Hay estadios que son escenarios deportivos y hay otros que forman parte de la historia. El Estadio Centenario pertenece a esta última categoría. Construido para recibir el primer Campeonato Mundial de Fútbol, inaugurado en 1930 y declarado Monumento Histórico del Fútbol Mundial por la FIFA en 1983, el gigante del Parque Batlle se encamina ahora hacia otro momento decisivo: su transformación de cara al 2030, cuando Uruguay conmemore los 100 años del primer Mundial.
La historia comenzó mucho antes de que las tribunas recibieran a las primeras multitudes. La candidatura de Uruguay para organizar el Mundial de 1930 planteó la necesidad de construir un gran estadio nacional que pudiera concentrar los principales partidos del torneo. El 21 de julio de 1929 se colocó la piedra fundamental y, contra el reloj, la obra avanzó a una velocidad extraordinaria.
En apenas seis meses, entre febrero y julio de 1930, se levantó la estructura diseñada por el arquitecto Juan Antonio Scasso. Se excavaron unos 160.000 metros cúbicos de tierra y se utilizaron aproximadamente 14.000 metros cúbicos de cemento armado. La cancha recibió 200.000 panes de césped.
Las condiciones fueron extremas. Las crónicas de la época recuerdan que, ante la urgencia por terminar las obras, el terreno de juego llegó a ser secado con braseros y estufas eléctricas. El estadio todavía tenía sectores en plena terminación cuando llegó el momento de abrir sus puertas.
El 18 de julio de 1930, coincidiendo con la celebración de la Jura de la Constitución, Uruguay inauguró oficialmente el Centenario. La selección celeste venció 1-0 a Perú en el primer partido mundialista disputado en su nuevo escenario. Días después, el estadio se convertiría definitivamente en parte de la historia universal del deporte. Allí se disputó la final del primer Mundial, el 30 de julio de 1930, cuando Uruguay derrotó a Argentina por 4-2 y se consagró campeón del mundo. Noventa y tres años después de aquella hazaña, la FIFA reconoció la dimensión excepcional del escenario. El 18 de julio de 1983, exactamente 53 años después de su inauguración, el Estadio Centenario fue declarado Monumento Histórico del Fútbol Mundial. Es el único estadio que posee esa distinción.

Cuatro tribunas, una historia
La arquitectura del Centenario también cuenta la historia de la selección uruguaya. La tribuna Colombes recuerda a la ciudad francesa donde Uruguay obtuvo su primer oro olímpico, en 1924. Del otro lado se encuentra la Amsterdam, en homenaje a los Juegos Olímpicos de 1928, donde la celeste volvió a conquistar la medalla de oro. La Olímpica recuerda precisamente esa doble consagración olímpica y ocupa uno de los laterales principales del escenario. Frente a ella se encuentra la América, donde están el palco oficial, los palcos VIP y buena parte de las áreas destinadas a la prensa.
Pero debajo de la Olímpica existe otro tesoro: el Museo del Fútbol.
Inaugurado el 15 de diciembre de 1975 y remodelado posteriormente, el museo conserva documentos, trofeos, fotografías, camisetas, banderas y objetos vinculados a los principales capítulos de la historia del fútbol uruguayo. Allí conviven recuerdos de Colombes y Amsterdam con piezas de los Mundiales de 1930 y 1950 y objetos pertenecientes a figuras históricas como José Nasazzi y Obdulio Varela. También conserva elementos vinculados a la fundación de la Confederación Sudamericana de Fútbol y a la trayectoria de los clubes uruguayos en las competiciones internacionales. La Torre de los Homenajes, la piedra fundacional y el propio museo conforman así una suerte de memoria física de un país que construyó buena parte de su identidad internacional alrededor del fútbol.

El desafío de llegar a 2030
El paso del tiempo, sin embargo, impuso una pregunta inevitable: ¿cómo actualizar un estadio construido hace casi un siglo sin destruir aquello que lo hace único?. La respuesta comenzó a tomar forma institucionalmente con el proyecto Estadio Centenario 2030, impulsado por la AUF y la Intendencia de Montevideo a través de la Comisión Administradora del Field Oficial (CAFO). El objetivo no es solamente preparar al escenario para un partido mundialista, sino dejar una infraestructura capaz de funcionar durante las próximas décadas. En 2024 la AUF realizó un llamado para desarrollar el estudio preliminar y el diseño conceptual de la reforma. Tras el proceso de selección, el proyecto elegido correspondió al equipo integrado por FROM, SB Arquitectos y Vigliecca & Asociados.
La propuesta presentada ante FIFA contempla llevar la capacidad del estadio de unos 60.000 espectadores actuales a aproximadamente 63.000. También prevé incorporar una cubierta sobre la mayor parte de las tribunas, dejando libre el sector correspondiente a la Torre de los Homenajes. A ello se suman nuevas áreas de hospitalidad, espacios comerciales, mejoras de accesibilidad y actualización tecnológica. La transformación pretende que el Centenario deje de ser únicamente un escenario utilizado en determinadas jornadas deportivas y se convierta en un espacio de actividad permanente, con propuestas comerciales, gastronómicas, culturales, sociales y deportivas. Ese cambio de modelo resulta clave.

Modernizar sin borrar la memoria
El gran desafío será arquitectónico, pero también cultural. El Centenario no puede ser tratado como un estadio cualquiera. Su valor no está solamente en sus dimensiones o en su capacidad. Está en lo que ocurrió dentro de sus tribunas y en la relación entre su arquitectura y la memoria deportiva de Uruguay.
De 1930 a 2030
En 1930 Uruguay construyó el Centenario prácticamente desde cero para demostrar que un país pequeño podía organizar el primer Mundial de la historia. En 2030 la misión será diferente. No habrá que demostrar que se puede construir un estadio en tiempo récord, sino que es posible transformar un monumento sin destruir su esencia. Ahora el Centenario se prepara para mirar hacia adelante.
En 1930 fue el estadio del primer Mundial. En 2030 aspira a convertirse nuevamente en el centro simbólico de una celebración mundial: cien años después, la historia volverá al lugar donde comenzó.

