El encuentro se desarrolló en la sede de la Facultad de Ciencias de la Salud de UDE y reunió a estudiantes, docentes, profesionales de la salud y público en general, tanto de forma presencial como a través de la plataforma Zoom. La apertura estuvo a cargo de Carolina Abuchalja, miembro del rectorado de UDE, quien dio la bienvenida y planteó las preguntas que guiarían la jornada: “¿Qué cosas nos preocupan cuando hablamos de inteligencia artificial? ¿Dónde va a quedar lo humano? ¿Hasta dónde va a llegar lo artificial? ¿Y hasta dónde vamos a permitir que lo humano desaparezca?”.
Abuchalja subrayó que la inteligencia artificial fue creada por los seres humanos y que el espacio que ocupe dependerá de nosotros. “¿Lideramos la transformación o simplemente la aceptamos y dejamos que avance sin nosotros tener un protagonismo?”, se preguntó. Además, recordó que esta revolución tecnológica tiene dos características particulares, su velocidad de instalación y su impacto en el empleo.
A continuación, tomó la palabra la licenciada en enfermería Sonia Meneses, coordinadora general de la Facultad de Ciencias de la Salud de UDE. Meneses explicó que esta charla se enmarca en uno de los objetivos institucionales que es brindar saber, intercambiar con vecinos, pacientes y estudiantes.
Anunció que se están programando reuniones mensuales con distintas temáticas de suma importancia y agradeció la concurrencia presencial y virtual, así como la presencia de la decana, doctora Karina Rando, que siguió el evento desde el exterior vía Zoom.

Integrar tecnología sin deshumanizar
La licenciada Analía Bentancor, especialista en imagenología y docente de UDE, abrió su presentación con una reflexión: “Hoy en día poder hablar de la humanización de los cuidados de salud en la era de la tecnología es algo que si bien hay una moda, también tiene que haber una concientización y diferentes tipos de regulaciones”.
A lo largo de su exposición, Bentancor recorrió los avances tecnológicos y su impacto en la medicina, pero puso el foco en que “la tecnología avanza, pero la pregunta es cómo seguimos cuidando con esta tecnología. El desafío no es tenerla, sino integrarla sin perder el acto humano, la presencia, la escucha y la confianza”.
La especialista también mencionó ejemplos como robots ROSSI que interactúan en el espacio público, las compras online, las impresiones 3D que permiten sustituciones anatómicas y el teletrabajo. “Todo esto ya está aquí y ya transformó el diagnóstico, la gestión y el acceso a la salud”.
La IA en la práctica clínica
Bentancor explicó que a nivel mundial, más de mil herramientas médicas basadas en inteligencia artificial están aprobadas por la FDA. Dos de cada tres médicos en Estados Unidos ya las utilizan, y uno de cada cinco médicos de familia lo que es atención primaria de salud, las emplea en tareas cotidianas de diagnóstico. “No tenemos marcha atrás”, afirmó.
Entre los beneficios, destacó el diagnóstico más preciso y temprano, especialmente en imagenología. Puso como ejemplo los algoritmos que analizan mamografías y permiten detectar cáncer de mama con mayor rapidez, reduciendo los tiempos de espera para la paciente. También mencionó la reducción de la carga administrativa, la ampliación del acceso a la salud mediante consultas remotas y la medicina personalizada basada en datos genómicos.
Para hacer más tangible el avance, presentó cuatro casos reales que ya se están implementando. El primero es Scribe Dragon Copilot, un sistema de transcripción de consultas médicas que permite que, mientras el médico atiende al paciente, la computadora escuche y transcribe la conversación. Subiendo automáticamente la información a la historia clínica, lo que facilita que el profesional mantenga el contacto visual y humano con el paciente.
Otro caso real es Tucuvi (lola), una computadora que interactúa con el paciente para realizar preguntas preliminares, permitiendo que el médico disponga de más tiempo para el diagnóstico y la atención personalizada. También se destacó Moxi, un robot de traslado de material y muestras que libera a los enfermeros de tareas logísticas para que puedan dedicar más tiempo a los pacientes. Por último, mencionó Pepper, un robot de compañía diseñado para apoyar emocionalmente a niños en entornos hospitalarios.

