En septiembre de 2025, la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York vuelve a convertirse en escenario central de la diplomacia global con la celebración del 80.º período de sesiones de la Asamblea General, en el que se articulan debates decisivos para el presente y el futuro del orden mundial.
Este año la Asamblea adquiere una dimensión especial: la ONU cumple 80 años de existencia. En un entorno global marcado por crisis múltiples —conflictos armados, urgencia climática, desigualdades crecientes y desconfianza en las instituciones internacionales— este aniversario se convierte tanto en motivo de conmemoración como de cuestionamiento profundo de la relevancia y eficacia del multilateralismo.
Los críticos señalan que la organización arrastra problemas estructurales: exceso de burocracia, limitaciones impuestas por el derecho de veto en el Consejo de Seguridad y tensiones crecientes entre poderes centrales y países del Sur Global.
Varios asuntos emergen con fuerza en esta cumbre:
El conflicto en Gaza y el reconocimiento de Palestina
El drama humanitario de la Franja de Gaza domina la agenda. Muchas delegaciones acusan a Israel de crímenes de guerra y/o genocidio, y múltiples países aprovecharon el foro para reconocer formalmente al Estado palestino.
La Autoridad Nacional Palestina participa mediante videoconferencia ante las trabas para que sus representantes reciban visado de EE. UU. Esta situación refleja la polarización diplomática creciente en torno al conflicto.
Cambio climático y compromisos supuestamente renovados
En paralelo al debate general, en una cumbre climática previa, algunas naciones anunciaron metas más ambiciosas para reducir emisiones hacia 2035. Sin embargo, organismos científicos y ONGs advierten que esas promesas aún no bastan frente a la crisis climática global.
Gobernanza de la inteligencia artificial y regulaciones internacionales emergentes
En la edición 2025, se incorporó con fuerza el debate acerca de cómo reglar tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial (IA). Un marco global en torno a la IA es considerado uno de los proyectos más complejos e indispensables del organismo.
En meses previos, la ONU había iniciado procesos para establecer una arquitectura normativa internacional que incluya diálogo entre países desarrollados y en desarrollo.
Desigualdad, desarrollo sostenible y cooperación global
La crisis financiera de la ONU, los retrasos en el aporte de los Estados miembros (especialmente EE. UU.) y el reclamo de mayor espacio fiscal para países en desarrollo también fueron cuestiones centrales.
Además, en paralelo se organizan eventos como la Cumbre de Líderes del Pacto Global de la ONU, dirigida al sector privado y su aporte a los Objetivos de Desarrollo Sostenible
Asimismo, 2025 coincide con el Año Internacional de las Cooperativas, lo que introduce el papel de las organizaciones cooperativas en el desarrollo y la sostenibilidad en el marco de la ONU.
Actores destacados y discursos controversiales
Varias intervenciones captaron la atención.
Javier Milei, presidente de Argentina, aprovechó su discurso para elogiar la política migratoria del expresidente Donald Trump, criticar la hegemonía de la izquierda y plantear que la ONU se había convertido en un “gobierno supranacional” de burócratas.
También reclamó la soberanía argentina sobre las Malvinas y la liberación de un gendarme detenido en Venezuela.
Felipe VI de España respondió defendiendo la utilidad de la ONU como defensa frente a la “ley del más fuerte”, y abogó por una inmigración gestionada basada en derechos humanos y la protección de los migrantes.
En el inicio del debate, Países como Reino Unido, Canadá, Australia y Portugal anunciaron el reconocimiento formal de Palestina, marcando un giro diplomático importante ante la resistencia de EE. UU. e Israel.
El discurso de apertura y las intervenciones iniciales evidenciaron tensiones directas hacia la institución: Trump reforzó su postura unilateralista y su crítica hacia organismos multilaterales, mientras que otros oradores defendieron el derecho internacional, la solidaridad entre países y la responsabilidad común frente a crisis globales.
La cumbre generó esperanza en ciertos ámbitos, como la posibilidad de revisiones institucionales, acuerdos climáticos más audaces y avances en reglas sobre IA. Sin embargo, varios factores inciden como límites:La profunda polarización internacional y los intereses contrapuestos entre grandes potencias dificultan la adopción de decisiones vinculantes y reformas profundas.
Las promesas climáticas, aunque renovadas, aún no cierran la brecha entre lo necesario y lo plausible, según expertos. La inclusión efectiva de voces de países más pequeños, del Sur Global y de grupos vulnerables sigue siendo un desafío estructural.
La presión presupuestaria sobre la ONU y las tensiones entre quienes exigen reformas profundas versus quienes desean mantener el status quo dentro del organismo.
La Asamblea General de la ONU de septiembre de 2025 es mucho más que una reunión anual: simboliza la tensión entre el pasado y el futuro del multilateralismo. En su 80.º aniversario, la organización se enfrenta al desafío de demostrar que puede transformarse, adaptarse y recuperarse frente a un mundo más fragmentado e interdependiente. Entre discursos cargados de confrontación, crisis morales y urgencias globales, la cumbre dejó sobre la mesa la pregunta clave: ¿será capaz la ONU de reinventarse para seguir siendo un pilar de cooperación y contención en el siglo XXI?


