René Portocarrero nació el 24 de febrero de 1912 en La Habana, en el barrio del Cerro. Su infancia transcurrió entre el barrio natal y una casa cercana al Paseo del Prado, donde se celebraban los tradicionales carnavales habaneros. ¡Y precisamente eso marcaría su obra!. Su temperamento rebelde no se adaptó a la enseñanza académica por lo que abandonó las aulas y continuó su formación de manera autodidacta. A los once años ya había expuesto un paisaje en un salón de la Asociación de Pintores y Escultores de La Habana.
En 1934 realizó su primera exposición individual en el Lyceum de La Habana. Comenzaba así una trayectoria que lo convertiría en una de las figuras cimeras de las artes plásticas cubanas. Colaboró con el Estudio Libre para Pintores y Escultores, dirigido por Eduardo Abela, y se vinculó al grupo de intelectuales que se nucleaba alrededor del poeta José Lezama Lima, para cuyas revistas realizó numerosas ilustraciones.

La década de 1940 fue clave. En 1943 pintó las series “Interiores del Cerro”, “Festines” y “Figuras para una mitología imaginaria”, en las que se definieron los rasgos más importantes de su poesía. También empezó a desarrollar el tema de las fiestas populares en una importante serie de pasteles. Al año siguiente pintó “Paisajes campesinos” y realizó una muestra con 140 obras en la Universidad de La Habana.
Asimismo, influenciado por la abstracción, entre 1949 y 1953 produjo una serie de obras que se apartaban de sus temas anteriores. Pero fue alrededor de 1950 cuando encontró uno de los caminos más personales: el paisaje urbano de La Habana. Recibió el Premio Nacional de Pintura por su óleo “Homenaje a Trinidad”, considerado antecedente de sus celebrados “paisajes de La Habana”.
También en 1950 comenzó a practicar la cerámica en el Taller Experimental de Santiago de Las Vegas, junto a Wifredo Lam, Mariano Rodríguez y Amelia Peláez. Allí produjo pequeños murales, losas, vasijas y vajillas. La influencia de Lam es evidente en sus líneas de contorno y en la manera de representar la flora y la fauna tropical.
En 1955 publicó “Máscaras”, una colección de doce dibujos basados en el carnaval de Cienfuegos. Pintó su importante serie “Color de Cuba”, compuesta por diablitos y santos populares, figuras ornamentadas y paisajes habaneros. En 1963 obtuvo el Premio Internacional Sambra en la VII Bienal de São Paulo, reconocimiento al mejor conjunto presentado. Dos años después, sus “Retratos de Flora” fueron exhibidos en la XXXIII Bienal de Venecia.
Portocarrero fue también un muralista prolífico, entre sus obras más importantes se cuentan “Familia campesina” para la Escuela Normal de Santa Clara (1937), un mural en cerámica para el hotel Habana Libre (1957) con el tema “Historia de las Antillas”, “Figuras de teatro” en el vestíbulo de la Sala Covarrubias del Teatro Nacional (1961), y un gran mural de cerámica de 216 metros cuadrados en el Palacio de la Revolución de La Habana (1967-1968).
Entre 1970 y 1971 pintó la extensa colección de “Carnavales”, más de doscientas caseínas sobre papel. Le siguieron “Figuras sedentes” (1975-1977), “Transfiguración y fuga” (1982) y “Madres eternas” (1982). En 1979 expuso por primera vez los “Carnavales” en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.
Recibió importantes condecoraciones como la Orden de la Cultura de Polonia, la Orden Cirilo y Metodio de Bulgaria, el Águila Azteca de México y la Orden Félix Varela de primer grado en Cuba. René Portocarrero falleció en La Habana el 7 de abril de 1985, a los 73 años. Su obra forma parte de las colecciones del Museo de Bellas Artes de Houston, el Museo de Bellas Artes de Caracas y el Museo Nacional de La Habana. Con sus pinturas, dibujos, cerámicas y murales, Portocarrero se convirtió en un referente imprescindible de la riqueza pictórica de la cultura cubana.

