Con el corazón en la mano y con mucha mística, la selección argentina de fútbol superó a Inglaterra 2-1 en la semifinales de la Copa del Mundo 2026. En el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta con más de setenta mil almas, el equipo conducido por Lionel Scaloni selló su pasaje a la gran final a jugarse el próximo domingo frente a España.
La Albiceleste, que comenzó en desventaja en el complemento, apeló a su indomable templanza, al sentido colectivo y a la jerarquía de sus individualidades para revertir el marcador en los últimos diez minutos de juego, asegurando la posibilidad de defender su corona el próximo domingo en el MetLife Stadium de Nueva York.
El encuentro comenzó con la lógica tensión de un clásico histórico y la enorme presión de una antesala a la final del mundo. Inglaterra, bajo un planteo táctico sumamente ordenado ideado para asfixiar la salida sudamericana, neutralizó con eficacia durante la primera mitad los circuitos de juego que intentaban construir Alexis Mac Allister y Enzo Fernández.
Argentina dominaba la posesión del balón, pero carecía de la profundidad necesaria para inquietar con peligro real el arco defendido por Jordan Pickford. Por su parte, la férrea marca escalonada sobre Lionel Messi obligó al capitán argentino a retroceder varios metros para tomar contacto con la pelota, restándole sorpresa y verticalidad al ataque albiceleste.
El punto de quiebre llegó a los 55 minutos del segundo período. Tras una veloz transición ofensiva de los «Tres Leones», Anthony Gordon aprovechó un desajuste en el retroceso defensivo argentino y, con una definición sutil ante la salida de Emiliano «Dibu» Martínez, decretó el 1-0 parcial.
El golpe caló hondo en el ánimo del campeón defensor, que durante algunos pasajes del encuentro lució desconcertado ante el rigor físico y la presión asfixiante impuesta por el mediocampo británico en la zona de gestación.

Fue allí cuando emergió la lucidez del entrenador Lionel Scaloni desde el banco de suplentes y el orgullo propio de un plantel que se niega por completo a claudicar. Con variantes ofensivas que refrescaron las bandas y mayor agresividad en el área, Argentina comenzó a arrinconar a su rival.
La insistencia tuvo su merecida recompensa a los 84 minutos: tras una gran sucesión de pases en el borde del área, Enzo Fernández sacó un remate seco y preciso que se coló junto al palo derecho de Pickford, desatando la locura colectiva en las tribunas y devolviendo la igualdad al marcador.
Lejos de especular con el tiempo extra, Argentina olió la debilidad de un rival impactado en lo anímico y fue por todo. Ya en tiempo de descuento, precisamente en el minuto 91, una formidable triangulación colectiva por el sector derecho derivó en los pies de Lautaro Martínez.
El delantero del Inter de Milán, haciendo gala de la frialdad absoluta que caracteriza a los goleadores de raza, controló y definió cruzado para vencer la resistencia del guardameta inglés y estampar el 2-1 definitivo. El grito de desahogo ensordecedor sacudió el estadio de Atlanta y se trasladó de inmediato a cada rincón dentro de las fronteras argentinas.
Con esta victoria memorable, el vigente monarca mundial se cita nuevamente con el destino. El domingo 19 de julio, el colosal MetLife Stadium de Nueva Jersey será el escenario de una final soñada frente a España, que viene de mostrar un fútbol de altísimo nivel.


Perdón. Me parece que él gol
argentino , el segundo, fue de cabeza de Lautaro con centro de Messi. Tal vez vi otro partido
Sin lugar a dudas, fue de cabeza en el minuto 85 con pase extraordinario de Messi.