Cuando un equipo entra a la cancha sin la intensidad, la rebeldía y el compromiso que históricamente distinguieron al fútbol uruguayo, la derrota deja de ser una posibilidad para transformarse en una consecuencia.
Uruguay cerró su participación sin victorias: empató con Arabia Saudita, empató con Cabo Verde y cayó ante España, quedando eliminado en la fase de grupos. Un rendimiento inesperado para una selección integrada por futbolistas de primer nivel internacional.
Lo que más preocupa no es perder. En el fútbol se puede ganar, empatar o perder. Lo preocupante es la imagen transmitida. Hubo momentos donde el equipo pareció sin reacción, sin capacidad de rebeldía frente a la adversidad y sin la energía competitiva que durante décadas identificó a la celeste. La falta de intensidad en algunos sectores del campo, la desconexión entre líneas y la ausencia de liderazgo visible generaron una sensación de resignación que terminó siendo letal.
La historia del fútbol uruguayo se construyó sobre la entrega. Desde el Maracaná hasta las grandes campañas mundialistas, la camiseta celeste siempre representó sacrificio, esfuerzo y compromiso colectivo. Los hinchas pueden aceptar una derrota, pero difícilmente acepten la indiferencia o la falta de reacción cuando el partido exige dejarlo todo.
Las informaciones posteriores a la eliminación también hablan de tensiones internas, diferencias entre referentes y el cuerpo técnico, además de cuestionamientos sobre el desgaste físico y la conducción del proceso. Cuando los conflictos internos ocupan más espacio que el proyecto deportivo, el resultado suele reflejarse en la cancha.
La derrota ante España por 1 a 0 fue apenas el capítulo final de una campaña que nunca encontró rumbo. El error que permitió el gol español terminó simbolizando un proceso lleno de dudas e incertidumbres.
Uruguay deberá abrir ahora una profunda autocrítica. No alcanza con señalar a un jugador, a un entrenador o a una decisión puntual. El problema parece más profundo. Se trata de recuperar una identidad que durante años convirtió a la selección en un rival respetado por cualquier potencia del mundo.
El fútbol uruguayo no puede acostumbrarse a las excusas. La autocomplacencia es el camino más corto hacia la mediocridad.
La eliminación mundialista debe servir como una advertencia. La celeste siempre fue mucho más que once futbolistas. Fue una actitud. Y cuando esa actitud desaparece, también desaparecen los resultados. La reconstrucción deberá comenzar recuperando aquello que hizo grande a Uruguay: la convicción de que ningún partido se entrega antes de jugarse y que ninguna camiseta pesa más que la celeste cuando es defendida con el corazón.


¡QUE ACTITUD NI ACTITUD! FUERON AÑOS DE MALAS GESTIONES, SIN SACAR LA DUDA DE LA CORRUPCION PRESENTE EN TODO EL ENORME, DESCONTROLADO MOVIMIENTOS DE DINERO DE LA AUF, DE ESTE FULANO ALONSO, EL ç»AMIGO» BIELSA Y CON TOAO ESA TORTILLA ¿ALGUIEN PODIA ESPERAR ALGO BUENO? VIAJES HOTELES SIEMPRE EN 1RA, GRANDES FESTINES.. PANTAGRUELICAS FIESTAS. EL OLVIDO -NO PARA JUGAR QUIZAS- PERO SI PARA LIDERAR EL GRUPO…. NADA NUEVO BAJO ES SOL. LA FIGURA ES MUY SIMILAR, CASI LA MISMA DEL GOBIERNO DE LOS MENTIROSOS Y CORRUPTOS.
Y dejemos de malgastar y otras cosas. El director técnico debe ser uruguayo y el capitán debe ser uno de los jugadores más serios y maduros del plantel, que tenga responsabilidad y sepa lo que se debe hacer en cada momento, esta vez no fué así. Con nenes rezongones y malencarados y otros con la mirada perdida no somos nada, y por otro lado los demás juegan bien al fútbol, todos aprendieron y fuimos regalados.
Esta es la lógica consecuencia de la típica uruguayez: APRENDIZ DE TODO, MAESTRO EN NADA. A nivel político se discute al Presidente, a nivel futbolístico se discute al Técnico. Pero ambos tienen algo en común: tienen al enemigo adentro. Los futboleros deben estar agradecidos a Luisito, (gran vividor), que fue el que armó el motín que dió inicio a un proceso de deterioro de la imagen del Técnico y de su autoridad. Mientras tanto, el resto de los vividores, (hoteles *****, vuelos charters, dietas privilegiadas dignas de reyes, autos de alta gama, contratos millonarios en dólares, zapatitos de fútbol de miles de dólares e infinidad de privilegios más), se quejaban de lo »duro» de los entrenamientos, no daban bola a las indicaciones del Técnico y el broche de oro: se dieron el lujo de abandonar el salón en medio de la charla previa al partido con España, dejando al Técnico hablando solo. Futboleros TODOS, avívense, los jugadores ganan millones mientras ustedes juntan pesito a pesito para pagar las entradas a los partidos.