Las redes sociales llegaron para quedarse, pero su correcto y debido uso queda entre las interrogantes de muchos en el día de hoy. En la era de internet, el bien y el mal tienen el mismo rostro, y para una persona adulta es difícil de percibir. ¿Qué pasará con los más pequeños?. No podemos negar que con la llegada de internet, y el acceso a la web encontramos un medio en el que tenemos acceso a grandes flujos de información. De esta forma complementar actividades educativas y establecer contacto con la familia y amigos.
Sin embargo tenemos que estar atentos a los tantos riesgos a los que se exponen los niños y adolescentes en estos espacios. Dentro d ellos podemos mencionar como los m’as graves, el ciberacoso, crímenes digitales, violencia en internet y tráfico de pornografía infantil. Todo esto trae consigo afecciones directas a nivel psicológico lo que termina en graves consecuencias en su desarrollo, salud mental e integridad personal.

Teniendo en cuenta la violencia, esta puede suceder cuando las personas se dirigen a niñas, niños y adolescentes con fines sexuales en redes sociales, videojuegos o plataformas de mensajería. Junto a ello, se puede acceder a contenido nocivo como situaciones sexuales, de violencia, misoginia, xenofobia o se les induce al suicidio. En el caso del ciberacoso se asocia a cuando personas extrañas o conocidas difunden rumores, burlas, amenazas o publican fotos vergonzosas o inapropiadas de alguien en las redes sociales. También se presentan situaciones de riesgo cuando comparten información personal, fotografías o videos de ellos o de sus familias.
Es aquí cuando los controles parentales y filtros de búsqueda segura en el dispositivo juegan un rol fundamental. Estos son mecanismos de seguridad para redes sociales y videojuegos, que configura las opciones de privacidad más estrictas. Es importante establecer acuerdos con los hijos para establecer unas normas sobre cuándo y dónde pueden utilizar los dispositivos. Esto incluye fomentar que su uso sea por periodos reducidos. Así como hacer conciencia del riesgo al que se exponen mediante el uso de redes sociales. La educación en la red es primordial.
Otro factor de suma importancia es el impacto de las redes en el sector educativo. Expertos en la materia han manifestado que las redes sociales en jóvenes afecta el aprendizaje en las aulas. Así como aumentan los costes para los sistemas escolares y contribuyen a la crisis de salud mental en este grupo de edad. Hoy los centros escolares están lidiando con el impacto perjudicial de la tecnología en las aulas y la salud mental de los jóvenes.

Investigaciones han demostrado que el uso excesivo de las redes sociales durante el tiempo escolar distrae a los estudiantes, reduce su capacidad de concentración y perjudica su rendimiento académico. Por otro lado se evidencia que el uso prolongado de redes sociales más el contenido que pueden llegar a consumir genera un impacto en la salud mental. Esto incluye un aumento en la depresión, la ansiedad y las ideas suicidas entre los estudiantes. Esto se le atribuye directamente al entorno no regulado de las redes sociales y la presión social que ejercen. Junto a esto, existe un incremento en las conductas de riesgo y violencia. Como la incrementación de la intimidación y el acoso dentro o fuera de las redes como daño colateral. Por lo que se necesita que las empresas de redes sociales tomen medidas para garantizar la seguridad de los menores en sus plataformas.
Ahora bien, ¿Qué edad es la correcta para usar las redes sociales?. Al respecto, la UNICEF manifiesta un compromiso con la seguridad infantil en internet. Las prohibiciones en las redes sociales conllevan sus propios riesgos y en ocasiones pueden ser contraproducentes. Siempre existirán métodos de conexión por más que se quiera regular. Muchos niños y jóvenes seguirán accediendo a las redes sociales, ya sea mediante soluciones alternativas, dispositivos compartidos o recurriendo a plataformas menos reguladas, lo cual dificulta su protección.
En este sentido, las restricciones etarias deberían integrarse en una estrategia integral orientada a proteger a la infancia frente a cualquier tipo de daño, garantizar su derecho a la privacidad y la participación, y evitar que terminen en entornos digitales sin supervisión. La normativa no debe reemplazar la responsabilidad de las plataformas de invertir en la protección infantil. Establecer límites de edad por ley no exime a las empresas de mejorar el diseño de sus servicios ni de reforzar la moderación de contenidos.

Actualmente, muchas plataformas y sitios web ya aplican mecanismos de verificación de edad para cumplir con normativas vigentes. En aquellos casos donde no hay una edad mínima definida legalmente (como ocurre con los requisitos para crear una cuenta), lo habitual es recurrir a la autodeclaración. No obstante, estos sistemas tienen fallas, ya que los menores pueden fácilmente declarar una edad que no les corresponde. Las leyes sobre verificación de edad buscan precisamente cerrar esas brechas. Pero dejan a las empresas tecnológicas ante el desafío de controlar el acceso de niños a contenidos inapropiados.
Frente a esta situación, muchas plataformas han adoptado distintas estrategias para ofrecer entornos más seguros. Algunas aplican controles de edad solo cuando hay sospechas de que la cuenta pertenece a un menor. Otras incorporan funcionalidades diferenciadas según la edad del usuario o desarrollan herramientas de control parental. Para identificar a quienes no declaran su edad real, varias redes sociales han comenzado a implementar medidas de detección. TikTok analiza los videos de los perfiles para estimar la edad de sus titulares. Meta, emplea inteligencia artificial que, a partir de la actividad en la cuenta y las cuentas vinculadas, puede identificar posibles infracciones. Así como reportar cuentas que presuntamente pertenezcan a menores de edad.

