El verdadero precio de “tecnología verde”: la otra cara de las “energía limpia”

La extracción del litio y el cobalto, proponen debate sobre precio de la transición energética

La transición energética tienen como base el litio y cobalto

La tecnología verde cobra cada vez más fuerza a medida que el mundo enfrenta los desafíos del cambio climático y la degradación ambiental. Estas innovaciones surgen bajo la premisa de reducir la dependencia de los combustibles fósiles, conservar energía y proteger los recursos naturales.

El término tecnología verde comenzó a utilizarse a principios de esta década para referirse al desarrollo y la aplicación de soluciones que minimizan los impactos negativos de las actividades humanas sobre el medio ambiente y la sociedad. Abarca una amplia gama de productos, servicios y prácticas orientadas a construir un futuro más sustentable.

El concepto ha ganado protagonismo en la agenda global. Sus impulsores combinan conocimiento científico e innovación para conservar recursos, disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y promover el uso de energías renovables.

Algunos ejemplos de estas tecnologías con impacto climático son la energía solar, que aprovecha la radiación del sol para generar electricidad o calor mediante paneles fotovoltaicos capaces de abastecer hogares y negocios. En la misma línea aparece la energía eólica, que utiliza aerogeneradores para transformar la energía cinética del viento en electricidad. También se suman la hidroeléctrica y la geotérmica, esta última basada en el calor interno de la Tierra. De estas fuentes se desprenden soluciones que hoy forman parte de la vida cotidiana.

La batería de los autos eléctricos funcionan gracias al litio

Entre ellas se destaca la eficiencia energética, que busca consumir menos electricidad mediante electrodomésticos y bombillas de bajo consumo. A esto se agregan los vehículos eléctricos, que reducen o eliminan las emisiones directas de carbono, mejoran la calidad del aire y ofrecen una conducción más silenciosa, disminuyendo la contaminación sonora.

Sin embargo, estos avances, que suelen presentarse ante la sociedad como la “salvación del medio ambiente”, pueden ocultar otra cara. Aunque el resultado final de esta llamada “revolución verde” puede ser positivo, muchas veces se desconoce el proceso productivo que hay detrás de esas tecnologías.

El uso “responsable” de los recursos naturales y el desarrollo de productos “ecoamigables” a lo largo de todo su ciclo de vida no siempre resultan tan limpios como parecen. Un caso emblemático es el litio, mineral clave para la fabricación de baterías de ion-litio (Li-ion), esenciales para el almacenamiento de energía, los vehículos eléctricos (el corazón de la movilidad sustentable) y los sistemas que estabilizan las redes eléctricas en los procesos de descarbonización.

Pero al observar su extracción, especialmente en el llamado “Triángulo del Litio”, que abarca zonas de Argentina, Bolivia y Chile, el costo ambiental resulta elevado. La actividad se desarrolla en ecosistemas extremadamente frágiles y, aunque legales, genera impactos significativos, como el agotamiento de los recursos hídricos.

La extracción de litio en sudamérica causa desequilibrio hídrico

Producir una tonelada de litio mediante piscinas de evaporación puede requerir entre 400.000 y 500.000 galones de agua. Este proceso provoca un fuerte desequilibrio hídrico: al bombear grandes volúmenes de salmuera subterránea se genera un efecto de succión que arrastra el agua dulce superficial (vital para comunidades, fauna y agricultura) hacia capas más profundas, secando lagunas y humedales. Estudios recientes señalan que el ingreso de agua dulce en el Altiplano sudamericano es hasta diez veces menor de lo que se estimaba anteriormente, lo que vuelve a la minería actual ecológicamente insostenible en el largo plazo.

Otro caso es el del cobalto, un metal ferromagnético que se ha vuelto indispensable para la tecnología moderna. Se lo conoce como el “compinche inseparable del litio” en la fabricación de baterías de alta gama y dispositivos sustentables. En África central se concentra cerca del 70% de las reservas mundiales y, en países como la República Democrática del Congo, existen múltiples denuncias que señalan que su extracción se realiza en minas artesanales con condiciones de trabajo peligrosas, explotación infantil y graves daños ambientales.

El ciclo se cierra en países como China y Estados Unidos, donde operan enormes centros de datos que consumen cantidades descomunales de energía para sostener la nube digital que hace posible la vida conectada. En ese esquema, el litio vuelve a ser fundamental para estabilizar el consumo eléctrico, lo que expone una paradoja moderna: para que la “nube” parezca etérea y virtual, es necesario excavar toneladas de tierra y roca en los Andes o en el Congo.

Trabajos en las minas de cobalto presentan condiciones inhumanas

A partir de este escenario, que presenta el litio y el cobalto como el corazón de la “revolución verde” surge la pregunta: ¿cuál es el verdadero precio de la transición energética? Aunque los cambios ambientales son visibles y las imágenes muestran ciudades limpias, sustentables y “verdes”, el trasfondo esconde costos sociales y ecológicos que ponen en duda cuán limpias son realmente estas energías.

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