La media sanción de la reforma laboral en el Senado no solo dejó un resultado parlamentario favorable al Gobierno. Dejó también una escena política de alto voltaje, marcada por declaraciones que reavivaron heridas históricas y profundizaron la grieta. El senador formoseño José Mayans lanzó una de las frases más duras que se hayan escuchado en el actual ciclo institucional: comparó al presidente Javier Milei con el exdictador Jorge Rafael Videla y afirmó que el mandatario “tiene comportamientos parecidos”.
La sesión, extensa y atravesada por negociaciones hasta último momento, culminó con 42 votos afirmativos que permitieron avanzar al proyecto oficialista. Para el oficialismo fue una victoria estratégica en el marco de su agenda de reformas estructurales. Para un sector del peronismo, en cambio, fue una derrota política que dejó al descubierto fracturas internas y abrió un nuevo frente de confrontación discursiva.
En declaraciones posteriores a radio Splendid, Mayans reiteró su rechazo frontal a la iniciativa, a la que definió como “regresiva e inconstitucional”. Sin embargo, el eje de la polémica no fue técnico sino simbólico. “Videla no tenía el Parlamento, hacían lo que querían con la ley y aplicaron este programa económico y social… y la dictadura del 55 lo mismo, y Macri lo mismo”, sostuvo el legislador, trazando un paralelismo histórico que rápidamente generó repercusiones.
Ante la pregunta directa de si estaba comparando a Milei con Videla, respondió sin matices: “Tiene comportamientos parecidos”. Según explicó, su apreciación se basa en lo que considera “actitudes autoritarias” del jefe de Estado y en el uso del poder político como herramienta de presión.
La comparación con Videla, figura central del último régimen militar argentino (1976-1983), es especialmente sensible en un país donde la memoria sobre la dictadura sigue siendo un eje estructurante del debate público. Desde el oficialismo consideraron que el paralelismo banaliza el período más trágico de la historia reciente. En sectores de la oposición también hubo voces que calificaron los dichos como “excesivos”.
Lejos de moderar el tono, Mayans profundizó sus críticas. “Además de ser sumamente corrupto, amenaza a todos aquellos que disputan su poder con todo el poder del Estado, con la inteligencia, con la policía. Al que no compra, lo agacha”, afirmó. Y agregó una frase que volvió a sacudir el escenario político: “Está desquiciado”.
El senador sostuvo que la reforma laboral, de convertirse en ley, abrirá una etapa de conflictividad social y judicial. “Van a ir después en forma masiva a la Justicia a reclamar”, anticipó, argumentando que la norma vulnera el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y tratados internacionales en materia de derechos laborales.
El artículo 14 bis, incorporado en la reforma constitucional de 1957, consagra derechos como la protección contra el despido arbitrario, condiciones dignas de trabajo y organización sindical libre. Para Mayans, el proyecto oficialista implica una flexibilización que afectará garantías históricas del movimiento obrero argentino.
“¿Ustedes creen que va a terminar acá todo esto?”, se preguntó el senador, al proyectar un escenario donde, según su visión, “el que protesta contra el Gobierno va a ser acusado de terrorista”. La frase apuntó directamente al clima político que percibe como restrictivo hacia la protesta social.
Consultado sobre una eventual denuncia del Presidente por sus declaraciones, el legislador se mostró desafiante: “Que denuncie todo lo que quieran. Yo soy legislador, tengo fueros parlamentarios y estoy para decir lo que pienso”. Reivindicó su rol como representante político y aseguró no temer represalias judiciales.
Pero la controversia no quedó circunscripta al cruce con el Ejecutivo. La media sanción de la reforma laboral expuso con claridad la interna del peronismo. Varios senadores de bloques provinciales y sectores identificados con el justicialismo acompañaron el proyecto oficialista, lo que generó fuertes cuestionamientos desde el ala más dura.
Mayans acusó a algunos dirigentes de “traicionar los principios del justicialismo negociando cuestiones circunstanciales”. En ese marco mencionó al gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, señalando que su provincia habría recibido importantes recursos en concepto de Aportes del Tesoro Nacional. “Dice que tiene que colaborar con el Gobierno”, expresó con tono crítico.
También apuntó contra la senadora cordobesa Alejandra Vigo, a quien reprocha votar “una ley anti obrera” pese a integrar un espacio provincial con raíces peronistas. Extendió sus críticas al gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, y al dirigente misionero Carlos Rovira, insinuando acuerdos políticos de corto plazo.
“Hay gente que negocia temas particulares”, afirmó, sugiriendo que el respaldo al proyecto estaría vinculado a beneficios para determinadas provincias. Además, cuestionó la dinámica del debate legislativo: “Fueron cambiando artículos de acuerdo a cómo hacer para tener quórum”, denunció.
En uno de los pasajes más filosos de su intervención mediática, describió supuestas negociaciones del Gobierno con gobernadores y senadores: “Fueron con su cajita de promesas: a vos te vamos a ayudar, a vos te vamos a castigar, a vos te hacemos una rotonda, a vos no te vamos a denunciar más”. La frase apuntó indirectamente al Ministerio del Interior como articulador político.
Desde el oficialismo defendieron la reforma como una herramienta necesaria para modernizar el mercado laboral, reducir litigiosidad y generar condiciones para la inversión. Argumentan que la rigidez normativa actual desalienta la creación de empleo formal y profundiza la informalidad.
Para la oposición crítica, en cambio, la iniciativa implica un retroceso en derechos adquiridos y un cambio estructural en la relación capital-trabajo. La discusión técnica quedó eclipsada por el impacto político de las declaraciones de Mayans, que colocaron el debate en un plano de confrontación histórica.
La reforma laboral aún deberá atravesar nuevas instancias parlamentarias y podría enfrentar cuestionamientos judiciales si finalmente se convierte en ley. Pero la sesión que la impulsó ya dejó una marca indeleble en el clima político.
La comparación con Videla no solo tensionó la relación entre oficialismo y oposición. También evidenció el nivel de radicalización discursiva que atraviesa la política argentina. En un escenario donde el debate público se mueve entre reformas estructurales y acusaciones cruzadas, la frontera entre crítica política y descalificación histórica se vuelve cada vez más difusa.
Mientras el Gobierno celebra un avance clave en su agenda legislativa, el peronismo debate puertas adentro su identidad, su estrategia y su liderazgo en tiempos de reconfiguración. Y en ese contexto, las palabras de José Mayans quedarán como uno de los momentos más controversiales del actual período parlamentario: una frase que condensó el clima de época y volvió a demostrar que, en Argentina, la historia nunca está demasiado lejos del presente.



