La memoria musical de “Baldío” llega en formato libro de la mano del escritor Luis Fernando Iglesias

Este jueves se realizó en la Sala Mario Benedetti de la Casa del Autor el lanzamiento editorial del libro Baldío, del escritor Luis Fernando Iglesias

Este jueves se realizó en la Sala Mario benedetti de la Casa del Autor el lanzamiento editorial del libro Baldío

Hay discos que nacen para ocupar un lugar en la historia y otros que parecen quedar suspendidos en un territorio incierto, como si nadie terminara de escucharlos del todo. Baldío pertenece a esa segunda categoría. O al menos eso creyó durante años Luis Fernando Iglesias, hasta que decidió que esa ausencia -esa especie de olvido- también merecía ser contada.

Desde Diario la R, conversamos con el abogado, docente, periodista cultural y escritor Dr. Luis Fernando Iglesias, autor del libro “Baldío” y quien ya había escrito en otras ocasiones para la “Colección Discos” perteneciente a Estuario Editora.

La idea del libro no surgió de un plan editorial ni de una investigación académica, como en ocasiones suelen iniciar los proyectos, sino de la incomodidad persistente de Iglesias. Ya había escrito sobre otra banda, -Psiglo-, cuando volvió a ese disco que había comprado en casete poco después de su salida. ¿Cómo podía ser que una obra que él consideraba entre las mejores de la música uruguaya hubiese pasado casi desapercibida? ¿Por qué una banda con esa potencia había durado menos de dos años?

Iglesias comenta que la respuesta no llegó de inmediato. Llegó, como suelen llegar las buenas historias, en la cotidianeidad. “Un día me encontré de manera casual con Fernando Cabrera (integrante de la banda Baldío) y le comenté sobre estas inquietudes. El me comentó sobre situaciones que me parecieron aún más intrigantes. Me dijo que nadie los contrataba, que era un proyecto muy querido, pero sin eco comercial, de una banda que simplemente no encontraba espacio para tocar”. Esa explicación, lejos de cerrar el tema, abrió el camino hacia la escritura de Baldío. Allí se delineó el núcleo del libro, marcado por la convivencia entre la calidad artística y el fracaso en términos de mercado.

Abogado, docente, periodista cultural y escritor Dr. Luis Fernando Iglesias, autor del libro “Baldío”

Camino editorial

Lo que siguió fue un proceso largo, discontinuo, atravesado por la pandemia y otros proyectos, pero sostenido por una certeza, y es que había una historia ahí que no estaba siendo contada. Iglesias no se limitó a reconstruir el recorrido de la banda, sino que decidió ir más atrás y más allá y dar a conocer cómo se llega a Baldío.

Convirtiéndose así en una puerta de entrada a un período más amplio de la cultura uruguaya, ese tramo entre finales de los años setenta y la salida de la dictadura, donde la música también era una forma de procesar lo que estaba ocurriendo en el país. “La historia es del disco, de los integrantes, cómo llegaron ahí, qué pasó después, pero además qué pasaba en Uruguay en ese tiempo. Este entorno político y social de 1973 a 1985, esas pequeñas historias de cada uno de nosotros también fue parte de este libro”, relata. 

Iglesias se percató que esta historia merecía ser contada desde ese contacto con los integrantes de la banda, pues sabía que no solo acapara una parte de la historia musical del país, sino también la resistencia en ese periodo. “Sobre todo ese icono en el medio, que es Baldío, un disco único de una banda que tiene una serie de historias, en este caso la figura de Fernando Cabrera que luego haría una larga y exitosa carrera solista, pero también la personalidad fuerte e importancia de Andrés Bedo, Gustavo Etchenique, Andrés Recagno y Bernardo Aguerre que buscaron  hacer una banda”.   

Uruguay de los 70

En ese contexto, la banda aparece como un punto de cruce. Por un lado, se vivía un momento de canto popular y politizado. Por otro, una apertura hacia sonidos más híbridos, con influencias del rock, el jazz y otras músicas que empezaban a reingresar al país y como todo lo que le circundaba empezó influir en el disco. “Pero Cabrera pensó este disco, tanto para “las caderas como para el cerebro, que buscara mover el cuerpo, que fuera más a lo sensorial que a lo intelectual”. Resalta que fue un disco que se demoró alrededor de un año en grabarse y que experimentaron mucho en el estudio donde el mayor logro es que al día de hoy Fernando Cabrera sigue haciendo canciones de ese disco que tiene cuatro décadas.   

