Cada 8 de marzo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer. Una fecha que sintetiza siglos de lucha por la igualdad, la justicia y el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Esta jornada, pese que celebramos los logros alcanzados, también funciona como recordatorio de las desigualdades persistentes. A su vez, como un llamado a la acción para erradicar todas las formas de discriminación y violencia de género.
En este contexto, la memoria de mujeres que han dado su vida por la libertad y la dignidad se convierte en guía. Tal es el caso de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal. Cuyo sacrificio en la República Dominicana trascendió fronteras y se entrelaza con la lucha global contra la violencia hacia las mujeres. En Uruguay, el Grupo Hermanas Mirabal recoge ese legado y lo transforma en acción comunitaria, integración cultural y apoyo mutuo, demostrando que la herencia de las «Mariposas» sigue viva en cada rincón donde las mujeres se organizan para construir un mundo más justo.

El Grupo Hermanas Mirabal se fundó en julio de 2017, una organización sin fines de lucro que articula los esfuerzos de dominicanos y uruguayos. Como labor esencial se destaca la integración y unificación de los dominicanos residentes en Uruguay. Fortaleciendo un sentido de pertenencia y apoyo mutuo que contrarreste la dispersión que muchas veces acompaña al proceso migratorio.
Del mismo modo, el grupo se concentra en la promoción activa de la cultura dominicana. Esto se materializa en la organización de eventos que destacan las tradiciones, la gastronomía, la música y las expresiones artísticas y deportivas de la República Dominicana. Otro pilar fundamental, de carácter asistencial, es el apoyo directo a migrantes en situación de vulnerabilidad, actuando como una red de apoyo y solidaridad, sobre todo en las etapas iniciales de la inserción en la sociedad uruguaya.
Según sus miembros, estas metas se consolidan con el objetivo de compartir y celebrar la identidad cultural de la nación caribeña y junto a esto ayudar a quien lo necesite. La misión del Grupo Hermanas Mirabal se centra en contribuir a proyectar la comunidad dominicana en Uruguay como un conglomerado íntegro, respetuoso y laborioso. Esto responde a la necesidad de contrarrestar estereotipos y de auto referenciarse a través de un espacio basado en valores positivos y contribuciones a la sociedad de acogida.
Asimismo, mantienen la visión de lograr una comunidad plenamente integrada en la sociedad uruguaya, pero sin diluir su esencia. Además, aspiran a ser reconocidos como una colectividad trabajadora, alegre y anclada en un referente cultural que perdure. Lo cual refleja el deseo de enriquecer el tejido social uruguayo con su cultura, al tiempo que se busca encontrar en Uruguay un espacio para desarrollarse con dignidad. Como grupo representativo de una población inmigrante en Uruguay, honrar el legado idiosincrático de la nación de la que provienen significa luchar por el derecho a ser parte de la sociedad que los acoge sin renunciar a la propia historia y cultura. Y qué mejor manera que hacerlo con la misma entereza y solidaridad que las Hermanas Mirabal.
Las Hermanas Mirabal como símbolo global
Procedían de una familia rural de clase media, oriunda de la comunidad Ojo de Agua, en Salcedo, habían accedido a altos niveles de educación, circunstancia poco común para la mujer de la época. Su trayectoria vital cambió radicalmente al tomar conciencia de los crímenes y abusos del régimen dictatorial de Trujillo (1930-1961). Lo que comenzó como una inquietud intelectual se transformó en un compromiso cuando, junto a sus esposos y otros patriotas, fundaron el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, organización clandestina que se propuso derrocar el gobierno opresor de Trujillo.
La participación de las Mirabal, junto a sus esposos, en las actividades de resistencia contra la dictadura las situó en el punto de mira del Servicio de Inteligencia Militar. Durante meses, sufrieron hostigamiento, vigilancia constante y repetidos encarcelamientos junto a sus compañeros de lucha. Lejos de amedrentarse, mantuvieron su postura de lucha contra el régimen, lo que las convirtió en una amenaza política y simbólica para la dictadura.
El 25 de noviembre de 1960, las tres hermanas realizaban una visita a sus esposos, presos políticos en la cárcel de Puerto Plata. Durante el viaje de regreso a su hogar, fueron interceptadas por agentes del servicio de inteligencia de la tiranía. El operativo estaba minuciosamente planificado, las ejecutaron a palos, al igual que el chofer Rufino de la Cruz. Luego de ello, la brutalidad del asesinato de tres mujeres, madres y profesionales, intensificó el descontento generalizado hacia el régimen, que se extendió por más de treinta años, y aceleró su caída, que ocurriría apenas seis meses después.

La muerte de las hermanas Mirabal se convirtió en un símbolo inmediato de la resistencia y costoso e irreparable sacrificio en la lucha de los dominicanos en procura de la libertad. En el ámbito internacional, décadas más tarde, el movimiento feminista trabajaba intensamente para situar la violencia contra la mujer en la agenda de derechos humanos. Este esfuerzo culminó el 20 de diciembre de 1993, cuando la Asamblea General de la ONU adoptó la Resolución 48/104, que contenía la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Lo cual estableció por primera vez una definición internacional comprensiva de este flagelo. Describiéndolo como “…todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que cause o pueda causar daño físico, sexual o psicológico.”
La conexión entre este marco legal internacional y la tragedia dominicana se materializó seis años después. El 17 de diciembre de 1999, mediante la Resolución 54/134, la Asamblea General de la ONU designó oficialmente el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Elegir esta fecha representó, al mismo tiempo, una reiteración del repudio mundial al crimen. Así como un reconocimiento explícito al heroísmo de las Hermanas Mirabal. Y junto a ellas, el de todas las mujeres que han luchado por un mundo de justicia e igualdad.
La iniciativa, impulsada por la delegación dominicana ante Naciones Unidas y respaldada por una coalición de países latinoamericanos junto a redes feministas internacionales, logró transformar un símbolo nacional de resistencia política en un emblema universal de la lucha por los derechos de las mujeres. En República Dominicana, la memoria de “las Mariposas” está presente en múltiples formas. La provincia donde nacieron y vivieron fue rebautizada como Hermanas Mirabal y su casa en Salcedo es ahora un museo que conserva su historia.
«Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte», es la frase con la que se recuerda a Minerva Mirabal. Unas palabras que sirven de estímulo para resistir a millones de mujeres que siguen siendo víctimas de violencia. En cada protesta feminista, en cada consigna contra la violencia de género, su coraje y su espíritu de lucha sigue presente. Hoy, su historia garantiza que cada 25 de noviembre, cuando se conmemora este día internacional, se recuerde la memoria de tres mujeres cuyo sacrificio se convirtió en un llamado mundial a la acción.
Cabe destacar que su legado, se vuelve aún más profundo, pues su lucha no fue solo contra una dictadura, sino por la justicia y la dignidad humana, valores que trascienden su contexto inmediato. Al reivindicar su memoria, este 8 de marzo desafía la impunidad y honra a todas las víctimas de la violencia machista, pero también celebra la capacidad de agencia y resistencia de las mujeres.

