Periodontitis: la enfermedad silenciosa que puede hacer perder los dientes

Durante décadas fue conocida popularmente como “piorrea”. Puede comenzar con un simple sangrado de encías y avanzar lentamente hasta comprometer los tejidos y el hueso que sostienen las piezas dentales.

Un pequeño sangrado al cepillarse los dientes puede parecer algo sin importancia. Sin embargo, cuando se repite, puede ser una de las primeras señales de que las encías necesitan atención. Detrás de ese síntoma aparentemente menor puede encontrarse una enfermedad que, si no es diagnosticada y tratada, tiene capacidad para avanzar hasta provocar la pérdida de dientes.

Se trata de la periodontitis, denominada popularmente durante muchos años “piorrea”. Es una enfermedad inflamatoria que afecta los tejidos que rodean y sostienen las piezas dentales. El problema suele comenzar con la acumulación de placa bacteriana alrededor de los dientes. Cuando no se elimina adecuadamente mediante el cepillado, la limpieza interdental y los controles profesionales, puede producir inflamación de las encías.

En esta primera etapa aparece la gingivitis. Las encías pueden verse enrojecidas, inflamarse o sangrar durante el cepillado. La buena noticia es que, atendida oportunamente, esta situación puede revertirse. El escenario cambia cuando la inflamación progresa hacia los tejidos profundos.

En la periodontitis pueden formarse espacios o “bolsas” entre los dientes y las encías. Allí se acumulan bacterias y resulta cada vez más difícil mantener una correcta higiene sin tratamiento profesional. Con el avance de la enfermedad se deterioran los tejidos que sostienen los dientes y puede producirse pérdida del hueso que los mantiene firmes. Entonces aparecen síntomas más evidentes: retracción de las encías, sensación de dientes más largos, mal aliento persistente, separación entre piezas, cambios en la mordida y, en situaciones avanzadas, movilidad dental. La ausencia de dolor intenso durante algunas etapas puede generar una falsa sensación de tranquilidad. Una persona puede convivir durante años con la enfermedad sin dimensionar el daño que se está produciendo.

Por eso los controles odontológicos periódicos adquieren tanta importancia. La higiene bucal deficiente constituye uno de los principales factores que favorecen la acumulación de placa, pero no es el único elemento involucrado.

El tabaquismo representa un factor de riesgo especialmente importante. También pueden influir la predisposición individual, determinados medicamentos, cambios hormonales y enfermedades como la diabetes, especialmente cuando no está adecuadamente controlada. La edad tampoco significa que perder dientes sea inevitable. La pérdida dentaria no debe aceptarse simplemente como una consecuencia natural del envejecimiento. Mantener una buena salud periodontal permite conservar las piezas dentales durante muchos años.

En la periodontitis pueden formarse espacios o “bolsas” entre los dientes y las encías.

Una vez diagnosticada la periodontitis, el objetivo fundamental es controlar la infección y detener o reducir su progresión.

En los casos que lo requieren, el odontólogo o periodoncista puede realizar una limpieza profunda mediante raspado y alisado radicular, destinada a eliminar depósitos bacterianos y cálculos acumulados por debajo de la línea de las encías.

Después será fundamental mantener un adecuado control de la placa en el hogar y realizar seguimientos profesionales. Los casos más avanzados pueden necesitar tratamientos adicionales e incluso procedimientos quirúrgicos periodontales. La estrategia depende de la gravedad, la pérdida de soporte de cada pieza y las características particulares del paciente. Un concepto resulta fundamental: la periodontitis puede tratarse y controlarse, pero parte del hueso y de los tejidos perdidos puede no recuperarse completamente. Esperar a que un diente se mueva para consultar significa llegar tarde a una enfermedad que probablemente comenzó mucho antes. La prevención comienza con hábitos sencillos: cepillarse correctamente, limpiar los espacios interdentales, realizar controles odontológicos periódicos y evitar el tabaco. También resulta importante abandonar una idea instalada durante generaciones: que las encías sangren al cepillarse no debería considerarse algo normal. El sangrado persistente merece una consulta. La vieja “piorrea” continúa existiendo, aunque hoy conozcamos mucho mejor sus mecanismos y dispongamos de herramientas más eficaces para diagnosticarla y tratarla.

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