Nacional atraviesa una de sus peores crisis deportiva de la que no ve salida

El tricolor se juega su último tren por salvar el semestre hoy ante Tigre por Sudamericana.

Nacional atraviesa una crisis deportiva de la que no ve salida.

Apenas unos meses después de alzarse con el título del Campeonato Uruguayo 2025,  Nacional atraviesa una de sus crisis deportivas más profundas de los últimos tiempos. Lo que en los papeles pretendía ser un ciclo de consolidación se ha transformado en un duro trayecto signado por la fragilidad defensiva, la irregularidad colectiva y una constante sangría de resultados que desnudó severas deficiencias tanto en el ámbito local como en la vitrina continental.

El inicio de la tormenta no puede entenderse sin la marcada volatilidad en el banquillo. En el transcurso de los últimos doce meses, por la dirección técnica de Los Céspedes han transitado tres entrenadores con propuestas muy diferentes. La salida de Pablo Peirano en el tramo final de 2025 dio paso al ciclo de Jadson Viera, quien logró coronar la temporada anterior pero no pudo sostener la solidez en el arranque de 2026.

La derrota por penales ante Peñarol en la Supercopa Uruguaya fue la primera grieta visible del proyecto. Pocas semanas después, la directiva apostó por Jorge Bava para tomar el timón, aunque el equipo continuó mostrando marcadas fallas de funcionamiento. El Torneo Apertura 2026 se convirtió en el reflejo más fehaciente del desorden deportivo.

En una rueda de 15 fechas, el tricolor registró un balance inédito para su estándar histórico: siete derrotas en un solo torneo corto. Cayó en el clásico del Gran Parque Central por la mínima diferencia y volvió a tropezar ante rivales que explotaron sus desatenciones defensivas, sufriendo caídas ante Juventud, Defensor Sporting, Central Español, Deportivo Maldonado, Danubio y Albion. El séptimo puesto en la clasificación no solo significó un duro revés para la hinchada, sino que además comprometió de forma prematura las aspiraciones en la Tabla Anual.

El escenario internacional tampoco ofreció un refugio. Integrante del Grupo B de la Copa Libertadores, el bolso acusó una alarmante vulnerabilidad fuera de casa. Las abultadas caídas ante Universitario en Lima (4-2) y frente a Deportes Tolima en Ibagué (3-0) sellaron su eliminación prematura en fase de grupos. Relegado a la Copa Sudamericana, el golpe definitivo llegó en su propia casa: un categórico 0-3 propinado por Tigre de Argentina en el Gran Parque Central expuso la desorientación de un plantel inerte.

Los números de la temporada resumen con precisión la magnitud del desplome. En los 29 partidos oficiales disputados en los 90 minutos reglamentarios en lo que va del año, Nacional cosechó 12 victorias, 5 empates y 12 derrotas. Al unificar caídas e igualdades, el balance indica que el tricolor no logró sumar de a tres en 17 de sus 29 presentaciones, sin sumar la caída por penales de la Supercopa ante Peñarol.

Nacional juega hoy contra Tigre por Copa Sudamericana con el global 3-0 en contra.

Ni siquiera el Torneo Intermedio logró cambiar la tendencia. Aunque el equipo insinuó destellos de orden defensivo tras la llegada de Bava, las dos derrotas padecidas en la Serie B sepultaron la posibilidad de acceder a la definición del certamen, dejando al club en una posición incómoda en la acumulación de puntos.

La crisis de Nacional en este 2026 combina desajustes tácticos, desconfianza individual y una merma en la solidez histórica del club. Sin margen de error para la segunda mitad del año, el tricolor enfrenta el desafío ineludible de rearmar sus bases, recuperar la memoria futbolística y demostrar si aún conserva los argumentos deportivos para torcer el rumbo de una temporada que hoy habita en la incertidumbre.

La crisis tricolor interpela de forma directa a la dirigencia, el vertiginoso desfile de entrenadores devela la ausencia de un proyecto deportivo sólido a mediano plazo y expone los vaivenes de una conducción que osciló entre el golpe de efecto mediático y la improvisación.

Si bien la mesa ejecutiva realizó inversiones de peso para repatriar figuras de la talla de Sebastián Coates y Maximiliano Gómez, el armado del plantel pecó de un marcado desequilibrio estructural, dejando zonas clave despobladas y un banco de suplentes sin soluciones ante la doble competencia.

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