El límite de la empatía simulada
A pesar de los beneficios, Bentancor fue enfática en señalar los riesgos. Citó un estudio publicado en JAMA que revela que el 79% de la población prefiere la respuesta de la inteligencia artificial a la de los médicos en términos de empatía percibida. “Esto puede ser alarmante, pero también nos lleva a entender algo imprescindible, la empatía simulada es totalmente diferente a la empatía vivida.
La inteligencia artificial reconoce patrones emocionales, pero es el humano quien se conmueve con esos patrones y con lo que siente el otro paciente. Eso ningún algoritmo lo puede hacer”. Entre los riesgos que enumeró se encuentran el sesgo algorítmico, que surge cuando los modelos son entrenados con datos parciales y reproducen desigualdades clínicas y sociales, como la falta de representación de ciertos tipos de piel en diagnósticos dermatológicos.
También mencionó la vulneración de la privacidad, ya que los datos sensibles alimentan sistemas que no siempre garantizan la trazabilidad del consentimiento. Finalmente, señaló la dilución de la responsabilidad, ante un error, no está claro quién debe responder si el médico, el desarrollador o la empresa.
Bentancor subrayó la importancia de establecer límites éticos claros, destacando que la empatía simulada no puede reemplazar la vivencia real y que el clínico debe liderar el encuentro. Insistió en la necesidad de transparencia en las decisiones, evitando las “cajas negras”, y recordó que el consentimiento digital informado es un derecho del paciente, quien debe saber que se está utilizando inteligencia artificial en su atención.
Además, enfatizó que la rendición de cuentas debe estar garantizada por marcos legales. Un ejemplo relevante es la recomendación de la UNESCO sobre la ética de la inteligencia artificial, adoptada en 2021. Se trata del primer instrumento normativo global en la materia, adoptado por 193 Estados, que sitúa a los derechos humanos, la dignidad y el bien común como ejes centrales para el desarrollo de estas tecnologías.
En Uruguay, la Ley N.º 20.212 establece un marco de responsabilidad que resulta clave para asegurar un uso adecuado de la inteligencia artificial. Contar con un respaldo legal es fundamental para evitar prácticas indebidas y garantizar que los sistemas se utilicen de forma segura y ética. Esta normativa propone principios rectores para el desarrollo y la implementación de sistemas de inteligencia artificial en el país.
A nivel internacional, también se destaca el convenio en el marco del Consejo de Europa sobre inteligencia artificial en 2024. Este constituye el primer tratado internacional vinculante que aborda la relación entre inteligencia artificial, derechos humanos, democracia y Estado de derecho a lo largo de todo su ciclo de vida.
En Uruguay también existen los llamados sandbox regulatorios que son entornos de prueba controlados donde las tecnologías se evalúan antes de su despliegue.

Balance y proyecciones
La inteligencia artificial es una herramienta poderosa, pero su uso debe estar guiado por la ética, la transparencia y la humanización. La tecnología puede mejorar la eficiencia y el acceso, pero el vínculo médico-paciente, la escucha activa y la empatía real siguen siendo irremplazables. Como dijo Bentancor, “quien deshumaniza no es la máquina, sino quien la usa”.
La especialista señaló que la regulación es un aspecto clave para garantizar que la tecnología se utilice de manera responsable y que los pacientes estén protegidos ante eventuales fallos o mal uso de los sistemas. “La inteligencia artificial llegó para quedarse y, bien utilizada, puede potenciar nuestra capacidad de cuidar, pero nunca reemplazar la esencia del acto humano que es la compasión y el acompañamiento genuino”, concluyó.

