La evolución de la Inteligencia Artificial (IA) puede entenderse como el paso de sistemas basados en instrucciones fijas hacia tecnologías capaces de aprender a partir de ejemplos. Esta transición transformó herramientas rígidas en sistemas que pueden adaptarse, mejorar con el tiempo e incluso generar contenido propio.
En los últimos años, los modelos generativos de inteligencia artificial han captado la atención global. Aplicaciones como ChatGPT provocaron un interés sin precedentes desde su lanzamiento en noviembre de 2022. En apenas dos meses, la plataforma alcanzó los 100 millones de usuarios, convirtiéndose en la aplicación de mayor crecimiento en la historia reciente.
Sin embargo, esta rápida expansión también ha despertado inquietudes sobre su alcance, sus posibles usos indebidos y sus impactos sociales. En ese contexto, distintos gobiernos y organismos internacionales comenzaron a impulsar marcos regulatorios para supervisar el desarrollo y la implementación de estas tecnologías.
Organizaciones como la Organización de las Naciones Unidas y la UNESCO han promovido iniciativas orientadas a fomentar la cooperación multilateral en torno a la inteligencia artificial, con el objetivo de prevenir riesgos, reducir sesgos algorítmicos y proteger a los ciudadanos.
La propia ONU ha señalado que, a medida que las tecnologías de inteligencia artificial se expanden, se vuelve “necesaria una gobernanza coordinada a nivel mundial para maximizar sus beneficios y gestionar eficazmente los riesgos asociados”. En esa línea, el secretario general del organismo impulsó la creación del Órgano Asesor de Alto Nivel sobre Inteligencia Artificial, un grupo de expertos encargado de analizar el escenario actual y proponer estrategias para una gobernanza global de la IA.
Este órgano está integrado por hasta 39 especialistas de distintas disciplinas y regiones del mundo. Su objetivo es “alinear la gobernanza de la IA con los derechos humanos y los Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Para ello, el grupo trabaja con múltiples actores, entre ellos gobiernos, empresas tecnológicas, académicos y organizaciones de la sociedad civil.

Entre sus propuestas, el informe plantea que la ONU avance en la construcción de una arquitectura internacional de gobernanza de la inteligencia artificial que sea inclusiva y equitativa. Asimismo, recomienda siete acciones destinadas a cubrir los vacíos existentes en los actuales mecanismos de regulación de estas tecnologías.
El documento también insta a los gobiernos y a las distintas partes interesadas a colaborar activamente para garantizar que el desarrollo de la inteligencia artificial respete los derechos humanos y contribuya al bienestar social.
En esencia, la propuesta busca colocar al ser humano en el centro del desarrollo tecnológico. La idea es que áreas como la educación, la salud, la justicia y el desarrollo social sigan siendo prioritarias, utilizando la inteligencia artificial como una herramienta al servicio del bien común. Para muchos analistas, este enfoque podría marcar el inicio de una nueva etapa de cooperación internacional en materia de seguridad y gobernanza digital.
En ese marco surge también el Pacto Digital Global, un acuerdo impulsado por la Organización de las Naciones Unidas que busca fortalecer la cooperación mundial en torno a la gobernanza de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial. Adoptado en septiembre de 2024 junto con el Pacto por el Futuro, el documento establece una hoja de ruta destinada a mejorar la colaboración digital internacional, aprovechar el potencial de las nuevas tecnologías y reducir las brechas digitales existentes.
El acuerdo fue consensuado por 193 Estados miembros tras un proceso de consultas globales. Entre sus compromisos principales, los gobiernos se comprometen a respetar el derecho internacional y los derechos humanos en el entorno digital, así como a impulsar medidas concretas para garantizar la seguridad y la integridad del espacio en línea.


Otra de las buenas intenciones y proyectos impulsados por las NNUU como expresión del conjunto de países que desea paz y progreso en armonía de convivencia y respeto.
Lamentablemente es una regulación ya muerta antes de nacer.
Pero si se aprueba y llega a intentarse su aplicación será otra de las regulaciones ignoradas por Infiernolandia donde ya existe el antecedente de la compañía Anthropic –que se negó a facilitar al pentágono el software de IA «Claude» sin restricciones, sin dependencia del ser humano para la toma de decisiones– fue defenestrada y declarada como «riesgo nacional» por el emperador Orange I y su secretario Pete el guerreador.
Con estos antecedentes ¿podemos esperar el cumplimiento de una resolución al respecto?
Sería una inocentada perfecta el creer que ese país entre Canadá y México respete esa o cualquier otra resolución del máximo Organismo Internacional o cualquier otro que lo intente, a menos que obviamente se tomen efectivamente medidas conjuntas a nivel mundial para evitarlo.
De todas maneras mandatarios colaboracionistas en Europa –con honrosas y escasas excepciones– e inclusive en contra del deseo de sus pueblos, le siguen haciendo el caldo gordo al Orange I, apoyando sus posturas, decisiones y acciones, convirtiéndose así no sólo en lacayos serviles sino también en cómplices de los crímenes que el imperio comete.
Pobre Naciones Unidas, hasta que no se libere de su condición de rehén y se mude de ese país sólo seguirá siendo una entidad simbólica y sin poder, misión más que lejana de los vitales propósitos para los cuales fue creada.
En algún momento deberá tomarse la decisión de mudarse, eso se ve a la legua reflejado en los hechos que a diario suceden y que a pesar de condenas e interminables palabreríos, pues siguen sucediendo.