Anafilaxia: Reacción alérgica con gran riesgo de muerte

Cuando se está en presencia de esta alergia súbita, se debe actuar con rapidez.

La alergia se refiere a una respuesta excesiva del sistema inmunológico a elementos que usualmente son inofensivos, como el polen, los ácaros del polvo, algunos alimentos o fármacos. Los signos de las alergias pueden oscilar entre leves, como picazón y estornudos, hasta severos, como problemas respiratorios e incluso anafilaxia; por eso hay que prestar mucha atención, porque una reacción alérgica podría ser mortal.

En cuanto a la anafilaxia, nos referimos a una reacción alérgica grave. Puede comenzar muy rápidamente, y los síntomas pueden ser potencialmente mortales. Las causas más comunes son reacciones a los alimentos (especialmente al maní o cacahuate), medicamentos y picaduras de insectos. Otras causas incluyen el ejercicio y la exposición al látex y, en muchas otras ocasiones, no se encuentra la causa.

Su incidencia global se estima entre 50 y 112 episodios por cada 100,000 personas al año, con variaciones según la región. En niños, la incidencia varía entre 1 y 761 por cada 100,000 personas al año. La prevalencia a lo largo de la vida se estima entre 0.3% y 5.1%. Esta reacción alérgica aguda y súbita compromete varios órganos al mismo tiempo: piel, aparato respiratorio, digestivo y sistema cardiovascular, de allí su gravedad.

El primer síntoma de la anafilaxia puede ser un picor generalizado, pero en pocos minutos la reacción progresa a dificultad para respirar, hinchazón de lengua, mareo o incluso pérdida de conocimiento. En estos casos, la actuación debe ser inmediata. Especialistas mencionan que es importante recordar que la anafilaxia puede variar en gravedad y que los síntomas pueden aparecer de forma repentina y progresar rápidamente. Ante cualquier sospecha de anafilaxia, se debe buscar atención médica de emergencia de inmediato.

Para diagnosticar la anafilaxia, solamente se dispone de la sospecha clínica; no existe ninguna prueba médica que la pueda confirmar o descartar en aquel momento. Se sospechará que un paciente presenta una anafilaxia cuando manifieste síntomas de una reacción alérgica que afecta a más de un sistema del organismo. Lo más frecuente es que el paciente presente picor cutáneo, enrojecimiento o urticaria, y síntomas respiratorios, digestivos o cardiovasculares, especialmente si se instauran de forma más o menos acelerada, después de haber contactado con un alérgeno conocido o no para ese paciente.

El tratamiento de un paciente con anafilaxia no es el mismo si se realiza en la calle, de forma ambulatoria, o en un hospital. Los recursos disponibles y la accesibilidad a un hospital condicionan la asistencia. En la calle debe solicitarse una ambulancia para el traslado del paciente a un servicio de urgencias.

Los pacientes que han sufrido un episodio de anafilaxia deben ser colocados en posición cómoda, tumbados, con las piernas elevadas para así aumentar el flujo sanguíneo al corazón. Esta posición no es aconsejable en caso de vómitos o dificultad respiratoria. Deben evitarse los cambios posturales, especialmente levantar al paciente o mantenerlo de pie.

Los pacientes que estén inconscientes, con respiración espontánea, deben ser colocados tumbados de lado. Las mujeres embarazadas deben colocarse del lado izquierdo para evitar la compresión de la vena cava por el útero gestante. Si el paciente está en un entorno médico, se administrará oxígeno y se medirá la presión arterial.

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