo institucional a una de las misiones más emblemáticas de la Armada Nacional.

Pero más allá de la imagen protocolar, el viaje del Capitán Miranda es, ante todo, una instancia formativa clave. Según explicó el vocero de Relaciones Públicas de la Armada, los guardiamarinas deberán trasladar a la práctica los conocimientos adquiridos durante cuatro años de formación académica. Maniobras de navegación, operaciones en el mar y tareas de marinería se convierten en el día a día de una experiencia que busca forjar el llamado “pie marinero”, esencial para su desarrollo profesional.

“El objetivo es que vivan el mar en todas sus dimensiones, que enfrenten condiciones reales y que desarrollen el espíritu de cuerpo necesario para su carrera”, señalaron desde la fuerza. Esa convivencia intensa, en un entorno exigente y muchas veces imprevisible, constituye una escuela en sí misma.

El buque también cumple un rol estratégico como plataforma de proyección internacional. Durante las escalas en puerto, la tripulación participa en actividades protocolares y encuentros con otras armadas, fortaleciendo vínculos institucionales y promoviendo la cooperación. En ese sentido, el Capitán Miranda actúa como un verdadero embajador itinerante, llevando la bandera uruguaya a distintos puntos del mundo.

La tripulación incluye además invitados de diversas instituciones nacionales —como la Universidad de la República y otras fuerzas— y representantes extranjeros que se incorporarán en diferentes tramos del viaje. Esta integración busca generar lazos de camaradería y promover el conocimiento de la cultura marítima, ampliando el alcance de la experiencia más allá del ámbito estrictamente naval.

En paralelo, la participación femenina continúa consolidándose: 12 mujeres integran la dotación actual, reflejando una transformación progresiva en la composición de las fuerzas armadas.

A bordo viajan 81 tripulantes, entre ellos 15 guardiamarinas recientemente egresados de la Escuela Naval.

Un símbolo

Construido en 1930 en los astilleros de Matagorda, en España, y transformado en buque escuela en 1978, su historia conecta generaciones de marinos y también dos orillas del Atlántico. Lleva el nombre de Francisco Miranda, figura destacada de la historia naval uruguaya, y su legado se proyecta en cada travesía.

A lo largo de las décadas, el velero ha sido testigo de cambios tecnológicos, políticos y culturales, pero su esencia permanece intacta: formar oficiales y representar al país en el exterior. En cada puerto, su presencia despierta interés, abre puertas y reafirma la identidad marítima de Uruguay.

Mientras las velas se pierden en el horizonte, comienza un nuevo capítulo para quienes integran esta misión. Un viaje que no solo recorre kilómetros, sino que también construye vocaciones, fortalece vínculos y proyecta al país más allá de sus fronteras.

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