Cuando comunicar no alcanza

El video difundido por el presidente Yamandú Orsi el pasado jueves, en el que abordó la situación económica del país, generó una ola de comentarios y reacciones de todo tipo. Para analistas y dirigentes políticos, las explicaciones del mandatario continúan mostrando inconsistencias y falta de una línea clara de comunicación sobre el rumbo económico del gobierno.

El video difundido por el presidente Yamandú Orsi para explicar la situación económica del país terminó generando un efecto contrario al que, presumiblemente, buscaba el gobierno. En lugar de aportar certezas, dejó abiertas nuevas interrogantes. En vez de fortalecer la confianza, alimentó un debate que sigue creciendo y que pone en evidencia las dificultades del Poder Ejecutivo para transmitir un rumbo claro.

La comunicación política no puede limitarse a la exposición de conceptos generales o a la apelación de buenas intenciones. Gobernar también implica comunicar con precisión, coherencia y previsibilidad. Cuando los mensajes son ambiguos, las explicaciones cambian de un momento a otro o no responden a las preocupaciones concretas de la ciudadanía, el resultado inevitable es la incertidumbre.

La economía es, quizás, el área donde la confianza pesa tanto como las decisiones. Los hogares, las empresas, los trabajadores y los inversores toman decisiones todos los días en función de las señales que reciben del gobierno. Por esa razón, un mensaje presidencial debe ofrecer claridad sobre el diagnóstico, explicar las medidas adoptadas y transmitir una dirección definida.

El episodio del pasado jueves vuelve a mostrar una debilidad que ya se ha observado en otras oportunidades: la dificultad del gobierno para construir un relato consistente sobre la marcha de la economía. No se trata únicamente del contenido del mensaje, sino también de la forma en que se presenta y de la capacidad para sostener una línea argumental que resista el análisis público y político.

La ciudadanía tiene derecho a conocer cuál es el plan económico, cuáles son las prioridades de la administración y cómo piensa enfrentar los desafíos fiscales, productivos y sociales que atraviesa el país. Esa demanda no se satisface con intervenciones esporádicas ni con mensajes que dejan espacio para interpretaciones contradictorias.

La credibilidad es uno de los activos más importantes de cualquier gobierno. Se construye con hechos, pero también con una comunicación transparente, consistente y capaz de generar confianza. Cuando las explicaciones oficiales son percibidas como insuficientes o poco convincentes, el costo no es solamente político: también afecta el clima de expectativas y la confianza pública.

El desafío del gobierno ya no es únicamente administrar la economía. También debe administrar la confianza. Y para ello, la claridad, la coherencia y la firmeza en la comunicación dejan de ser una opción para convertirse en una necesidad.

Si deseas un editorial con un tono más duro, más político o más cercano al estilo de un diario de opinión, puedo adaptarlo.

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