Mirza-Fatali Ajúndov nació el 12 de julio de 1812 en Nukha, una ciudad del actual Azerbaiyán que entonces formaba parte del Imperio ruso. Pertenecía a una familia terrateniente de origen iraní-azerbaíyano, y su vida transcurrió en un territorio de frontera, donde las culturas persa, turca y rusa se entrecruzaban. Esta diversidad marcó su pensamiento y su obra.
Ajúndov se formó en un contexto donde el Imperio ruso, bajo el influjo de las ideas ilustradas europeas, comenzaba a modernizar sus estructuras, y el Cáucaso era un laboratorio de encuentros culturales. Fue en este ambiente que Ajúndov desarrolló una visión del mundo radicalmente nueva para su época: el materialismo y el ateísmo. Su filosofía, influida por el pensamiento social ruso de vanguardia y por figuras como Belinski, Chernishevski y Dobroliúbov, sostenía que solo existe una sustancia: la materia.
Para él, la materia es eterna, infinita y causa de sí misma, y todos los procesos del universo, incluida la conciencia, derivan de ella. El espacio y el tiempo son atributos necesarios de la materia, y el mundo es cognoscible a través de la ciencia y las sensaciones.

Su materialismo iba de la mano de un ateísmo militante. Ajúndov criticó duramente el islamismo y, en general, toda religión, a la que consideraba un obstáculo para el progreso de la humanidad. Sostenía que la humanidad había cometido un error al mezclar la ciencia con la religión, y que la fe y el saber eran incompatibles. En su artículo «Respuesta al filósofo Hume», defendió la objetividad de la causalidad y criticó el idealismo subjetivo, reafirmando su postura materialista.
Pero Ajúndov no fue solo un filósofo de gabinete. Fue un hombre de acción, un «hombre público», como lo definen las fuentes, que creía en el poder transformador de la educación y la cultura. Es considerado el fundador de la literatura, la dramaturgia y el teatro modernos de Azerbaiyán. Escribió obras de teatro inspiradas en el modelo europeo, que tuvieron un impacto decisivo en el nacimiento del teatro moderno no solo en su país, sino también en Irán, a través de traducciones al persa. Su obra literaria incluye también la novela filosófica «Las estrellas engañadas», considerada la primera obra en prosa de la literatura azerbaiyana.
Su producción más importante en el campo de la filosofía es el tratado «Tres cartas del príncipe indio Kemal-ud-Dovle al príncipe persa Dzhelal-ud-Dovle y respuesta de este último». En esta obra, escrita en forma de correspondencia entre dos príncipes ficticios, Ajúndov expone sus ideas materialistas y ateas con un tono crítico y satírico. La obra no solo critica la religión, sino que también aborda temas sociales y políticos.
Ajúndov fue un patriota convencido, pero su patriotismo no era excluyente. Propugnaba la amistad entre todos los pueblos y luchaba por el establecimiento de relaciones fraternales entre los pueblos de Transcaucasia y Rusia. Admiraba la cultura y la lengua rusas, y consideraba que el ruso era una lengua incomparable para expresar ideas profundas. A pesar de su origen iraní-azerbaíyano, se consideraba un súbdito leal del zar, y veía en el Imperio ruso una fuerza modernizadora para el Cáucaso.
En Azerbaiyán, este gran escritor se venera como el padre de la literatura y el teatro nacionales. Su pensamiento materialista y ateo influyó en generaciones posteriores de intelectuales, y su lucha por la separación entre la religión y el conocimiento sigue siendo un tema de gran actualidad. Murió el 9 de marzo de 1878 en Tiflis, la actual Tbilisi, dejando una obra que desafía el tiempo y las fronteras. En un mundo donde el pensamiento crítico y la libertad de conciencia siguen siendo valores en disputa, la figura de Mirza-Fatali Ajúndov emerge como un faro de la Ilustración en una región a menudo olvidada por la historia occidental.