Integrantes de Baldío, de izq a dcha: Andrés Bedo, Gustavo Etchenique, Fernando Cabrera y Andrés Recagno

Pensado en un comienzo como un proyecto solista de Cabrera, fueron los otros músicos los que, en medio del entusiasmo de los ensayos, propusieron formar esa banda donde confluyeron distintas trayectorias y sensibilidades.

El resultado fue un disco que buscaba algo más que ser escuchado, quería ser sentido. “Todo esto me pareció un ejemplo digno de ser contado, como se manejó, y buscar el porqué detrás de cada una de las cosas. Me pareció una historia preciosa, un magnífico fracaso, como destaco al inicio del libro pero al terminarlo me di cuenta que para nada fue así”. 

Esa complejidad es, para Iglesias, una de las claves de su vigencia. Baldío no es un disco fácil de encasillar, pero tampoco envejece. Sus canciones funcionan como pequeños relatos, piezas que combinan elaboración musical con una narrativa que todavía interpela. Tal vez por eso, décadas después, nuevas generaciones lo descubren sin necesidad de mediaciones.

Un pilar en la construcción del libro

En el proceso, Iglesias destacó que sin la colaboración de los integrantes -Fernando Cabrera, Andrés Bedo, Andrés Recagno, Gustavo Etchenique y Bernardo Aguerre-  de Baldío hubiese sido imposible que el resultado saliera de la forma que él quería y es que los mejores relatos se construyen desde muchas voces. 

Sin el aporte directo de los músicos, el proyecto hubiera sido otro. Hay en esas conversaciones no solo datos, sino interpretaciones, recuerdos cruzados, formas distintas de entender lo que pasó. A eso se suman periodistas, viejos oyentes de la banda, otros músicos que dieron su opinión, archivos dispersos, recortes de época.

“Una de las mayores alegrías que tuve fue el compromiso de ellos. Además de la cercanía a través de reuniones presenciales y vía Whatsapp para poder intercambiar. También Bernardo Aguerre, quien recién falleció en 2022, que me envió una carta con todo su desempeño en la banda”. Destaca que fue una investigación no solo periodística, no solo de libros, sino también de personas que de forma muy generosa dieron su opinión y aportaron su grano de arena. 

Integrantes de Baldío junto a Luis Fernando Iglesias

Pero si hay una escena que condensa el espíritu del libro, ocurre fuera del estudio y lejos de los años ochenta. “Baldío como banda dejó de tocar en 1984 y ellos como amigos también hacía tiempo que no se encontraban” relata. Iglesias terminó de escribir el libro el domingo 30 de noviembre de 2025, y días antes se reunió con los integrantes para intercambiar ideas.

Sí, cuatro décadas después de la disolución de la banda, sus integrantes volvieron a reunirse. No para tocar, sino para compartir un asado en la casa del propio Iglesias. Ese encuentro, él lo atesora como “un cierre simbólico». No de la historia -que sigue abierta-, sino del proceso de contarla.

Escribir de música

El libro empieza con un epígrafe que dice “intentar escribir sobre música es como bailar sobre economía”. Al respecto Iglesias refiere que el mejor método para leer este libro es hacerlo con la reproducción del disco de fondo. Así se logra entender la esencia que él intenta transmitir -donde las palabras son pobres para traducir sentimientos- a través de las páginas de Baldío.  

Este libro pertenece a la Colección Discos, de Estuario Editora siendo el número 30 de los 31 ejemplares que se han dedicado a la conservación de la memoria histórico-musical del país. “Esta colección abarca todo los géneros, donde la memoria colectiva se mantiene a través de estos relatos” afirma Iglesias agradeciendo a su vez el trabajo de Gustavo Verdesio, director de Colección Discos, de Estuario Editora y de Martín Fernández, director de la editora. 

Baldío en el estudio

Iglesias resalta que el título del libro, -pese a ser la esencia del disco y la banda- no es casual. Un baldío es, por definición, un espacio disponible, un terreno donde puede aparecer cualquier cosa. En la infancia de Iglesias era un lugar para jugar, pero también un sitio cargado de incertidumbre.

Esa ambivalencia se traslada al disco, un territorio donde conviven sonidos, ideas, búsquedas que no responden a una lógica única. Un lugar que no estaba vacío, sino esperando ser mirado de nuevo.

Al final, lo que parecía un “magnífico fracaso” se revela como otra cosa. No un error ni una oportunidad perdida, sino una obra que simplemente necesitaba tiempo. Tiempo para ser comprendida, para ser escuchada sin el ruido de su contexto original. Y, sobre todo, para que alguien decidiera volver sobre ella y contar su historia.

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