A simple vista, Uruguay parece haber puesto la educación en el centro de su agenda: más estudiantes ingresan cada año a la educación terciaria, tanto universitaria como no universitaria, y la matrícula para el nivel terciario supera los 230 mil alumnos en todo el país.
Sin embargo, entre esos números también se esconden trayectorias truncadas, frustraciones y decisiones difíciles que no siempre quedan en las estadísticas oficiales.
Los datos disponibles sugieren que muchos estudiantes no logran consolidar su paso por la universidad. Un estudio sobre la generación 2015 de la Universidad de la República (Udelar) mostró que sólo el 27% de los ingresantes logró aprobar al menos una materia por año durante cinco años consecutivos, indicador modesto considerado como trayectoria académica esperada.
De hecho, una parte significativa de quienes no alcanzan esa trayectoria experimenta fracaso académico o abandono antes de terminar sus estudios.
En este contexto conversamos con Valentina, 24 años, y Matías, 25, dos jóvenes que alguna vez empezaron una carrera universitaria y decidieron dejarla. Sus historias no solo reflejan experiencias personales, sino también tensiones estructurales que enfrentan muchos jóvenes uruguayos.
“Cuando la vida real entra al aula”
Valentina — 24 años, ex estudiante de Psicología
Valentina ingresó a Psicología con ilusión. “Quería ayudar, quería entender a las personas…”, cuenta con una mezcla de nostalgia y desencanto. Pero la práctica resultó más dura de lo que esperaba.
—¿Cuál fue el punto de quiebre?
—No fue uno solo. Fue el combo de trabajar, estudiar y tratar de mantener una vida personal. Tenía un trabajo de jornada completa para pagar alquiler, transporte y comida. Algunas semanas no veía a mi familia. El primer año fue un milagro si aprobaba una materia. Después se volvió un promedio imposible.
Según Valentina, las becas no llegaron a tiempo, ni fueron suficientes. “La beca que conseguí duró un semestre y terminó justo cuando más la necesitaba…”, recuerda. Sin ese apoyo, los gastos asociados a estudiar —como transporte diario y materiales— empezaron a pesar más que cualquier examen.
—¿Te preguntarías qué faltó para sostenerte?
—Más flexibilidad en horarios y apoyos reales. No hablo de un descuento simbólico, sino de algo que me permitiera respirar un poco. Estudiar no debería ser una carrera de resistencia.
“No estás solo, pero así se siente”
Matías — 25 años, ex estudiante de Ingeniería
Matías eligió Ingeniería por una razón práctica: “Dicen que tiene salida laboral, que no vas a vivir con lo justo…”, cuenta. Sin embargo, el choque llegó temprano. “Yo venía de un liceo común. La transición fue brutal. Muchas cosas se daban por sentadas y yo simplemente tenía que trabajar para sostenerme”, dice con franqueza.
En Uruguay el abandono temprano no es exclusiva de este grupo. Factores como la desconexión entre teoría y práctica, la necesidad de trabajar y el ritmo intensivo de las carreras aumentan la probabilidad de pérdida de motivación académica, especialmente cuando los resultados no las acompañan.
—¿Pensás que tu decisión fue individual?
—Existe el mito del “si querés podés”. Pero cuando tenés que dividir tu tiempo entre trabajar y estudiar, la universidad te exige dedicación exclusiva. No es real para quienes necesitan pagar cuentas.
Para Matías, la ausencia de un puente claro entre lo que se enseña y la realidad laboral también fue un factor. “Sentía que estaba estudiando conceptos que no veía en ningún lado. Podría haber sido útil si hubiera tenido más práctica, más pasantías o algo que me conectara con lo que realmente querés hacer”, reflexiona.
Los testimonios de Valentina y Matías se intersectan con datos preocupantes sobre el rendimiento y permanencia de estudiantes en Uruguay. Según el estudio citado, más del 70% de quienes no aprueban materias durante el primer año terminan abandonando o estancándose académicamente.
Ese patrón no solo es académico, sino también social: el apoyo económico, las condiciones familiares y las demandas laborales impactan directamente en las trayectorias estudiantiles.
Además, la tasa de egreso de educación media superior —paso previo a la universidad— muestra que menos de la mitad de los jóvenes de entre 18 y 20 años logra culminar ese nivel en el tiempo esperado. El ingreso a la educación terciaria puede ser alto en términos brutos, pero la permanencia y finalización siguen siendo un desafío.
Romper el silencio institucional
Valentina y Matías hablan con honestidad sobre frustraciones que rara vez aparecen en informes oficiales. Sus voces evidencian que el abandono no es solo una cifra, sino una intersección de barreras económicas, académicas y sociales.
Al final de nuestra charla, Valentina dice con convicción: “No me fui porque no quería estudiar, me fui porque estudiar así era insostenible”. Matías agrega: “Si estudiar significa elegir entre aprender y poder vivir, no es una elección real”.
Las barreras invisibles
Los testimonios coinciden en tres problemas estructurales:
Tiempo: carreras diseñadas para estudiantes de dedicación plena.
Economía: becas que llegan tarde o no cubren lo básico.
Soledad académica: tutorías insuficientes y trayectorias rígidas.
Las estadísticas acompañan. Los jóvenes que no aprueban materias en el primer año tienen alta probabilidad de estancarse o abandonar. Y, aun antes, menos de la mitad culmina la educación media superior en los plazos esperados: la desigualdad arranca mucho antes del ingreso universitario.
Sus testimonios invitan a una pregunta incómoda para el sistema educativo uruguayo: ¿cómo apoyar a quienes ya están dentro, más allá de abrir puertas de ingreso?
Mientras la discusión pública se centre solo en aumentar matrícula, procesos como éste seguirán siendo tragedias individuales escondidas detrás de estadísticas.


Los estudiantes que aprueban primer año en la universidad siempre fueron la mitad o menos de los que ingresan Ahora con la flexibilización de Secundaria donde ya no hay que rendir exámenes en Bachillerato está tendencia se acentúa
Hay que tener claro que el objetivo del Frente Amplio cuando facilitó el egreso de Secundaria no fue de ninguna manera que todos fueran » doctores» sino que pudieran ingresar en el mercado laboral de alguna manera En ningún país del mundo la Universidad es para todos Hay que valorar que sirve para socializar y acceder a otras formas y panoramas culturales que serían difíciles de otra manera Eso sí, hay que diversificar la oferta educativa de modo que los estudiantes puedan realizar otros cursos
Bueno, si publican ofertas de trabajo donde piden peones para carga y descarga con estudios técnico profesional para pagarles el sueldo básico, filtrar y dar imagen de empresa seria con ese nivel de estudio para hacer trabajo de baja remuneración por el sueldo básico. Alguien controla los avisos y el abuso de las empresas.
¿Alguien controla los avisos y el abuso de las empresas?