Desde políticos, expresidentes, futbolistas y personalidades de Uruguay y Chile pisaron alguna vez la “Parrillada La Uruguaya”, ubicada a tres cuadras del Estadio Nacional en Santiago de Chile, comuna de Ñuñúa. Su fundador Juan Araya, un uruguayo de 72 años nacido en Montevideo en 1954, ha forjado una vida y un legado en Chile que trascienden el mero hecho de la migración.
Su historia es un testimonio de adaptación, emprendimiento y una inquebrantable conexión con sus raíces uruguayas, especialmente a través de su restaurante: Parrillada La Uruguaya y su fervor por la selección de fútbol.
En marzo de 1973, cuando Juan tenía 19 años, arribó a Chile de la mano de su padre, un periodista que se trasladó al país trasandino por trabajo. Este cambio fue «demasiado fuerte», y se intensificó con el golpe de Estado en Chile en septiembre de ese mismo año. En esa época y explica que “no entiende cómo” llegaron a su casa personalidades como el entonces presidente, Salvador Allende y el Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda: “hay fotos que se tuvieron que quemar después del golpe”, agregó.
Juan, el menor de seis hermanos, recuerda la dificultad de esos primeros años, donde incluso conseguir yerba mate era un desafío. «En esos años no existía yerba acá, no había nada», comenta. La costumbre de tomar mate era incluso «mal mirado» en algunos barrios, asociada a personas que habían estado presas.
A pesar de las adversidades, Juan se adaptó «poco a poco al ritmo de vida en Chile». Su trayectoria laboral comenzó en una estación de servicio, donde trabajó durante muchos años, ascendiendo de pistero (bombero, como le llaman en Chile) a jefe, administrador y finalmente concesionario.
Fue en este período donde comenzó a gestarse la idea de su emprendimiento. “Cuando estaba trabajando y veía a alguien con una bandera uruguaya, salía a saludarlo” y así empezó a «juntar uruguayos» en casa de un amigo y celebrar fechas especiales como el 25 de agosto “con asados”.
El nacimiento de la parrillada fue casi accidental. En 1998, para las eliminatorias de fútbol, Juan y sus amigos decidieron fabricar sus propios chorizos ante la insatisfacción con los productos locales. «Compramos la tripa, compramos la carne, la molimos y nos quedaron, nos quedó espectacular», relata. La demanda creció boca a boca entre los uruguayos, y pronto la embajada lo ayudó a introducir sus productos en algunos restaurantes.

La anécdota de un uruguayo comiendo sus chorizos en un restaurante y pagando un precio elevado fue el detonante: «Tengo que colocar una parrillada yo», pensó Juan. Abrió un pequeño local que inicialmente no tuvo éxito, vendiendo «colaciones» (menús del día). Sin embargo, la estrategia de regalar sus productos como la pamplona, chorizo y morcilla, a sus clientes y el boca a boca hizo su magia. Un periodista que visitó el local lo publicó, y el negocio comenzó a crecer.
El punto de inflexión llegó cuando Araya se enfermó y la selección uruguaya, y luego Peñarol, salieron con un lienzo que decía «Fuerza Juan Araya». Esto atrajo la atención de los canales de televisión, que querían saber «quién era Juan Araya», lo que lo llevó a ser reconocido como «cónsul no oficial» y a consolidar su restaurante.
Actualmente, «La Parrillada La Uruguaya» tiene dos locales en Santiago, el principal en Ñuñúa y otro en Providencia. Mientras tanto, Araya vive en Peñaflor, a unos 30 km de Santiago. Su éxito se debe en gran parte a la clientela chilena. «Yo vivo de los chilenos», afirma, destacando que los chilenos fueron quienes le «hicieron la fama».
Su restaurante ha recibido a numerosas figuras públicas, desde el expresidente Gabriel Boric, el presentador de televisión Don Francisco, el ex entrenador Óscar Washington Tabárez y el propio José “Pepe” Mujica, quien visitó el local y con quien Juan tuvo la oportunidad de compartir en su chacra en Uruguay. “Las personas que tu te imagines, pasaron por el restaurante, todos”, puntualizó.

Desafíos de la pandemia
La pandemia fue un desafío inmenso, con toques de queda y cierres totales en Chile. Juan, que aún pagaba préstamos por un incendio anterior en 2008, logró sobrevivir gracias al apoyo de los bancos y la implementación del servicio de delivery. «La fila de gente aquí afuera y lo más impresionante es que después me daban las gracias por no quebrar», recuerda. Para Juan, mantener la identidad uruguaya fuera del país es un proceso de idealización: «uno se hace más uruguayo afuera que estando allá», asegura el entrevistado desde su restaurante en la capital chilena.
Pasión celeste
La relación de Juan Araya con la selección uruguaya es profunda y apasionada. Su restaurante se ha convertido en un punto de encuentro para la comunidad uruguaya en Chile durante los partidos. Al entrar a su restaurante te traslada directamente a Uruguay, con la decoración celeste, la bandera, y hasta Carlos Gardel pintado en las paredes, así como camisetas firmadas.
«Creció el restaurante y vino la idea de juntar a los uruguayos especialmente para los días de partidos y cerramos para uruguayos», explica. Esta decisión surgió después de un incidente desagradable en 2010. Desde entonces, el local se cierra exclusivamente para uruguayos, aunque esto signifique «perder plata».
Araya recuerda el Mundial de 2010 como una «locura tremenda», con gente llorando en el piso durante el partido contra Ghana. Él cree que «el fanatismo del uruguayo que está afuera es más grande que el que está dentro». Su restaurante es «un pedazo del uruguayo en Chile».
Su conexión con la selección va más allá de los partidos. Ha asistido a todos los encuentros de Uruguay en Santiago y tuvo una relación cercana con el maestro Tabárez. Incluso, el día del recordado incidente entre Jara y Cavani, Tabárez le había dicho: «Juan, después de acá nos vamos a tu parrilla o a tu casa». Sin embargo, lo que pasó en el partido impidió que se concretara.

A pesar de la pasión, Juan observa una «apatía» actual en la comunidad uruguaya en Chile, con menos gente asistiendo a los partidos en su restaurante. De 500 personas que solían llenar un espacio para 200, ahora solo asisten 30 o 40. Espera que el primer partido del próximo mundial reviva el entusiasmo.
Sobre la selección actual, Juan tiene sus reservas sobre el estilo de juego bajo Bielsa, señalando que las victorias contra Brasil y Argentina fueron más por «respuesta» que por «propuesta». Lamenta la posible ausencia de Nahitan Nández, a quien considera «el único uruguayo a la antigua, que te trancaba con la cabeza». Respecto a Luis Suárez, lo ve como un «plus extra», un jugador que «asusta» a los rivales y cuya trayectoria debería ser «compensada con este último mundial».
Con la esperanza de que el futuro traiga nuevamente a los uruguayos con banderas y camisetas a su parrilla, Juan Araya concluye con un rotundo «Uruguay no más», un lema que encapsula su vida, su negocio y su inquebrantable amor por su patria.

